Carlos Bianchi: "No acepto la derrota, me cae mal, me frustra"

Un Virrey terrenal y abierto al debate, en una charla en la que permitió conocer sus sensaciones en el año menos exitoso de su carrera como DT xeneize

Diferente. Sin tantas tensiones. Natural, fresco, cercano. Reflexivo, profundo, divertido, intenso, medido, atento, rápido. Dominante también, por naturaleza. Pero receptivo como nunca en este 2013. Sin el traje desafiante que suele tener en cada conferencia de prensa. Un Carlos Bianchi dispuesto a charlar de fútbol, de él, de sus desafíos personales, de sus errores, de sus aciertos, de sus logros? Sin estridencias, en un sillón, en una de las oficinas de prensa del Complejo Pedro Pompillo, apareció el entrenador de Boca de a ratos, en otros, el personaje más trascendente de la historia del club, pero en casi toda la entrevista estuvo el Bianchi más terrenal: "¿Alguno sabe si se pueden recuperar los mensajes de WhatsApp? Se me borraron y tenía algunos que quería guardarlos."

Un día especial será este último acto del Inicial, para Boca, porque de la mano de Bianchi se imaginaba otro escenario. También porque hoy se cumplirá un año del Bombonerazo, aquel día que la gente echó a Falcioni y pidió hasta reventar las gargantas por la vuelta del Virrey. No lo desconoce, pero en sus declaraciones marca que algunas de sus formas de pensar no han cambiado, porque aún en su época de gloria descreía de la "unanimidad" hacia su figura y hoy sostiene la misma prédica. Se acomoda con cierta frecuencia en su asiento, gesticula, interroga y provoca que la formalidad de una entrevista se diluya. Invita al debate, se siente cómodo en ese escenario, maneja los tiempos como nadie. Porque puede aceptar sus desaciertos, pero también marca el territorio ante errores periodísticos y vuelve a poner calma en la marea cuando advierte que hay un termo y un mate sobre la mesa. Un auténtico estratego que permitió conocer sus sensaciones en medio del año menos exitoso de su carrera como entrenador.

-Cuando decide volver, ¿lo hace porque necesitaba sentir la adrenalina o porque Boca necesitaba de usted?

-No, Boca no necesita de nadie. No sé si yo necesitaba... Uno siempre tiene ganas y le gusta lo que le gustó toda la vida, sabiendo que el rol de DT es distinto, el más lindo es el de jugador. Si el jugador tiene profesionalidad es algo hermoso. Se dio la posibilidad cuando menos lo pensaba, pero se dio así.

-¿Qué influyó más para su vuelta? ¿La gente, sus hijos, que sus nietos lo vean dirigir?

-No puedo dar una respuesta segura. Sí sabía que ponía en la balanza todo lo anterior y repetir lo que antes había logrado se iba a hacer muy difícil, pero si uno puede aportar un plus a todo lo que es la historia de Boca, es excitante.

-¿Tuvo miedo de arriesgar todo lo anterior?

(Interrumpe) -No, eso no se arriesga. No creo. Menotti salió campeón del mundo en el 78 y Bilardo en el 86 y los títulos no se los saca nadie. Y la gente que vivió esos títulos... Me acuerdo cuando mi mamá me hacía algo rico de comer y cuando lo vuelvo a ver me recuerda a ese momento lindo. No me olvido más. Hay cosas que uno tiene arraigadas y el que las olvida es porque quiere olvidarlas. No tiene sentido de reconocimiento hacia la gente que hizo algo.

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