Opinión
Columna política del domingo: las agendas tienen nuevos nombres
Domingo, 22 de septiembre de 2019
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

 Una pregunta recorre el espinel de los equipos económicos oficialistas y opositores, ¿cuándo termina la sangría? Otra vez la ficción de la pax cambiaria garantiza que los que todavía quedan en la cola del negocio del carry trade cerraran sus negocios sin demasiados sobresaltos.

Agosto marco un récord de fuga de divisas, y los bancos empiezan a resguardar su futuro desarmando posiciones en Leliq, mientras todavía aparecen algunos inversores kamikazes que se disponen a jugar alguna fichita más con tasa del 85% para exprimirle el ultimo jugo a la fruta.

El Ejecutivo parece dispuesto a garantizar el negocio a sus cercanos hasta el último día, después; Dios dirá. El famoso Mundo al cuál el Gobierno asegura habernos llevado, ya le dio la espalda. El miércoles llegó a la Argentina Luis Alberto Moreno, director del Bando Interamericano de Desarrollo (BID) junto a varios miembros del directorio, sugestivamente (o no tanto) la agenda fue armada para que primero visitará a Alberto Fernández en sus oficinas de la calle México y recién un par de horas después se reuniera con el presidente Mauricio Macri.

Nadie duda que los organismos multilaterales de crédito como el BID serán fundamentales a partir del 10 de diciembre para que la Argentina encuentre financiación para poner en marcha el motor de la economía que es la obra pública para que derrame en la industria y el trabajo.

No hay otra fuente de financiamiento, el compromiso con el cuál Macri se traspasará a si mismo o a Alberto Fernández el país lo deja fuera de cualquier otro mercado de crédito. La poca o mucha confianza que se recupere a partir del 10 de diciembre se tendrá que usar para reestructurar la impagable deuda que deja este primer mandato del PRO y la UCR.

Como bien expreso el sábado en una entrevista exclusiva al colega Eduardo Febbro el nobel de economía Joseph Stiglitz, la culpa no es solo de Macri y su gobierno, "Ha sido un enorme error de juicio y quedan preguntas que ya se han planteado. ¿No se trató acaso de un análisis económico contaminado por un análisis político? Tal vez había algunas personas dentro de la administración estadounidense que si deseaban que el plan tuviera éxito y también apoyar la apuesta de Macri. Pero hay preguntas sin respuestas, como en el caso de Grecia y la precaución inicial que debería preceder todo análisis económico, y que en ese caso también fue fallida".

El ganador del Nobel también sostiene que "una vez más que es a los banqueros a quienes habría que criticar, incluyendo, en este caso particular, al Fondo Monetario Internacional. Se equivocaron al suministrar esos fondos. El problema fue también que Macri cometió una serie de errores, como cuando empezó a eliminar los impuestos a la exportación para después comenzar de nuevo. Luego están los errores cometidos por el Banco Central con la forma en que se llevó a cabo la política monetaria y la estabilización. ¿Se hizo el trabajo de la manera correcta? Ellos cometieron toda una serie de errores. El FMI debió hacer sonar el silbato. Si el Fondo Monetario Internacional dijo que la política económica estaba bien y que por ello iban a aportar 50 mil millones de dólares, eso fue pensamiento mágico, eso correspondía a un juicio enturbiado por la ideología. El FMI no estaba ayudando a la Argentina, sino violando la política de no intervención o intentando modelar la política argentina".

Esos errores (o conveniencias) de carácter político ideológico, solo ahondaron la crisis que desata un nuevo fracaso de un modelo neoliberal que según el economista es un "experimento de fracaso espectacular".

Los números y consecuencias del experimento argentino parecen darle la razón, en solo cuatro años un endeudamiento descomunal, destrucción casi total del aparato productivos, reprimarización total del componente exportador, recesión histórica, inflación rayando la hiperinflación, desocupación por arriba de los dos dígitos, resurgir de los índices de pobreza (números de la UCA estiman que un 35 % de los chicos del conurbano bonaerense asisten a comedores sociales) y una concentración económica notable.

Un trabajo de otro colega, David Cufré, destaca que en el área metropolitana Edesur y Edenor tienen un millón y medio de clientes que cayeron en mora este año y más de 120 mil se pasaron a medidores prepagos para poder controlar el gasto energético. Nada hace suponer que en el resto de las provincias argentinas la situación no sea igual o peor aún. Hablamos de hogares que no pueden garantizar siquiera tener en marcha la heladera todo el mes para conservar los alimentos a los cuales cada vez cuesta más acceder (la inflación de alimentos en los últimos 12 meses según el propio INDEC se acerca al 60%).

Ante esta catarata de números de la economía parece secundario pensar en dólares y Leliq, el problema que de esas decisiones políticas arranca el tobogán en el cual ha caído la producción, el consumo y el crecimiento de la Argentina y su sociedad.

La recta final ya está a la vista, pero los obstáculos no decrecen, las decisiones del Gobierno siguen siendo un montón de marchas y contramarchas como ocurrió el mismo viernes dónde volvió a cambiar las reglas de juego para liquidar las exportaciones de las economías regionales y algunos sectores industriales.

El laberinto es enorme, porque cualquier observador estaría tentado a pedir que el mejor equipo no toque más nada hasta que la ciudadanía no se expida definitivamente, pero la magnitud de los problemas es tan grande que no se puede dejar un minuto sin estar encima de la situación y Argentina tiene que encontrar definitivamente la madurez institucional, un camino que el gobierno se niega terminantemente a explorar es convocar a las fuerzas políticas con representación parlamentaria y discutir un plan de contingencia hasta el 10 de diciembre día en que Mauricio Macri o Alberto Fernández deberán tomar un nuevo camino, porque no parecen quedar dudas que el explorado estos cuatro años como dice Stiglitz fue un "fracaso espectacular"

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