9 de diciembre de 2025
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Tras un 2016 sangriento, Cornejo irá a buscar la paz con los gremios y la Justicia

En su primer año de gestión acumuló poder, ató de manos a los sindicatos más duros y enfrentó a un sector de la Justicia imponiendo a Gullé y Valerio. Pero en la intimidad afirma que no busca poder para sí, sino para que logren las grandes transformaciones. En el 2017 irá por la paz, pero tiene como objetivo que tanto en el Estado como en la actividad privada se imponga la productividad en las paritarias.

"Se confunden aquellos que creen que yo construyo poder para mi; todo lo que hago es para mejorar la situación general. Lo hago por el bien común, aunque no lo crea nadie". Eso dice Alfredo Cornejo, el gobernador, y lo comparte en voz alta en la intimidad de su despacho frente a un par de personas que lo escuchan. Cornejo ya ha pasado una tormenta que se le presentaba, en los papeles, más que turbulenta. Y se toma un respiro en su despacho, airoso.

El visto bueno más que holgado que le dio el Senado a su carta brava para la Corte, el juez José Valerio, le demostró una vez más que la política es lo suyo, que la rosca es lo que mejor le sale -aunque no quiera escucharlo y deteste que se tenga esa visión de él- y que, como yapa, gran parte de la sociedad, a once meses en el gobierno, sigue acompañando una gestión que no le devuelve ese apoyo inestimable en mejoras en la calidad de vida, con paciencia y tolerancia inusitada, frente a la ausencia absoluta de claros y comprobables indicadores que movilicen hoy la economía y el bolsillo, por sobre todo, de los que más sufren el ajuste.

A pocos días de terminar su primer año de gestión y cuando la discusión por el presupuesto del 2017 todavía no empieza en el pleno de las cámaras legislativas, Cornejo se propone un cambio de estrategia para el arranque del nuevo año. Se trata de la búsqueda de consensos y de acuerdos para que las reformas que dice emprender persistan en el tiempo. Cree, con razón, que el haber enfrentado a los gremios más hostiles, como el SUTE de los docentes y ATE de dirigentes tan inclasificables como Roberto Macho y Raquel Blas, le ha significado la obtención de importantes dosis de rédito popular pero que para los cambios de fondo, está por verse.

Con el Poder Judicial arrancó mal tras aquella medida de la Corte que lo obligaba a prestarle atención urgente a unos 600 presos en los penales mendocinos que esperaban que se les resolviera su situación por violárseles sus derechos de defensa. Desde allí se propuso batallar contra el ala garantista de Omar Palermo y compañía y meterle una cuña de doctrina diferente al sistema dominante. Así se explica la llegada de Alejandro Gullé a la Procuración de la Corte como jefe de los fiscales y la reciente incorporación de Valerio a la sala penal. "Ni con Gullé, ni con Valerio se mejorará la situación de inseguridad en la provincia, pero tendremos otra visión que obligue a la discusión", comenta el gobernador.

Cuando dice que no construye poder para sí mismo, sino para que los cambios se concreten, lo explica en el hecho de que pudo haber convocado para esos cargos personas de su generación y sin embargo llamó a hoy funcionarios que estarían en condiciones de jubilarse en cuatro o cinco años más. "No son mis amigos, no nos visitamos, no salgo a comer con ellos, a lo sumo he compartido el gusto de ir a la cancha. Y los elegí porque entiendo que tienen la misma visión con la que me encuentro en la calle, cuando me piden que meta presos a los delincuentes que todos conocen y que entran y salen permanentemente", comenta el gobernador.

De todas maneras lo que viene, un año en donde quien hoy lo apoya desde el llano con seguridad le exigirá resultados frente a las penurias de hoy, no será ni por asomo menos complejo de los primeros meses en donde se ha concentrado en la reorganización del Estado. Porque ha comenzado a germinar una idea general, abonada desde la nación y que tiene el acompañamiento de los gobernadores, en donde la premisa de base para las nuevas convenciones colectivas que se avecinan para el 2017 es poner el acento en la productividad, una palabra maldita para muchos gremios privados y de alivio para los grandes grupos económicos.

En Mendoza Cornejo ha comenzado a mantener algunas reuniones con dirigentes gremiales con voluntad de buscar acuerdos. También se han sumado empresarios. En principio hay voluntad de encarar una negociación paritaria para el 2017 alrededor de los objetivos que pide la nación: más productividad a menores costos. Pero hay ejemplos en la economía mendocina que no encajan con el objetivo y Cornejo los sigue de cerca. Es el caso de la industria vitivinícola que consiguió incrementar su productividad sobre la base de mejoras en el área de los conocimientos y de la inversión en nuevas técnicas. El problema es que lo hizo, también, sin generar empleo. Una experiencia de productividad que no sirve.

En el campo de la metalmecánica, compuesta por muchas pymes donde la mayoría funcionan como subsidiarias del gigante Pescarmona, hubo productividad pero perdiendo competitividad frente al mundo. Otro ejemplo que tampoco ha servido. Con lo que, está claro, el drama de la economía y su falta de movilidad ascendente es un grave asunto que Cornejo no domina, no controla y por el que se entrega ciento por ciento a lo que se haga desde la nación.

El norte del gobierno provincial sigue siendo la reforma del Estado sobre la base del control del gasto. No hay salida para Cornejo. En la intimidad se regocija de haber alcanzado acuerdos con uno de los gremios de la salud, como Ampros, para mostrar, según su visión, avances notables en la prestación del servicio. Ese acuerdo con los dirigentes profesionales de la salud lo consiguió, según su interpretación, otorgándole al sindicato los pases a planta que venía reclamando desde la época en la que gobernaba Julio Cobos. Con eso sólo el gobierno confía en que los médicos entenderán que tienen que atender en doble turno. Lo que viene, según Cornejo, es una reforma al sistema de atención de los centros de salud la que se presentará a comienzos del año próximo, probablemente, todo discutido en la paritaria con el sector que arrancará antes de que finalice el año.

En el gobierno existe una presunción opinable: si la provincia lograra desde el año próximo crecer al ritmo de un 3 o 4 por ciento anual, Cornejo confía en entregar el gobierno sin déficit y con recursos propios como para no depender de la nación como ocurre ahora. Cornejo no tiene objetivos estratégicos a largo plazo. Afirma que no puede pensar en eso sin que se ordenen, primero, las cuentas.

Lo más osado que se presenta por delante, quizás pensando en la Mendoza de los próximos diez, quince o veinte años, es el diseño de un plan para intervenir en los centros turísticos de montaña para multiplicar su explotación. "Más no se puede hacer por ahora", resume el gobernador.

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