por la cuarentena
La falta de cosechadores ralentiza la cosecha y estiman pérdidas de hasta 25%
Jueves, 26 de marzo de 2020

En plena vendimia, la disponibilidad y condiciones de trabajo de los cosechadores vuelve a convertirse en un tema que pueda incidir en el resultado final. Es que tras la denuncia de Soeva (Sindicato de Obreros y Empleados Vitivinícolas) por supuesto incumplimiento de protocolos sanitarios de prevención del coronavirus (Covid-19) por parte de algunas bodegas, se corre el velo que muestra una menor presencia de trabajadores a raíz de la cuarentena lo que, sumado a las heladas y el calor, puede redondear pérdidas por encima del 25% según estimaciones de la industria.

"La situación está bastante encaminada. El sindicato expresó su voluntad de que la cosecha siga normalmente, trabajamos en conjunto para que así sea. Nos comprometimos a seguir de cerca con las empresas para que sigan aplicando (los protocolos) tanto en finca como en bodegas, y que nos digan cuales son las que no cumplen para que nosotros podamos accionar" aseguró Walter Pavón, coordinador de Bodegas de Argentina y habitual nexo en las negociaciones con Soeva.

Parte de los protocolos aplicados en la industria prevé que sólo puede ingresar un trabajador por hilera, siempre dotado de guantes y con la misma tijera, además contar con alcohol en gel para desinfectarse. Condición que desde BA no niegan que "demora la cosecha, pero es lo que hay".

Para Eduardo Córdoba, presidente de la Asociación de Viñateros de Mendoza, el factor Covid-19 condicionó la temporada. Aunque no sólo por el nivel de adhesión a las normas sanitarias, sino también por la imposibilidad de desplazarse en el territorio nacional, endurecida por la cuarentena.

"No vamos con el ritmo normal que debería haber. Aunque hay cuadrillas, este año no han venido los cosechadores del norte del país, tanto tucumanos como jujeños, por temor a no poder volver; los que están apenas se arreglan para enviar dinero a sus familias. Hay más demanda que oferta, y en la medida que pasen los días habrá mermas por deshidratación de los racimos, lo que puede resultarle bien al enólogo pero es un problema para el productor ". 

Con tres enólogos menos por distintas razones que los pone en riesgo, en bodega La Rural/Rutini Wines garantizan la ejecución de las normas sanitarias de forma estricta, mientras priorizan seguir con la vendimia a pesar de todo. Incluso a costa de recortar personal para dedicarlos a tareas de desinfección constante: la firma cuenta con un plantel que ronda los 90 trabajadores, de los cuales destina 10 para ese fin .

Mariano Di Paola, responsable de producción y enológico reconoce que más allá de la alternativa de la cosecha mecánica "al que pueda llegar por sus propios medios le pagamos el combustible, incluso duplicamos el número de combis para traslados, que deben desinfectarse al entrar o al salir con productos que hay que manipular muy bien en la bodega. Está vedado el ingreso tanto para mi como para el dueño de la bodega. Somos estrictos para darles las garantías necesarias a la gente". 

Pavón, en tanto, "hay algunos problemas puntuales al no permitirse el desplazamiento cuando no pueden justificarlo correctamente. Pero sin duda está costando conseguir mano de obra suficiente".

Coronavirus y algo más: cuánta uva puede perderse

La temporada trae un combo complicado: al tire y afloje habitual por precios (o fichas) que hace que normalmente quien trabaja en la recolección prefiera la uva que más le rinde por tacho (por ejemplo, las variedades mosteras "matan" a las varietales B como Tempranillo o Bonarda). Algunos lo explican con cifras simples de rendimiento: pueden llegar a 110 tachos, casi el doble.

A tal punto llegó la situación, que en medio de la cosecha "gruesa", la de la uva cereza o criolla, independientemente de la situación de muchas bodegas entre los dueños de algunas fincas circulan mensajes de whatsapp. "Si alguien conoce gente para la cosecha, por favor necesito un contacto urgente", es, palabras más, palabras menos, el pedido más común por estos días ante la preocupación porque el calor acelera más la madurez.  

Fernando Yoma, que tiene 2 fincas en Tres Porteñas que suman 39 hectáreas, y otra en Lavalle, de 15, donde produce Pedro Ximenez, Syrah, Bonarda, y en menor medida Malbec, lo cuenta en primera persona. "El año arrancó malo en cantidad de gente, y el tema de la pandemiao lo acentuó más. Antes contaba con 50 cosechadores; para hoy había arreglado con 20 y vinieron 9 a pesar de que estoy ofreciendo pagar 30% más. Llevo dos semanas perdiendo kilos todos los días".

Mientras busca cómo terminar de recolectar "con gente que no sea de la zona" a duras penas unos 1.000 quintales que le quedan entre Bonarda y Malbec, saca cuentas de su día a día y estima que al final de la cosecha habrá perdido hasta un 25% de la uva disponible. "Si bien en tintas la merma rondó el 10%, y con Pedro Ximénez, que aporta el mayor volúmen, perdí más por las heladas, y lo que falta será por deshidratación".

Por su parte, Di Paola marca diferencias: entre un 20 y 25% en variedades blancas, y un mayor grado de dispersión entre las tintas. Merlot ya está entre las más afectadas, seguida por Cabernet (-20%) y Malbec (10/15%).

En definitiva, el 2020 es un año en el que la mano de obra es un tema más sensible que nunca. Además, según Pavón, de BA, "en este contexto un problema es el pago en efectivo: hay dos alternativas, una de los bancos. Y la otra es sacar fondos a través de las empresas tercerizadoras".

Tal vez por eso, con un rosario de obstáculos encima, Yoma ya tomó la decisión. "El año que viene voy a probar con cosecha asistida, una alternativa intermedia entre la manual y la mecánica, que con carros hidráulicos necesita no más de 8 a 10 personas por día solamente. Tal vez sea la solución. Veremos." 




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