Fiesta de Junín

Una fiesta en tiempos de radio

De tono bien regionalista, la palabra le recordó a los juninenses quiénes eran: hijos de la cepa madre de la vida.

Bajo una imponente luna, a las 22.15, Junín puso al aire su Vendimia departamental. Una mesa de locución, en una no acertada ubicación escénica, con reconocidas voces del Departamento, daría el ritmo que llevaría toda la fiesta en su desarrollo. Sabemos que el tiempo es “tirano “en el éter, y la urgencia y velocidad marcaban el tono que la Fiesta se propondría para recorren el guión pensado. Así aparecería una de las fortalezas de la puesta en escena vendimial, la espontaneidad de los textos leídos en vivo al servicio de un guion simple y lineal que parecía hablarle siempre primero a los habitantes de Junín y luego a quienes estábamos de visita en el departamento. 

De tono bien regionalista la palabra le recordó a los juninenses quienes eran, hijos de la cepa madre de la vida por aquellas tierras del Este. Una sucesión de coreografías, casi en unos 90% folklóricas nos contarían de la llegada de la viña, la importancia del agua, el trabajo de los hombres, la fortaleza del pueblo, la presencia sanmartiniana por aquellas tierras .Algunos golpes de modernidad, trajo la danza coreográfica contemporánea, en ritmos de percusión y con la intervención de una gran grúa que traía al escenario una suerte de teatro danza aérea, que no cumplió con su cometido, mal iluminados los artistas aéreos intentaron toda la noche dar el presente en la puesta , sin lograrlo.

A estas alturas el vértigo de “estar al aire” barría con los climax que una fiesta necesita para descansar, generar un dialogo intimo con el espectador y llevarlo a momentos de emoción, esto nunca sucedió. Los textos en la voz del reconocido actor Jorge Fornez, sumado a la mesa de locutores, interpretados magistralmente, trajeron un poco el olorcito vendimial que la puesta estaba necesitando. El homenaje al general San Martin en voz de otro reconocido como Jorge Sosa, nos dieron a los espectadores un respiro en tan apurado ritmo que llevábamos en la noche.

Si alguien ha de llevarse los aplausos es la imponente presencia de la música en vivo. Importante Banda con voces solistas y una masa coral nos fueron regalando un repertorio musical, “fresco” renovado que no cayó en lugares comunes, salvo el tradicional repertorio de conocidas cuecas, que siempre termina arrancando palmas y aplausos cerrados.

El perfecto y sincronizado ensamble entre música y texto, desde lo artístico y técnico, confirmaban que Marabini y Escales, directores de la fiesta, no se habían equivocado hace 11 años atrás cuando proponían este ensamble con desafío, polemizado en aquellos tiempos y hoy adoptado ya por la Vendimia Central. Marabini puede ya darse el lujo para próximas fiestas, de pensar el 100% de la música en vivo, sin miedo a equivocarse. Un vestuario prolijo, coreografías simples, y una puesta de luces sobria y cuidada ayudaron a que esta Vendimia en tiempo de Radio llegara a buen puerto.

Una buena fiesta, a escala de lo que Junín espera, pero que el vértigo del tiempo radial no permitió emocionar ni sorprender. Sin darnos cuenta llegamos a un final con todos en escena, los locutores saldrían del aire y Junín habría cumplido con el ritual anual de festejar sus frutos.

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