Tour Mediterráneo Da Capo
Volver a pasar por Mediterráneo: emocionante regreso de Serrat a Mendoza
Domingo, 11 de noviembre de 2018
Por: Eugenia Cano - en Twitter @EugeCanon

Como el de Serrat debe haber muy pocos casos en el mundo. Esto de aparecer en un escenario y que el público deje su butaca, se ponga de pie y aplauda por largos, larguísimos minutos, con profunda admiración y respeto. Muestras de afecto semejantes son recurrentes al final de los shows, pero que suceda al principio de un concierto, cuando la nave aún no ha zarpado, da la pauta de que se trata de algo -alguien- excepcional.

Para la Argentina el cantautor y músico catalán es alguien excepcional y cuando regresa por aquí, en el pueblo hay fiesta. Luego de pasearse por varios destinos de nuestra geografía, el Nano volvió a Mendoza y el gesto mencionado al principio de este artículo ocurrió la noche del sábado en el auditorio Ángel Bustelo. La gente le dio la bienvenida con ese cariño y devoción que provoca anticipando el calor de un reencuentro atravesado por la música y las emociones. Además de un espectador de lujo que ya se revelará...

Joan Manuel Serrat vino a presentar "Mediterráneo Da Capo". Es decir, a volver a pasar por el corazón aquellas canciones que formaron parte de uno de sus trabajos discográficos más emblemáticos.

«Da Capo es un término de origen italiano, un término musical que quiere decir: volver al principio, volver a empezar. Con esto pretendemos decir que volvemos a este Mediterráneo una vez más. Retomamos las canciones que conforman este trabajo y volvemos a pasarnos por ellas unas tras otras. Canciones que escribí allá en 1971 y que estamos celebrando el 47 aniversario», contó. Y también dejó en claro que cuando la placa cumpla el número redondo de las cinco décadas también lo hará, pero que por ahora «celebro porque de momento no estoy para esperar. La fragilidad de la vida me ha hecho entender que hay que celebrar las cosas. Si alguno de aquí tiene algo que celebrar, mi punto de vista recomendable, es que lo celebre. Que no deje nada para mañana», agregó en lo que fue su primer ida y vuelta con el público.

De este modo es que los temas del icónico disco fueron yendo y viniendo hacía la playa de los recuerdos como las olas de ese mar evocado. «La mujer que yo quiero», «Tío Alberto», «Lucía», «Barquito de papel», «Vencidos», «Aquellas pequeñas cosas», «Pueblo blanco», «Mediterráneo», y así... Con una extraordinaria y experimentada banda de músicos haciéndolo posible y la calidez de Serrat siempre presente a cada momento.

Esa fue la primera parte del concierto porque después vinieron más canciones y más situaciones para atesorar en la memoria. Una de ellas fue la sorpresa de que entre el publico estaba nada más y nada menos que Quino, o Quinito, como lo llama Serrat a su amigo y creador de uno de los universos de humor gráfico más inigualables. Nuestro Joaquín Salvador Lavado Tejón. Bueno, el de todos...

«Está Quino. Biógrafo de un tiempo de la historia Argentina. De su pluma, de su corazón han salido personajes que se han multiplicado en cada una de las manos en que han caído sus libros. Haber podido andar por la vida, presumiendo que tengo de amigo a Quinito no es moco de pavo», dijo el español y el Bustelo estalló en aplausos.

«Quiero agradecerte como la primera vez que te vi. Como la primera vez que nos bebimos una botella de vino juntos. Como siempre, y cada una de las veces que la vida me ha tocado el hombro para decirme: qué amigo tienes. Gracias. Gracias».

Otro alto en el camino fue cuando el cantautor hizo referencia a la situación que se vive en el Mediterráneo. Ese sarcófago en el que se ha convertido por la tragedia de la inmigración.

«Hoy en día el Mediterráneo tiene una contaminación del alma y es grave. En el Mediterráneo, mar donde las culturas se cruzaron y se enriquecieron mutuamente. Mar que fue puente de pueblos, ideas y pensamientos, hoy en día es uno de los lugares donde mayores y más terribles migraciones se están produciendo. Donde el sur está buscando atravesarlo para encontrar la vida. Vidas destrozadas por la guerra, el hambre, la ambición. El sur busca al norte y oriente busca a occidente. Y mientras tanto, Europa cada vez más vieja, cada día más mezquina, cada día más miserable, cierra puertas, tiende alambrados, y borra de su diccionario cotidiano no sólo palabras como solidaridad, sino que elimina algunas como justicia. Es en el Mediterráneo que se están produciendo éstas terribles tragedia", sentenció el trovador invitando a la reflexión. Más aplausos llegaron hasta el escenario en complicidad con sus palabras y con su mirada del mundo.

Después hubo más canciones. Hubo bises. Hubo saludos a cada uno de los integrantes de la banda que lo acompaña. Hubo también algunas lágrimas robadas a la emoción de alguna letra que estremeció el alma. Serrat provoca todo esto. Por eso no es un artista más para este país. Por eso en la biografía publicada en su página web él mismo reconoce que su carrera le permitió convertirse también en un latinoamericano nacido en Barcelona. Entre esa orilla y esta orilla, hay un océano que no divide porque está unido por la canción que se reconoce en el pueblo. La que resiste, la que no se doblega ante el poderío. La que salva. La que moviliza, la que testimonia su época. Puede que Serrat sea sólo un hombre con una guitarra. Puede... Pero para quienes saben reconocer en la música y el arte una herramienta de transformación, esa condición lo encierra todo. Por eso la ovación a flor de piel cuando terminó el concierto. Por eso el abrazo colectivo hasta un próximo encuentro...

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