Escribe Marcelo Torrez

Fantasmas de fin de año, y de ciclo: entre la amenaza de estallidos y los nombres del nuevo gabinete

Pérez amplía el pedido de refuerzos a la nación: además de plata para llegar a fin de año, solicitó gendarmes para custodiar supermercados. El alivio de la semana se lo dio la Legislatura con la media sanción para Avalúo e Impositiva. Espera por el Presupuesto. Y ya tiene los supuestos nombres para su "nuevo" gabinete. Muchos enroques y fuerte presencia del peronismo tradicional en el armado para lo que viene hasta el 2015.

El gobierno se ha planteado, a como de lugar, terminar el año en paz, sin convulsión social. Las urgencias financieras, las tribulaciones para que cierre el presupuesto y que se logre su aprobación en la Legislatura, más la discusión íntima que se está dando Francisco Pérez para relanzar su gestión a fuerza de cambios de nombres en el gabinete y de políticas, sobre todo, han pasado a ser objetivos esenciales con el propósito de evitar agitar la psicosis instalada tras el estallido en Córdoba y los principios de saqueos en el Gran Buenos Aires, en Cipolleti y los indicios de Bariloche.

El cuánto y los por qué, de todas aquellas metas o propósitos que tiene Pérez, que se vienen vislumbrando como necesarias e impostergables tras un fin de año moroso en todo sentido, emergen hoy como impostergables, tienen una respuesta obvia: el gobierno vislumbra como obligatorio dar señales inequívocas de control de la situación para ahuyentar cualquier atisbo sedicioso de grupos o sectores que, en medio de la confusión, saquen provecho de un estado de caos y de supuesta anarquía.

Tras los violentos hechos de Córdoba, Pérez no dudó en tomar contacto con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich y con el secretario de Seguridad, Sergio Berni. Su administración no tiene margen de darse el lujo de no prever un estallido social, por pequeño y circunscripto que sea. A ambos funcionarios de Cristina les habría pedido contemplación y atención a sus reclamos frente a tanto ninguneo, o mejor dicho, frente a tanto flirteo sin concreciones de parte de la Nación para con la Provincia. Ahora sí le tienen que responder en consecuencia, imagina en la intimidad.

Lo de Córdoba, y lo de Glew el martes a la madrugada en donde un comerciante chino murió por defender su negocio del ataque de un grupo de desalmados delincuentes que al no poder cumplir con el saqueo que tenían previsto, lo prendieron fuego con el hombre adentro, ha sido demasiado grave como para jugar a las indiferencias y a ver quién, de todos los gobiernos, tiene la espalda más ancha.

Ni el gobierno peronista de Mendoza, ni mucho menos el de Cristina, pueden permitirse un estado de descontrol en este fin de año plagado de malas noticias para el elenco gobernante, aunque la soberbia los conduzca a ratificar cierto aire de suficiencia porque en el ADN que los identifica, en especial a la gestión nacional, tengan grabado a fuego que cualquier atisbo de búsqueda de consenso político amplio o convocatoria social frente a los problemas graves que existen, es una señal de debilidad imperdonable. Así lo trasluce el estilo de Cristina, pese a que Capitanich haya intentado torcerlo durante diez días en la jefatura de Gabinete, hasta que sucedió lo Córdoba y se le haya ordenado mirar para otro lado para hacerle sentir el rigor a un gobernador rebelde y crítico de la Rosada. Ver a Capitanich balbucear y ensayar respuestas no suyas frente a la desgracia de un gobernador crítico, pero gobernador como él, fue más que suficiente para entender que no ha cambiado nada del estatus quo imperante.

El jueves, Pérez admitió en declaraciones públicas sus contactos con los funcionarios nacionales y el afloro de sus demandas: a uno de ellos le pidió gendarmes para reforzar los potenciales objetivos de cualquier aventura de vándalos y con el otro repasó el pedido de fondos para cubrir las urgencias del mes más caliente del año: sueldos y aguinaldos. La provincia necesita reunir 1.650 millones de pesos al último día de diciembre para los aguinaldos de los 88 mil empleados públicos (350 millones de pesos); otros 650 millones que ya pagó por salarios y otros 650 millones para depositar los sueldos de diciembre antes del 31. “No tengo nada de qué especular. A esta altura de las circunstancias la única verdad es la realidad y todavía no tengo nada asegurado desde la nación; Dios quiera que sí”, afirmó el gobernador en un alto de un encuentro nacional de turismo que se realizó ayer en Mendoza.

Con Carlos Aranda, el todavía ministro de Seguridad de su gobierno, Pérez pasó revista a la situación de la Policía y de la situación social en la provincia. No hay de qué preocuparse, le han asegurado. En Mendoza, la Policía tiene efectivos que terminan el año cobrando al día, en blanco y a los que se les pagan las horas extras. Si hay estallidos, no será por falta de seguridad en las calles. Un peligro menos.

También lo ha aliviado la media sanción de Diputados a las leyes de Avalúo e Impositiva, normas clave que preceden al presupuesto 2014, la base del rearmado de la gestión para los últimos dos años al frente de la provincia. Son pequeños, cortos soplos de aire fresco que vienen bien. Tras el alcance de estas herramientas financieras que tendrá, aunque con modificaciones seguramente, le llegará el momento que ha venido dilatando porque las dudas lo rodean: los cambios de gabinete que le reclaman, que él sabe que debe hacer y que dilata por esa misma razón, porque se lo piden: “Yo no soy de actuar porque lo pida el periodismo o algún sector de la política”, le ha dicho a quien esto escribe hace pocos días.

En los planes hay una reestructuración lo suficientemente amplia para que sea efectiva. Abundan pese a todo, en la cabeza de Pérez y del propio vicegobernador Carlos Ciurca con quien analiza los cambios, enroques más que despidos de funcionarios. Y las versiones, como suele suceder, se amontonan. Pero lo que está casi decidido es que el nuevo gabinete que alumbrará el gobernador reflejará equilibrio en función de las líneas que dominan hoy el peronismo. Pérez necesita volumen político para reforzar la figura que encarna: es el gobernador y con eso tiene peso propio, pero no tanto como para sostener las grandes reformas que se imagina impulsará en el 2014. Necesita lo que no tiene, lo que no consiguió ratificar al ser doblegado en la última interna oficialista, a mediados de año.

En busca del equilibrio y compensaciones, en la semana circuló un esquema tentativo del armado de lo que viene: la Corriente de Ciurca y en la que militan Alejandro Abraham y Rubén Miranda podría seguir controlando Seguridad si se toma la decisión de remover de allí a Aranda. Además, podría sumar el control de Desarrollo Social, lugar al que se destinaría al actual ministro de Seguridad cumpliendo el mismo camino que surcó Ciurca en épocas de Celso Jaque. A Seguridad podría destinarse al actual subsecretario de Seguridad, Sergio Rocamora y Guillermo Elizalde, el por hoy ministro de Desarrollo al dejar la cartera para darle lugar a Aranda, se le vislumbra un destino cercano a Alicia Kirchner, en la Nación, junto a las agrupaciones netamente K que sustentan el proyecto de Cristina Fernández, o bien dentro del gabinete que diseñará Luis Lobos como intendente de Guaymallén, responsabilidad que asumirá desde el 10 de diciembre remplazando a Abraham.

Las especulaciones apuntan a que el sector Azul, de Mazzón y de los hermanos Bermejo, se hará cargo del Ministerio de Gobierno. Para el responsable a designar –entre los nombres que le han propuesto a Pérez–, gana en ventaja Carlos Bianchinelli, el actual titular del Casino provincial. Félix González, el ministro de Gobierno, en caso de ser desplazado, tiene chances de transformarse en un virtual jefe de Gabinete de Pérez, en lugar de Eduardo Bauzá que dejará el lugar de coordinador para desembarcar en la Legislatura provincial, a la que llegará como resultado de las elecciones del 27 de octubre.

El borrador del nuevo esquema deja un lugar para los hermanos Félix del Sur, Omar y Emir, patrones del peronismo en San Rafael. A ambos se les confiaría el área de Ambiente, según ha circulado tras los análisis que se vienen haciendo. La defensa del medio ambiente en el Sur es clave y desde allí han surgido los movimientos más radicales en contra del avance de las industrias contaminantes.

Pérez no haría cambios en Infraestructura, ni en la DGE, ni en Agroindustria, ni en Hacienda. Allí serían ratificados Rolando "El Gringo" Baldasso, María Inés Vollmer, Marcelo Barg y Marcelo Costa, mientras que podría avanzarse en un nuevo enroque para Aysam, la empresa de aguas, y el Casino. El actual titular de Aysam, Luis Böhm apunta a ser desplazado hacia el Casino que dejaría vacante Bianchinelli y al histórico dirigente peronista de Las Heras, Guillermo Amstutz, una suerte de hijo pródigo tras su aventura con el ex Frente Cívico, se le reservaría la jefatura de Aysam.

Un dato a tener en cuenta para la DGE de Vollmer. Todos coinciden que nadie cuestiona a la actual ministra, pero si en caso de que en medio de los cambios ella decida irse, Pérez está pensando en dos nombres: Livia Sandes, actual subsecretaria, por un lado y en Lía Álvarez quien hoy se ocupa del armado de la agenda institucional del gobernador por otro, espacio que ocupó desde que Rodolfo Lafalla fuera desplazado de ese cargo para ocupar el lugar del directorio que Mendoza tiene por derecho en YPF. Y en Salud, donde todo indica que el ministro Carlos Díaz Russo también será remplazado, es donde Pérez tiene las mayores complicaciones para encontrar el hombre o mujer indicados para el puesto. Sin embargo, en la semana se escuchó con fuerza los nombres de Oscar Renna y el del deportólogo Matías Roby, aunque como en todos los casos de enroques, designaciones y desplazamientos, nada había sido confirmado al cierre de esta columna.

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