Con chips propios, China quiere ser autosuficiente y dominar el mercado mundial

Por Sección Cultura

En un campus universitario en las afueras de Hong Kong, un grupo de ingenieros está diseñando chips de computadoras que se utilizarían en la próxima generación de teléfonos inteligentes hechos en China .

Desde una silla en una cafetería de la Universidad de Stanford, donde es profesor, Patrick Yue, quien es también el ingeniero jefe del proyecto, habla de los desafíos que enfrenta China para desarrollar una industria global de chips para computadoras.

Su equipo de investigación diseña chips de comunicación óptica, los cuales usan luz en vez de señales eléctricas para transferir información, y se utilizan en teléfonos móviles 5G y otros dispositivos conectados a Internet.

"Creo que en el diseño se encontrarán tantas dificultades como en la manufactura. No tenemos (en China) suficientes institutos de investigación ni bases industriales para educar a los diseñadores", dice.

El departamento de Yue está parcialmente financiado por Huawei, el gigante chino de comunicaciones y telecomunicaciones que se encuentra actualmente en el centro de una crisis política internacional.

En mayo, Estados Unidos incluyó a Huawei en una lista de empresas con las que sus pares estadounidenses no pueden hacer negocios por "razones de seguridad", a menos que cuenten con una licencia.

Muchos observadores de la industria temen que la guerra comercial entre Estados Unidos y China deteriore el comercio global de suministro de tecnologías.

China solo produce el 16% de sus semiconductores

China depende de empresas extranjeras para abastecerse de chips y semiconductores de computadoras, estos pequeños dispositivos que son utilizados en todo, desde productos electrónicos hasta hardware militares.

"Políticamente todo se puede usar como poder de negociación", explica Yue.

"Si las empresas y los países comienzan a retener tecnología, todo el mundo se verá perjudicado. No es bueno desde un punto de vista tecnológico".

China no ha ocultado su deseo en convertirse en una nación autosuficiente tecnológicamente. Pekín es a la vez el mayor importador y consumidor mundial de semiconductores.

Pero actualmente solo produce un 16% de estos aparatos que tanto contribuyen con su auge tecnológico.

No obstante, el gigante asiático cuenta con planes para producir el 40% de todos los semiconductores que usará en 2020, y el 70% que necesitará en 2025, un proyecto ambicioso estimulado por la guerra comercial que actualmente libra con EE.UU.

En mayo de 2018, el presidente de China Xi Jinping mantuvo una reunión con los principales científicos e ingenieros del país, solicitando a especialistas para que trabajaran en la autosuficiencia de la producción de tecnologías fundamentales.

La asamblea tuvo lugar un mes después de que el gobierno de EE.UU. les prohibiera a empresas estadounidenses vender componentes a ZTE, el segundo mayor fabricante de equipos de redes de telecomunicaciones en China.

La prohibición puso en evidencia que el auge tecnológico de la nación dependía de la tecnología extranjera.

En su último intento para distanciar el sector tecnológico chino -y su dependencia- del estadounidense, el gobierno de Xi Jinping creó en octubre de este año un fondo de US$29 mil millones para apoyar a la industria de semiconductores.

"No hay duda de que China cuenta con ingenieros para fabricar chips. La cuestión es si esos chips pueden ser competitivos (en el mercado)", cuestiona Piero Scaruffi, un historiador e investigador de inteligencia artificial de Silicon Valley.

"Ciertamente, Huawei puede desarrollar sus propios chips y sistemas operativos, y el gobierno puede asegurarse de que tengan éxito en China. Pero Huawei y otros fabricantes de teléfonos chinos también tienen éxito en los mercados extranjeros, y eso nos lleva a realizarnos una pregunta totalmente diferente: ¿serán los chips y los sistemas operativos de Huawei tan competitivos como los de Qualcomm y Android?".

"Lo más probable es que no. En el mejor de los casos, pasarán años antes de que lo sean", asegura Scaruffi.

Una empresa con 10 años de retraso

El historiador estima que China podría tener hasta 10 años de retraso con respecto a los principales productores de chips de computadoras de alta gama.

La mayoría de los chips fabricados para productos electrónicos de alta gama son fabricados por empresas especializadas en fundición como la Taiwanese Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que produce más del 70% de chips diseñados por compañías externas.

Pero procurarse la mejor maquinaria necesaria para hacer chips de alta gama es difícil.

"Podemos comenzar con el equipo: es uno de muy alta precisión. Se necesita plasmar características muy finas. El equipo necesario para obtener este tipo de tecnología está controlado por unas pocas empresas en el mundo", indica Yue.

Él cree que la tecnología china está tres o cuatro generaciones atrás de compañías como TSMC y además considera que China carece de la experiencia de la industria para fabricar chips de alta gama.

Sin embargo, el ingeniero sostiene que empresas como Huawei ya son competitivas a la hora de diseñar chips.

El objetivo de Huawei: satisfacer las necesidades del consumidor

Yue argumenta que Huawei está tratando de copiar el exitoso modelo comercial de empresas como Samsung, que produce sus propios chips de computadoras, en vez de tratar de alinearse con China y sus ambiciones industriales.

"Casi puedes verlos como una compañía integrada con la experiencia de Apple o Qualcomm", dice Yue.

Li Changzhu es un empleado de Huawei de toda la vida y es además el encargado del negocio de dispositivos. Se unió a la empresa hace 23 años como un recién graduado y la ha visto crecer en su transformación como una gigante tecnológica internacional.

Para él, el objetivo de compañías como Huawei es simplemente satisfacer las necesidades del consumidor.

"Estamos abiertos a usar chips de otros proveedores. Todos los años compramos muchos de Qualcomm. Estamos abiertos a eso. Utilizamos los mejores chips para satisfacer a nuestros clientes", dice sentado una conferencia tecnológica en Macao, una ciudad semiautónoma en el sur de China.

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