Opinión
En terapia intensiva
Domingo, 30 de septiembre de 2018Por Marcelo López
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

La sucesión de acontecimientos no da tregua, es casi imposible frenar para poder tomar un respiro de análisis. La relación con el FMI es una fiel muestra de ello. No hay registros históricos de un país que deba negociar con el organismo internacional, en apenas cuatro meses dos acuerdos, porque el primero lo incumplió en tan corto periodo.

A pesar de las declaraciones de los funcionarios y del propio Presidente -que asume en forma permanente el centralismo en la comunicación quedándose sin fusibles- la economía argentina está en terapia intensiva. No hay un solo número que revierta esa preocupante situación y por derecha e izquierda coinciden en que el diagnóstico tampoco es el mejor. Las mejoras solo se ven en el voluntarismo declamativo del equipo de gobierno.

Desde que el nuevo Presidente del Banco Central anunció la política monetaria a seguir, después del nuevo y restrictivo acuerdo, los mercados y los ahorristas le respondieron con un nuevo rally alcista del dólar y todo hace prever que el mismo lunes, el día del debut de la nueva metodología de bandas, la cotización del billete verde llegará muy cerca de la banda superior.

El voluntarismo no alcanza, los que manejan las mesas y las entradas y salidas de la moneda norteamericana tienen claro que los 150 millones que ofrecerá el Central desde el lunes no llegan a cubrir las necesidades.

El economista Andrés Asiain (Director del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz) analizaba el viernes el desempeño de la participación del Central en las ruedas: "De las 64 jornadas cambiarias vividas luego del primer acuerdo con el FMI, en 29 de ellas las reservas cayeron por encima de los U$S 150 M, en 9 jornadas las reservas cayeron en más de U$S 500 M, y en 4 lo hicieron en más de U$S 1.000 M en un solo día".

No hay ningún dato objetivo de que este nivel de exigencia de billetes pueda cambiar a partir del lunes, por lo que queda claro que los 150 millones autorizados por día por el FMI para intervenir en el mercado, son más que escasos para las necesidades. Con un par de agravantes en este contexto: los exportadores no se ven seducidos a liquidar divisas sabiendo que el alza continuará y los capitales especulativos que entraron ya no tienen garantía de concretar las ganancias que le proponía el renunciante Caputo. Si las nuevas autoridades quieren retenerlos, será un verdadero peligro hasta dónde deberán incrementar las tasas para convencerlos. La primera muestra llegó el mismo viernes cuando subió la tasa de las Leliq al 65%.

El Gobierno aquí también pecó una vez más de desconocimiento de la política y la economía mundial. El enfrentamiento entre los fondos especulativos de Wall Street (que rebautizamos buitres) y el FMI es histórico, y difícilmente el organismo esté dispuesto a favorecer el negocio a los primeros. La razón del enfrentamiento es simple, es de negocios. Donde llega el FMI los fondos y bancos pierden participación porque el Fondo presta más barato. Eso sí: lo barato suele salir mucho más caro por las condiciones que pone para acceder a su financiamiento.

El presupuesto 2018 al Gobierno le quedó viejo en apenas 24 horas de votarlo, el de 2019 antes de tratarlo. Ningún valor de los expresados en el proyecto es compatible con el ajuste que el FMI, a través de sus delegados funcionarios del Ejecutivo, tiene pensado aplicar.

Después de los anuncios en el Salón Bosch del Banco Central una cosa parece quedar clara: el ajuste que se deberá aplicar para llegar al déficit primario cero no tiene monto, es infinito. La explicación a este infinito se encuentra en que la decisión llevar a cero la ampliación de la base monetaria, sumada a un proceso inflacionario que no se detendrá, hará que la recesión sea de características históricas, trayendo la consiguiente caída de recaudación. Si el Estado recauda menos, entonces tiene que recortar más para lograr el déficit cero y así indefinidamente, entrando en un espiral de degradación económica imposible de calcular.

El Instituto de Trabajo y Economía, en un interesante trabajo difundido esta semana se pregunta si "¿es el resultado primario el responsable de todas nuestras desventuras?" y se contesta: "Para poder entender un poco mejor este problema podemos analizar cómo fue la evolución del resultado primario en las últimas tres décadas. Si homogeneizamos las series estadísticas para el período 1993-2017 y le sumamos las proyecciones del gobierno para 2018-2019, descubrimos dos puntos que cuentan una historia bastante diferente al relato macrista."

"Lo primero que advertimos es que a lo largo de la década del noventa el déficit primario no fue un problema. Con la excepción de 1996 cuando se registró un déficit de -0,3% del PIB, el resto de los años mostraron un superávit primario. Por lo tanto, contar con equilibrio fiscal no evitó llegar en 2001 a la crisis económica más profunda de la que se tenga registro."

Y continúa "Entonces, ¿cómo se puede explicar la "Ley de déficit cero" y el recorte de 13% a jubilados y trabajadores del Estado en 2001? Esto nos conduce al segundo punto.

El principal problema en materia fiscal hacia finales de la década del noventa no era el resultado primario, sino el peso de los intereses.

Lo que se observa es un crecimiento acelerado entre 1998 y 2001, hasta representar un 14,7% del gasto total. Es el avance de esta partida la que comenzó a presionar al resto del presupuesto y llevó al gobierno de la Alianza a recortar los haberes a jubilados y empleados públicos. Y es esta dinámica la primera señal de alarma para una crisis de solvencia".

Queda claro en el informe que la historia se repite, una vez más el problema no será el déficit primario sino el multimillonario pago de interés, al que sumamos la restricción externa que a pesar de la devaluación no se frena, tal como confirmó el INDEC al dar a conocer los datos de la balanza comercial el martes pasado.

Un par de dirigentes PyMEs acercaron datos esta semana que revelamos en Radio Andina. Algunos bancos de plaza ya están cobrando tasas del 107 %. Las producciones regionales viven no como un beneficio la devaluación, sino como una tragedia porque consigo trae aumentos de tarifas, combustibles e insumos dolarizados.

La economía está en terapia intensiva con el pulmotor en marcha, mientras las economías regionales y las PyMEs parecen entrar ya en los últimos espasmos. Este es el escenario seguro que deberá transitar la economía argentina los próximos. 

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Comentarios
Juan Bonoldi
30-09-18 17:31
Disculpen...los anteriores no entendieron nada del artículo de Torres.
Robbie
30-09-18 11:35
Ningún presidente de los últimos 50 años ha tenido la sabiduría y las agallas para reducir el gasto primario en sueldos particularmente. Creo que en Alemania no solo en el estado sino en empresas privadas el de arriba nunca puede cobrar más de cinco veces el ingreso del que menos cobra. Tendrá algún presidente los cojones para implementar esta normativa?
Nelson
30-09-18 10:35
Gracias flaco, siempre aclarando el panorama tan confuso.
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