Opinión
La espera se carga de tensión
Domingo, 10 de noviembre de 2019
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 Los tiempos para la asunción del nuevo gobierno se acortan, sin embargo aún falta 30 largos días dónde las presiones sobre el presidente electo se acumulan en busca de definiciones concretas sobre qué hará el 10 de diciembre después de su discurso ante la Asamblea Legislativa.

Es ilógico pedirle a un presidente que 30 días antes de asunción diga con pelos y señales que va a hacer en medio de una fortísima pelea de intereses entre los sectores del poder que estos cuatro años fueron netamente favorecidos y los mayoritarios de la sociedad que sufrieron una depreciación de sus ingresos poco comparable con otros procesos históricos a una velocidad supersónica.

El país que recibirá el gobierno de Alberto Fernández es bastante distinto al imaginario del power point que presentó Marcos Peña en la reunión de gabinete ampliado en el Centro Cultural Néstor Kirchner.

La dura realidad marca una economía en fuerte recesión, que lleva casi dos años consecutivos mes a mes, un retroceso en los ingresos de la población que disparó la pobreza a un número cercano al 40 por ciento, una inflación descontrolada y promovida por el propio Ejecutivo, un dólar estancado artificialmente con un cepo y un plazo de liquidación de exportaciones inéditos, una deuda impagable en los plazos que el gobierno actual acordó y un fuerte desequilibrio del sector externo tapado por la ficción de no autorizar pagos de importaciones y cientos de matufias por el estilo que hacen recordar tiempos pasados. A la foto hay que sumar miles de empresas cerradas, puestos de trabajo destruidos, también por miles y economías regionales en quiebra casi generalizada. Como si fuera poco hay que agregar tarifas dolarizadas, reservas escasas, y un panorama internacional en Latinoamérica que se complica segundo a segundo de manera impensada solo 20 días atrás.

En ese contexto quién, en su sano juicio, puede pedirle a Alberto Fernández que muestre las cartas antes que salgan del sabot.

La avalancha de números negativos no se detiene y es asombrosa la inacción del gobierno saliente que como el tero grita una en un lado, pero pone los huevos en otro. En el equipo de Alberto Fernández aseguran que la transición no empezó oficialmente porque cuando piden datos e información desde el Ejecutivo los mandan a las páginas web de los ministerios.

La crisis en la industria y el mundo laboral no se nota solo en la caída del consumo o los puestos de trabajo, según los datos oficiales de en lo que va de 2019 cayó en un 2,2 por ciento la cantidad de empleadores privados, y ni hablar que desde 2015 se perdieron casi 20 mil empleadores privados según los registros de la AFIP y según CAME las ventas de PYMES están en su valor más bajo en una década y comparando los primeros 10 meses de este año contra los de 2015 se perdió más del 23 por ciento en ventas.

Los desafíos de Fernández y quienes designe en sus equipos será mayúsculo, no hay prácticamente área de gobierno dónde la degradación económica, institucional y política no haya hecho mella.

Desde las mudadas oficinas de la calle México a Puerto Madero, se dice que lo social, lo económico y la justicia serán las primeras áreas en atacar. Lo social y lo económico es fácil de entender, pero por qué lo judicial está puesto entre las prioridades. Se dice que Fernández quiere que sus reflexiones durante la campaña sobre la situación de la Justicia argentina encuentren correlato en su gestión.

Nada lo enquistaría más con el reino de Comodoro Py que los jueces tomen el camino que suelen tomar de congraciarse con el poder de turno persiguiendo al anterior. Causas no van a faltar contra los actuales gobernantes, en las oficinas de Fernández sueñan con que los acusados tengan de la Justicia un tratamiento justo. Algo que parece una verdad Perogrullo, pero poco practicada en los últimos cuatro años.

Mientras los equipos se van armando sigilosamente con las filtraciones y las operaciones a la orden del día en Buenos Aires el presidente electo fue anfitrión de la segunda reunión del Grupo de Puebla.

En un contexto latinoamericano revuelto, donde vuelven discusiones que, sobre ejes continentales de poder, el encuentro porteño no es un dato menor a apenas horas de la salida de Lula de la cárcel y en medio del ataque sistemático de Jair Bolsonaro al presidente electo.

De cómo queden conformados los bloques regionales, una vez que pasen los temblores que por estos días conmueven a diferentes países, dependerá también gran parte de como pueda encarar el próximo gobierno sus relaciones con el mundo tan necesario hoy para la recomposición económica de la Argentina.

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