Alimentación
Britos: "Hay que revisar la estructura impositiva de los alimentos"
Viernes, 15 de marzo de 2019

Costear una dieta saludable en tiempos de inflación y crisis es un desafío casi imposible para los sectores sociales de menor poder adquisitivo que gastan casi la totalidad de sus ingresos en alimentos. Pero ¿qué clase de alimentos?. Según un estudio del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), la canasta básica que releva el INDEC representa una dieta desequilibrada y pobre en términos nutricionales. 

Apenas el el 33% de sus calorías son de alta calidad. El resto se convierte en un problema de salud pública a corto plazo y se refleja en los alarmantes índices de obesidad y sobrepeso de la población argentina. 

El programa de Radio Andina "En Tiempo Real" consultó a Sergio Britos, nutricionista, docente y director del CEPEA para profundizar sobre el tema.

¿Los cambios de costumbres de consumo empujados por la crisis económica se convierten en problemas de salud pública?

Sí. Para tener una idea de magnitudes, estamos hablando de que en Argentina más de la mitad de la población está enferma de la misma enfermedad, que es sobrepeso. Y esto es el precursor de otras enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión y trastornos cardiovasculares. El solo hecho de imaginar que 22 millones de personas padecen exceso de peso da una idea de la preocupación que esto debería suponer para la salud pública en general. Esto compromete la productividad como país, nuestros ingresos futuros, etc.

¿Una canasta básica saludable es más cara que la que difunde el INDEC?

Sí, es mucho más cara. Nosotros hacemos tres mediciones anuales del valor de una canasta saludable de alimentos. En este momento estamos haciendo esa medición y vamos a disponer de los resultados en tres semanas. Cuando medimos el valor de la canasta saludable analizamos cuánto más sale que la del INDEC y, a la vez, cuál es el diferencial de precios entre productos de buena calidad nutricional y una de menor calidad. En algunos casos es el doble, y en promedio es más del 60 % mas costosa. Esto compromete el acceso de los sectores mas pobres a una dieta enteramente saludable.

¿Y la canasta saludable sufre la misma inflación que las que usa el INDEC?

Hagamos la salvedad de que nuestro instituto no es de estadística, sino científico. Pero sí, encontramos que tiene un comportamiento relativamente similar a la inflación de alimentos. El punto de partida son los mismos precios de mercado y las variaciones se reflejan en la misma magnitud. De modo que si tenemos una inflación de alrededor del 50 %, como la del año pasado, esa misma proporción aumenta la canasta saludable.

¿Cuántos alimentos de alta calidad nutricional consume el argentino promedio en su dieta?

Por un lado los argentinos, como población, tenemos un rasgo de monotonía muy marcado en la alimentación. Hay países desarrollados que combinan 130 ítems diferentes a la hora de comer en un periodo de un mes. En la Argentina no pasamos de 40 alimentos. Es un ejercicio que uno puede hacer: analizar en una semana cuántas carnes, verduras o frutas diferentes comemos. Nos vamos a dar cuenta de que combinamos muy pocos alimentos. Este es un rasgo característico de nuestro país que tenemos que mejorar, obviamente. En lo que hace a alimentos saludables o de buena calidad, esto se potencia. Cuando uno mira la canasta de verduras, no pasa de papa, cebolla, tomate y zanahoria. En las frutas estamos reducidos a banana, manzana, naranja y alguna otra fruta estacional. Basta con salir de Argentina y mirar cómo es la góndola de lácteos de países como España o Francia para darnos cuenta de que consumimos muy poca variedad. Y ni hablar del tema carnes. Para el argentino promedio la carne se agota en la vaca y un poco de pollo. En algunas investigaciones recientes hemos medido la calidad de la dieta de los argentinos en diferentes niveles socioeconómicos y encontramos que, en un escala de 0 a 100, el indicador de calidad de dieta está en el 45 %.

¿Con la migración hacia consumos más básicos y económicos que resulta de la crisis, en cuánto tiempo se ven sus consecuencias en los consultorios médicos?

En la calidad alimentaria se refleja muy rápidamente porque en la medida que los alimentos de buena calidad se vuelven prohibitivos para los sectores de menor poder adquisitivo, el consumo se vuelca hacia alimentos con altos contenidos de azúcares y derivados de las harinas. Es decir que la dieta de los sectores pobres se deteriora sensiblemente cuando atravesamos periodos de aumento de precios en los alimentos. De ahí al exceso de peso hay un paso muy corto y rápidamente se traduce en sobrepeso. Cuándo lo detecta el sistema de salud, es una pregunta muy interesante y muy compleja. Recién en estos últimos años el sistema de salud está diagnosticando oportunamente el exceso de peso y la obesidad, pero lamentablemente no se le está dando la importancia que el problema tiene. Nos falta avanzar mucho. La detección por parte de sistema de salud es más tardía que lo que se requiere.

¿Se desaprovechó la oportunidad de un programa de Precios Cuidados que contemple la calidad alimentaria?

Hace casi dos años que Precios Cuidados está empezando a considerar la incorporación de productos de mejor calidad nutricional pero también es cierto que no nació como un programa que pretenda mejorar la dieta de las personas. Solo es para cuidar la economía en la dieta familiar por lo que falta avanzar mucho en ese sentido. Ojalá algún día no solamente se cuiden los precios de los alimentos más consumidos por la población sino también los precios de los alimentos que son de mejor calidad nutricional. Pero también hay que decir que esos alimentos tienen un componente impositivo muy alto que los torna poco accesibles a la población. Creo que hay que revisar la estructura impositiva de los alimentos y hacer que los de mejor calidad nutricional tengan menor carga impositiva y viceversa. 

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