Siete inquietantes ilustraciones anatómicas de la antigüedad
Domingo, 6 de octubre de 2013Tuvo que pasar mucho tiempo, probarse y descartarse muchas teorías, para que alcanzáramos un conocimiento más o menos aceptable sobre el cuerpo.

Una de las paradojas de nuestra relación con nuestro propio cuerpo es que, hasta cierto punto, nos es esencialmente desconocido. Y esto puede verse incluso históricamente: tuvo que pasar mucho tiempo, probarse y descartarse muchas teorías, para que alcanzáramos un conocimiento más o menos aceptable sobre sus procesos y las muchas formas en que este funciona. El enigma de la vida, que puede abordarse desde numerosas perspectivas, comienza en aquello que no es más íntimo, ese soporte carnal con el que convivimos diariamente y el cual, hasta ahora, es nuestro medio más inmediato de la existencia cotidiana.

El sitio Popsci ha reunido una interesante selección de imágenes anatómicas de la que quizá sea una de las etapas más inquietantes de la medicina: aquella que según la división histórica europea podríamos fechar a partir del Renacimiento, cuando la investigación y los saberes comenzaron a sacudirse poco a poco pero ya irreversiblemente el yugo más bien limitante de la doctrina religiosa. El cuerpo transitó entonces hacia un concepto menos sublime, menos intocable, hacia uno más terrenal, hacia el atrevimiento de la experimentación y la exploración.

En este sentido, los médicos de la antigüedad parecen reunir en su labor la doble empresa del navegante y el cartógrafo: como si Colón y Vespucio se fundieran en una sola persona, estos incipientes conocedores de la anatomía y la fisiología humanas utilizaron el doble trazo del bisturí y el lápiz para legar impresionantes mapas de “esta carne demasiado, demasiado compacta” (this too too solid flesh”; Hamlet, I, ii).

Puntos de acupuntura y el moviiento del yin y el yang en el cuerpo ilustrados por Hua Shou (1716).

Según Galeno, la sangre humana se limpiaba al pasar por una estructura localizada en el cuello, la cual se encuentra en las ovejas pero no en el cuerpo humano. Este dibujo es de Bartholomeo Eustachi, médico italiano seguidor de dichas enseñanzas (1564).

La cavidad del pecho y el sistema urinario en un dibujo anónimo de Tibb al-Akbar, del persa Muhammad Akbar (ca. 1680-1750).

Una mujer llorando, del médico francés Amé Bourdon (1678).

El feto en el vientre, de Adriaan van de Spiegel y Giulio Cesare Casseri (1626).

El cirujano alemán Hans von Gersdorff era conocido por su habilidad al amputar miembros del cuerpo; publicó una obra sobre la curación de heridas (1528).

Dibujos óseos de William Cheselden, cirujano inglés (1733).

Fuente: PijamaSurf

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