Columna de opinión: "El condicionamiento infinito"
Domingo, 2 de febrero de 2020
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

El paso de los días no solo da algunas señales de lo que vendrá sino que además (como se preveía) añade complejidades a una situación que según los miembros del gobierno es aún peor de la que esperaban.

Una de las sorpresas que se llevaron los hombres y mujeres del equipo de Alberto Fernández no es el tamaño de la deuda, la parálisis de la economía, la profundidad de los números de la pobreza, la destrucción de la industria y el empleo o la desaparición del consumo de cosas básicas como la leche. Todo eso sabían que lo iban a encontrar, pero no imaginaban la magnitud de la desorganización y el abandono de casi todas las áreas del Estado. "Los reyes del Excel no tenían ni la libretita del almacén" graficó un mendocino que recorre los despachos oficiales.

La aparición de miles de bolsas de colostomía abandonadas en un depósito refrigerado del Correo, las 100 mil netbooks en otro, el sonado caso de las vacunas y hasta los 10 mil dólares olvidados en un cajón, son solo ejemplos de lo que se multiplica en cada área del Estado.

Las designaciones en los cientos de cargos que hay que ocupar no sólo de demoran portugués problemita de la política que siempre mete la cola, el principal inconveniente es un problema mayúsculo con los servidores de las firmas digitales que fueron tercerizados al exterior donde también se acumulan deudas y problemas tecnológicos.

Sin embargo, toda esta acumulación de inconvenientes no es excusa para lo que debe hacer el Gobierno, gobernar.

Las primeras semanas de enero no han dejado respiro, la centralidad de la deuda y el intento de poner, aunque sea mínimamente, en marcha la economía son las prioridades.

La renegociación de la deuda ya le venimos comentando aquí se viene llevando con sigilo con ayuda de figuras internacionales, camino que por estas horas profundiza el presidente con su gira europea.

En el frente interno estas semanas se deberían empezar a ver en la calle los incentivos del Plan Alimentar, los aumentos a cuenta de paritarias y el oxígeno a PYMES y Monotributistas que por fin reglamento la AFIP.

Todo parece poco ante la avalancha de números negativos de la economía que se siguen conociendo de los últimos meses de la gestión anterior. Quizás en los próximos meses se pueda ver algún valor positivo, pero solo serán espejismos en el desierto, un verdadero cambio de tendencia requerirá muchos más que un par de rebotes después de cuatro años de pésimo desempeño.

La puesta en marcha del aparato productivo requiere de más decisiones y variables que poner un poco más de plata en la calle. El anuncio de un banco cooperativo que esta semana comenzará con una línea de créditos para producción e inversión a tasa del 30 por ciento y la decisión del Banco Nación junto con la Nación y la Provincia de las líneas de cosecha y acarreo a una tasa de 20 puntos no son la gloria, pero marcan una baja significativa de los 70 u 80 puntos que se manejaban sobre mediados del año pasado.

Las variables internas tienen relevancia, pero imposible de aislar de un mundo globalizado que la Argentina necesita y mucho para poder producir los dólares que necesita.

Cómo afectará a la economía global la crisis sanitaria china o la definitiva salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ( dejemos aquí el asterisco que Inglaterra es el segundo mercado en importancia para la exportación vitivinícola) son interrogantes que aún no tienen respuesta que deberán seguirse de cerca y que suman variables a un pregunta que se hizo inteligentemente hay una semana en una artículo con su firma el economista Claudio Scaletta, Qué grado de libertad tiene el equipo de Alberto Fernández para tomar sus propias decisiones de la economía

El economista plantea que ese es un concepto clave y afirma que "La herencia macrista no fue sólo la profunda recesión, con destrucción de activos, sino algo mucho peor, el megaendeudamiento y su contrapartida de salida de capitales".

Para Scaletta "El volumen de los pasivos públicos en divisas y la necesidad inevitable de refinanciarlos constituye la principal restricción a los grados de libertad de la política económica. Supóngase que el Ministerio de Economía no creyese en el fiscalismo que declama, que se tratase sólo de un posicionamiento discursivo para satisfacer las demandas del FMI cuya voluntad podría ser clave en una renegociación no traumática de la deuda. En consecuencia, podría decidir políticas monetarias y fiscales expansivas hasta los niveles realmente necesarios para salir de la recesión. Pero entonces, el problema sería que el crecimiento resultante pondría en marcha primero la puja distributiva por el nivel de los precios básicos de la economía y, en paralelo, también provocaría que las importaciones crezcan más rápido que las exportaciones y la economía se quede sin dólares. El resultado sería un párate de la actividad en un nuevo contexto de inestabilidad macroeconómica".

Scaletta concluye que, como ya lo expresamos alguna vez en esta columna, "todo el programa económico se encuentra inevitablemente supeditado a la renegociación de la megadeuda macrista, es decir a los dólares disponibles en el corto plazo", lo que afirmamos repetidamente la necesidad de producir el bien más escaso de la economía argentina; el dólar.

El economista agrega, acertadamente y con audacia, que "Para el ínterin, sin embargo, existen alternativas. Así como en determinado momento los gobiernos kirchneristas se dieron cuenta de la necesidad de recuperar los fondos previsionales o el control estratégico del sector hidrocarburífero, hoy ayudaría recuperar el control de todos los precios básicos de la economía, en particular los precios de las tarifas y combustibles, un proceso inseparable de la recuperación de la propiedad estatal de todas las empresas proveedoras de servicios públicos.

En otras palabras, revertir los cambios estructurales promovidos por el Consenso de Washington y consolidados a partir de los años 90. De nuevo, si el objetivo es desarrollar la economía, controlar los precios básicos, potencia los grados de libertad o autonomía de la política económica"

Es una propuesta audaz y parece alocada pero tranquilamente el presidente de la Nación en estos días de diálogo permanente con los principales líderes europeos podría traer más de una dato y conclusión de como los estados que está visitando o son titulares totales o tienen una altísima participación accionaria en todas las empresas de servicios públicos que como cualquiera que quiera discutir estos temas con seriedad sabe que son fundamentales a la hora de trazar políticas económicas de una Nación. 

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