Opinion
Confiados de una red que ya no esta
Miércoles, 7 de agosto de 2019
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

El martes dejo un respiro en la cotización del dólar ayudado por la decisión del Banco Popular de China de apaciguar, un poco, la devaluación del lunes. Sin embargo, lo que no tuvo tregua fue le índice del riesgo país que a la tarde de ayer superaba los 900 puntos.

Pero, ¿es sustentable la aparente tranquilidad del martes en el mercado cambiario argentino? Todo parece indicar que no. Es imposible saber cuánto aportó el BCRA a esa tranquilidad (en billetes y en contratos a futuro) para tratar de calmar a los inversores volátiles que comienzan a desarmar posiciones en pesos y para saciar la sed de verde del propio mercado interno que como se sabe siempre tiene a dolarizar ahorros ante procesos electorales y ante la notable desconfianza que genera la situación económica.

Si bien nadie parece querer hacerse la pregunta del millón públicamente, lo cierto es que la duda de hasta dónde aguanta la economía sin un estallido controlado es más ,frecuente de lo que se cree.

El lunes la Argentina fue uno de los dos países más afectados de la región por la volatilidad mundial y la explicación no es el proceso electoral sino la alta debilidad frente a acontecimientos como la profundización de las guerras comerciales y el avance del proteccionismo en las principales economías del mundo.

El Ejecutivo argentino se niega permanentemente a comprender, o evaluar, circunstancias internacionales antes de tomar decisiones. Los insostenibles niveles de endeudamiento al cuál han llevado al país, la falta de regulación absoluta del movimiento de capitales, la reprimarización de exportaciones y liberalización total de los plazos de liquidación, no solo dejan a la Argentina sin divisas genuinas, sino que la ponen en una situación de debilidad extrema para hacer frente a tormentas externa o internas.

Solo alguien que planifique ser tan endeble puede llevar a cabo un paquete de medidas como el que ejecutó el Gobierno desde el primer día de gestión.

Esta semana el economista Guillermo Oglietti, doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona y sub director de CELAG público un excelente trabajo del cual extractamos textual una parte para que se entienda el mundo de hoy que el mejor equipo de los últimos 50 años parece empañado en negar. Una de esas aristas es la concentración del poder económico y como este actúa en mercados emergentes por todo el orbe.

Oglietti explica; "Tres fondos de inversión privados que manejan fondos por más de 13 billones de dólares, son los principales accionistas del 90% de las 500 empresas más grandes de EE. UU. Los activos de los 500 fondos de inversión más grandes del planeta eran equivalentes al PIB global de 2017. Los fondos Blackrock y Vanguard administran activos superiores al PIB de China. Este nivel de concentración del sector financiero global está fuera de toda escala, no tiene parangón en la historia, es un fenómeno nuevo y los bancos centrales tienen que incorporarlo como una de las principales amenazas que enfrentan.

Las regulaciones domésticas solían poner algunos límites a la concentración bancaria, como la ley Glass-Steagall en EE. UU. Esta ley diferenciaba entre bancos de inversión (dedicados a la especulación que captaban depósitos de grandes inversores y los apostaban en los mercados financieros), y la banca comercial (que captaba depósitos de inversores comunes, hacían préstamos al consumo, el comercio y la industria, y estaban sujetos a mayores regulaciones). También prohibía que las dos bancas estuviesen vinculadas para que los riesgos de la banca especulativa no afectasen a los ciudadanos comunes. Hasta que fue derogada en 1999, EE. UU limitaba la concentración bancaria dentro del país, pero no ponía límites a su expansión en el resto del mundo, especialmente en los países permeables a los intereses norteamericanos, como los latinoamericanos, donde la banca estadounidense tiene una alta presencia. Es por esto que el sector financiero pasó a ser el principal lobista en EE. UU., al que aporta directamente unos 500 millones de dólares anuales para hacer prevalecer sus intereses.

La derogación de la ley Glass-Steagall impulsó una mayor concentración en el mercado financiero de EE. UU. que, unida a la concentración global, generó la semilla de la gran crisis financiera de 2007/8. Creó lo que hoy se denomina "banca en las sombras" (Shadowbanking), que son los grandes fondos de inversión que captan depósitos de todo tipo de inversores y eluden las mayores regulaciones a las que está sujeta la banca comercial. La banca en las sombras tiene una ventaja competitiva desleal que favorece su expansión a costa de la banca comercial tradicional. A nivel del globo, no hay regulaciones que limiten las acciones de la banca transnacional y la situación está fuera de control. El FMI (Fondo Monetario Internacional) tiene una relación simbiótica con esta banca transnacional: como su capacidad de préstamo es limitada, recurre y promueve los préstamos de la banca privada, favoreciendo su expansión y concentración; a su vez, la banca se apoya en la capacidad del FMI para poner exigencias a los países receptores, una forma indirecta de asegurar el cobro de los préstamos y su expansión. Este nivel de concentración genera riesgos evidentes. El mercado financiero está desequilibrado a favor de esta banca gigante que empequeñece a los bancos centrales y disminuye sus herramientas de estabilización. Cualquiera de sus decisiones puede implicar movimientos internacionales desestabilizadores".

Como bien dice el experto "Los manuales de economía neoclásica no brindan herramientas para que los bancos centrales enfrenten los nuevos riesgos político-financieros que afectan nuestro desarrollo" y se sabe el Gobierno argentino está empeñado en moverse siguiendo la letra fría de los viejos manuales de economía ortodoxa para todo, desde el combate contra la inflación hasta el manejo del mercado de cambios y no es noticia que fracasó estrepitosamente en todos.

¿Qué queda para adelante? Vivir en la cornisa y rezando que nada rompa la fragilidad que nos tiene pendiendo de un hilo muy fino, el problema es que el Ejecutivo cree que abajo hay una red de seguridad y la verdad es que la red la sacaron hace tiempo.

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