Lo sustancial del debate
Martes, 15 de octubre de 2019
Por: Cristian Pérez Barceló

Si hay algo que no esperaba Mauricio Macri en el debate del domingo, fue que su contrincante le diera un piñón en el primer round, tratándolo de mentiroso. Eso lo desacomodó para el resto de la velada. "Hace cuatro años, hubo un debate; en ese debate alguien mintió mucho; el que mintió es el que presidente que hoy quiere volver a ser presidente".

La frase de Alberto Fernández era más un misil contra Macri que un reconocimiento al asistente de lujo que se sentó en la primera fila este domingo, también recordando cómo el dirigente de Cambiemos hace 4 años, en otro debate presidencial, le enrostró decenas de promesas que nunca cumplió, como la pobreza cero,el armado del mejor equipo de los últimos 50 años, pasando por el progreso, la convocatoria al Conicet, la no devaluación y el no ajuste.

Al traer a la consideración pública el recuerdo de aquellas mentiras, Fernández no le dio margen a Macri de volver a hacer promesas porque iban a caer irremediablemente en el vacío del descrédito.

Como mucho, le dejaba un mínimo margen para pedir perdón o, al menos, para explicar qué le pasó, por qué no las pudo cumplir.

El presidente, sin embargo, sólo atinó a decir "pensé que iba a ser más imple ordenar esta economía".

Envalentonado, el candidato del Frente de Todos, lo dejó muy claro: "Un lugar donde el gobierno de Macri fracasó rotundamente es en la economía, nunca entendió cómo funciona esto".

Tratando de levantarse de la lona, el actual jefe de Estado quiso congraciarse con la clase media, a la que le reconoció que hizo el mayor esfuerzo porque "llegar a fin de mes fue angustiante y agobiante", y lanzó una de sus pocas promesas de la noche, pero siempre olvidando el cómo: "quiero decirles que el esfuerzo no fue en vano, que por más que uno lo sienta en el bolsillo, estamos mejor, estamos en un punto d epartida para empezar a crecer".

Y ahí hasta el mesurado Rodolfo Lavagna, sin mucha vaselina, inmutable y con pausa típica de un profesor que convida a transcribir textualmente su clase, le espetó: "creo que no es la hora de frases marquetineras, la lluvia de inversiones, que estamos listos para crecer. Esta administración, sobre 4 años, termina con 3 con caída del PBI; la consecuencia es el aumento de la pobreza, la indigencia..."

A eso, tampoco pudo reaccionar Macri.

Para empeorar el escenario, Macri quiso argumentar que fracasó porque tuvo un herencia ya no del gobierno que le precedió sino de "80 años de obsesión con el dólar y de inflación, 77 años de déficit del estado, pobreza promedio de los últimos 36 años", como para ver si podían entender su gobierno como la cúspide del fracaso de todos los demás, y dijo lo que fue aceptado como un bocatto di cardinale por el resto de los contendientes: "no podemos seguir, tenemos que cambiar".

Fernández, ante semejante oportunidad, le explicó que Macri " creyó que para combatir la inflación, lo que tenía que hacer era atacar el consumo; entonces, ¿qué hizo?: le impidió a los bancos dar crédito, y les sacó a los que viven del salario, dinero de sus bolsillos".

Recordándole que "Argentina es un país que consume el 70% de lo que produce", le cuestionó que afectara el consumo porque de esa forma "afectó la producción; y cuando se afecta la producción, se afecta el empleo; y cuando se afecta el empleo, genera pobres".

Ahí no más, Lavagna siguió a su turno como si compartieran cátedra con Fernández: "Ha llegado el momento de poner en marcha la economía, hay que defender el consumo defendiendo el ingreso de la población, hay que bajar el impuesto a Pymes y reconstituir su capital de trabajo".

Nuevamente, las líneas de Fernández siguieron el mismo sentido: "Lo primero que tenemos que hacer es volver a generar consumo para que la economía vuelva a funcionar; lo segundo es ayudar que las exportaciones crezcan , porque necesitamos dólares para pagar la deuda, señor presidente".

Convidado a llevar la disputa al terreno del endeudamiento, Macri volvió al argumento de las herencias y sucesiones: "En el gobierno kirchnerista la deuda creció al 38% del Producto Bruto Interno".

Lejos de desentenderse, Fernández atajó el golpe admitiendo la crifra, pero le devolvió un gancho al hígado: "Cuando llegó al gobierno, la deuda externa era del 38% del PBI, pero hoy es del 100%".

En el asunto de las relaciones internacionales, Macri podía imaginar un escenario más cómodo, y se movió con lo que él llamó poner a la Argentina de vuelta en el mundo. Sin embargo, nuevamente lo esperaban con retruques.

"Yo personalmente me dediqué a trabajar una relación de confianza con los líderes del mundo, que nos permitió presidir el G 20", se enorgulleció Macri. Y la respueta de Fernández fue: "Las relaciones internacionales no es sacarse fotos con los líderes mundiales. Pasaron siete semestres, y no entró un centavo a la Argentina de esas potencias".

Entonces, Macri apostó a enarbolar el acuerdo con la Unión Europea, "no sé por qué el resto de los candidatos insisten en no reconocer, que nos marca un camino de trabajo y acceder a un mercado de 500 millones de consumidores", les dijo dando por sentado ese futuro casi asegurado.

A lo que Fernández le hizo una devolución que sembró más dudas que certezas sobre la factibilidad de ese acuerdo: "Yo no conozco bien cómo es ese acuerdo, porque nunca nos hicieron saber la letra chica de ese acuerdo; es más, veo que Francia, Austria, Irlanda están diciendo que no lo van a aprobar".

Ni siquiera con lo de Venezuela pudo sacar rédito Macri porque cuando intentó llevarlo contra las cuerdas a Fernández, diciendo "hemos denunciado la violación de los derechos humanos en Venezuela; no puede haber doble discurso, la neutralidad es avalar la dictadura"; el candidato peronista salió con una advertencia: "el presidente está preparando la ruptura de relaciones para poder intervenir, espero, presidente, que ningún soldado argentino termine en tierra venezolana".

En educación y en ciencia, Macri también trastabilló, por los golpes del rival y por el conteo del árbitro. Es que cuando habló de que "estamos frente a la mayor revolución científica de la historia", Fernández le dijo: "si es real que es la mayor revolución que vivimos, explíqueme por qué trató tan mal al Conicet, los científicos y nuestros investigadores".

Y para no quedarse atrás, Lavanga sacó de su memoria: "hace algunos años un alto responsable del estado envió a los científicos a lavar los platos. En este caso, simplemente se les cortó el presupuesto, y el resultado es exactamente el mismo: una de las áreas donde el país tiene mayor potencialidad, recortada simplemente porque dejó de ser prioridad".

Macri quiso salir asegurando que "es uno de los cinco presupuestos que más creció en nuestro gobierno, ciencia y tecnología, y los invitaría a los candidatos a conocer los proyectos que son impresionantes".

Fernández, entonces, volvió a armar una pared con precisión con su ocasional socio de Consenso Federal, y dijo mirando con vehemencia a la cámara: "el presidente no lo sabe, pero el presupuesto educativo desde 10º5 cayó un 40%; el de ciencia y tecnología, como bien dijo Lavagna, cayó un 43%. Si tanto ve usted ve ahí un futuro, apueste un poco más", desafió a Macri.

Le quedaban segundos no más al presidente, antes de la campana, ya no tenía ni el banquito donde tomar aire, y llegó otro round perdido por puntos; uno dónde se metió solito al afirmar "quiero terminar hablado del Pami, hoy hay una alta satisfacción de los afiliados con el servicio, dos de cada tres medicamentos son gratuitos, y el Pami funciona en forma transparente, digitalizado: nuestros abuelos tiene sus recetas en el celular".

Inmediatamente salió la exclamación del candidato del peronismo: "¡Ay, presidente! Los abuelos no tienen celulares, no pueden pagarlos, hablemos en serio..."

La platea ya notaba que Macri tiraba puñetazos al aire, como cuando innecesariamente dijo que "en la provincia, me imagino que Kicillof va a poner una narcocapacitación en las escuelas". No sólo fue una desubicada descalificación contra el candidato peronista de la Provincia Buenos Aires, sino (y lo que es peor) que dio por sentado este sucederá a María Eugenia Vidal en la Gobernación.

Sin embargo, de todos los golpes, sin dudas el que más expectativa generó fue cuando en uno de los asaltos clave del combate, en el momento en que Macri trataba de minimizar los números del endeudamiento con el Fondo Monetario, Fernández dijo un par de frases que dejaron pensando sobre el futuro, quizá judicial, del entorno presidencial.

"No puedo dejar de asombrarme, yo no sé en qué país vive Macri, francamente lo digo. Presidente, usted no se enteró, pero de los 39 mil millones que nos dio el FMI se fugaron 30 mil, se los llevaron sus amigos, no están en puentes ni en viviendas. Ya es hora de que deje de mentir, mintió 4 años".

De nuevo fue la palabra "mentira"con la que Fernández asoció a Macri, para meterlo contra las cuerdas, dejarle poco margen de maniobra para este y el próximo debate. Porque a quien miente, nadie le cree sus promesas.

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