sábado 13 ago 2022
accidente fatal

Las víctimas de la tragedia de San Luis necesitan "compañía permanente"

Para sobreponerse de la dolorosa experiencia, los sobrevivientes requieren un fuerte apoyo, tanto profesional como familiar. En el choque fallecieron 8 personas, seis niñas y dos mayores.

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Por Sección Sociedad 6 de noviembre de 2011 - 22:05

Sobrevivientes y familiares de las víctimas de la tragedia en San Luis, que causó la muerte de ocho personas, entre ellas seis alumnas de un colegio religioso, necesitan “compañía permanente” para afrontar la recuperación, “un proceso gradual al que la mayoría llega con el tiempo”, según coincidieron expertos en salud mental y desastres consultados por Télam.

El psiquiatra Roberto Sivak, presidente del Capítulo de Estrés y Trauma de la Asociación Argentina de Salud Mental, dijo que a los familiares de los niños muertos se les debe ofrecer compañía "en los distintos momentos, en su casa, en el reconocimiento del fallecido, en los trámites, en el velatorio".

“El familiar decide cuándo hablar y esto debe ser respetado. Tienen que privilegiarse las necesidades básicas: compañía, sostén (alimentos, bebidas, ayuda para trámites), escucha atenta, respetuosa y criteriosa”, destacó el experto.

“Si se evidenciaran complicaciones, como ansiedad extrema, insomnio, irritabilidad o conductas de riesgo deberá plantearse la necesidad de medicación y seguimiento psicoterapéutico o psiquiátrico, que puede durar un año o más”, aclaró Sivak, director también del Instituto Estrés Trauma Buenos Aires (IETBA).

La contención a una niña que ha quedado mutilada “es similar”, dijo. “Deberá formarse un equipo interdisciplinario en cirugía, traumatología, clínica médica y salud mental”.

Ese equipo contemplará “la evaluación del estado psicofísico, la manera de informarle cualquier decisión diagnóstica o quirúrgica, ofrecerle dibujar o hablar para que pueda comunicar su estado emocional y quedar a disposición".

"Según la evolución, se instrumentarán tratamientos más intensivos”, detalló.

Mientras tanto, “debe acordarse la posibilidad de reuniones con alumnos, padres y maestros por separado con especialistas en desastres. Y contemplarse asesoramiento psicológico, legal, psicoterapéutico, médico y espiritual”.

“Se realiza una charla introductoria que facilite la comunicación de reacciones al shock y el duelo, se explicitan aspectos normales de la pérdida como culpa, desesperanza, enojo; en caso de observar reacciones muy intensas y de riesgo, se le ofrece ayuda especializada con médicos psiquiatras y psicólogos”, amplió.

Sivak recordó la tragedia del colegio ECOS, en la que en 2006 murieron nueve alumnos y una profesora, el drama que vivió pocos días después una escuela de San Justo, al electrocutarse un joven en un viaje a Misiones, y el desastre de Cromañón.

“En los dos primeros casos se instrumentaron estrategias parecidas. El último requirió seguimiento y atención por varios años”, aseguró.

Por su parte, el psicólogo clínico Eduardo Cazabat, profesor de “Atención en Crisis y Catástrofes” de la Universidad del Salvador (Usal), dijo que “favorecer (sin presionar) la expresión emocional y la organización de una narrativa promoverá los mecanismos naturales de curación”.

“Toda intervención que cree un contexto seguro donde la persona traumatizada pueda contar su experiencia le daría la oportunidad de codificar verbalmente su vivencia en una situación de control emocional, sin experimentar la abrumación emocional característica de la situación traumatizante”, amplió Cazabat, director asociado de la revista de Psicotrauma para Iberoamérica.

“El desafío fundamental, desde el punto de vista psicológico, es sostener a lo largo de los próximos meses que durará el rescate este clima de apoyo”, explicó.

Cazabat comentó que “en todos los desastres, luego de una fase de `luna de miel` que puede durar hasta tres semanas, la atención pública se dirige a otras noticias y los sobrevivientes y sus familiares entran en una fase de desilusión y soledad, sintiendo que la lucha recae exclusivamente sobre sus espaldas”.

“Inmediatamente después de un desastre, casi todos los damnificados se encontrarán incapaces de parar de pensar sobre lo que sucedió y estarán hiperalertas. En la mayoría de los casos, el miedo, la ansiedad, los recuerdos y los esfuerzos evitativos irán desapareciendo con el tiempo”, aseguró.

En el caso de los niños, explicó, “si cuentan con una figura de apego saludable disponible son extraordinariamente resilientes (capaces de superar situaciones límite). La recuperación es un proceso gradual. La mayoría de la gente se recupera naturalmente del trauma con el tiempo”.

Fuente: Télam.

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