Tsunami Coronavirus: las sirenas suenan y nosotros corremos a las playas
Viernes, 27 de marzo de 2020Por Myriam Ruiz
Por: Myriam Ruiz - En Twitter: @myriruizbarrio

"No serán misiles, serán microbios". - Bill Gates - 

Miro las noticias y no puedo creer el embotellamiento de vehículos en los accesos a las grandes urbes, entre las que se cuenta el Gran Mendoza. Gente munida de un papelito que dice ir a cuidar a un mayor, personas que día tras día salen de sus casas para realizar pequeñas compras y de ese modo demorar el paseo. ¿Es que no han visto las noticias del otro lado del mundo? Mi incredulidad no me deja hallar respuestas.

Mientras líderes de países capitalistas califican a la Pandemia como una crisis económica mundial o una "guerra" que hay que ganar, la realidad se parece mucho más a lo que científicos de todo el mundo están alertando: estamos ante una "catástrofe natural" que tiene como epicentro a la Tierra toda, y que se mueve contagiando países a la velocidad de un tsunami. Eso no es todo; lo peor es que el principal vector de contagio es el humano.

Imaginemos por un momento una catástrofe natural de la magnitud de lo que estamos hablando. Un tsunami que viene arrasando el planeta y que, de no detenerlo, podría exterminar a una parte de la humanidad. Lo estamos viendo en tiempo real, sus olas no miden 40 metros de altura pero es como si lo fueran: van dejando hospitales desbordados, ciudades devastadas, apellidos completos borrados del mapa como si la Naturaleza tuviese un gran lápiz corrector.

¿Y qué hace la gente, de este lado del mundo, mientras ve al Coronavirus convertirse en ese tsunami que va creciendo a medida que arrasa países? Rompe reglas. Si nos piden que nos quedemos en casa porque el aislamiento es la única vacuna conocida que nos permitirá luchar contra la enfermedad, pues salimos a la calle con mil y un pretextos. Estamos corriendo a la playa, mientras las sirenas indican que la primera ola ya llegó.

Argentina aún está a tiempo

Veamos ahora el punto en que está Argentina. Nuestro país, como lo dijo el presidente Alberto Fernández, tuvo la "suerte" de que este virus naciera del otro lado del mundo. Con ello, somos testigos de la devastación que va dejando a medida que avanza sobre la Unión Europea y Estados Unidos, mientras se nos ha regalado tiempo valioso que nos permite resguardarnos mientras se busca una vacuna salvadora.

Rápido en la toma de decisiones, dejándose aconsejar por epidemiólogos y científicos, Alberto Fernández dictó medidas de urgencia y protegió al país con una cuarentena sin precedentes, con cierre de fronteras incluído, como única forma de detener el desastre.

Y en medio de todo esto, vuelven las palabras de un Bill Gates -de hace 5 años atrás- cuando dio una charla TED: "Cuando era niño, el desastre que más nos preocupaba era una guerra nuclear. Por eso teníamos un barril en nuestro sótano lleno de latas de comida y agua. Cuando se produjera el ataque nuclear, se suponía que debíamos bajar las escaleras, agacharnos y alimentarnos del barril. Hoy el mayor riesgo de catástrofe global no se ve así, si algo mata a más de 10 millones de personas en las próximas décadas, lo más probable es que sea un virus altamente infeccioso en lugar de una guerra. No serán misiles, serán microbios".

La predicción de Bill Gates, creador de Windows, tuvo lugar en el 2015. Este gurú de la tecnología dijo algo sobre lo que muchos alertaban: no nos enfrentaremos a una guerra sino a una catástrofe mundial. "La próxima vez, puede que no tengamos tanta suerte, puede ser un virus en el que las personas se sienten lo suficientemente bien mientras están infectadas como para subirse a un avión o ir a un mercado. De hecho, veamos un modelo de un virus que se propagó por el aire, como la gripe española en 1918", comentó Gates ante su auditorio. Increíble, ¿no?.

La literatura de catástrofes naturales y cómo sobrevivir a ellas es copiosa, sin embargo aún nos queda esperar el impacto del contagio en nuestra región. Y para ello, nadie nos ha preparado.

Hay miedo en los abuelos y abuelas confinados en sus casas, lejos de la familia. Hay temor en los equipos de médicos, enfermeros y todo el aparato sanitario de la Argentina a ver replicado aquí lo que está pasando en Italia. En ese país, las muertes diarias sobrepasan las 700 y ya no hay hospitales, geriátricos, cementerios ni mausoleos que resistan ante el embate de la peste.

¿Se siente alarmista nuestra postura? De no detener la curva del brote a tiempo la realidad va a ser mil veces peor. El coronavirus no sólo viaja por el mundo a la velocidad de los aviones y del turismo, sino que se va fortaleciendo y encontrando formas de resistir a medida que llega a nuevos países.

Insisto. Nos han mostrado el "tsunami de la muerte" y sabemos que su velocidad de desplazamiento cubrirá el planeta completo en semanas. No hay vacunas para hacerle frente, ni toda la plata del mundo basta: ricos y pobres estamos en el mismo bote. Y mientras las sirenas suenan avisándonos de la proximidad de las olas destructoras, mientras se nos pide que corramos a los refugios y no salgamos de allí como única forma de enfrentarlo, nosotros nos vamos de paseo a la playa. La primer ola ya está aquí.

Tamaño del texto
Comentarios
Tu comentario