Entrevista
Lucy Patané frente al espejo: la artista habla de su disco solista
Sábado, 8 de junio de 2019
Por: Eugenia Cano - en Twitter @EugeCanon

Lucy Patané está enamorada de su primer disco solista. Dice que le gusta escucharlo. Que es una radiografía de su multifacético ser artístico y de su trayectoria. Un DNI. "Por eso se llama Lucy Patané", lanza confiada. Un álbum homónimo con doce tracks que componen un todo conceptual que aunque suene impulsivo "es como un monstruo muy arregladito", apunta. Un trabajo artesanal cuidado al detalle.

Lucy está parada frente a su espejo: la multi-intrumentista, la técnica de sonido, la productora musical, la cantante, la compositora, se miran y se reflejan en una placa que tiene el poder de provocar. Y la provocación es siempre un buen síntoma vital: "Hay gente que me dice que se emociona o que se perturba. Que le pasan cosas. Lo loco es que es la primera vez que me pasa, porque yo ya hice discos con mis bandas Las Taradas y La Cosa Mostra, pero esta vez es diferente: me pasa que lo que me dice la gente es lo mismo que me pasa a mí con el disco", cuenta.

Considerada una de las artistas referentes del rock indie porteño, Patané regresó Mendoza para macar aquí también un territorio propio fuera de Buenos Aires. Descentralizar la escena. Incomodar. A Lucy le gusta incomodarse e incomodar. Habla de tejer contra-estrategias y revela aquella que la está llevando a presentar el álbum primero en el conurbano bonaerense antes que en Capital. Con ese mismo espíritu, este sábado 8 de junio fue que tocó en Foxy Live Bar, para ofrecer aquí lo mejor de su versión solista.

Antes del show habló con SITIO ANDINO de su formación musical autodidacta, del proyecto de ley de cupo que pide por más mujeres en los escenarios y del consumo artístico responsable. De la niña que creció en una familia llena de discos y películas, a la música multifacética que hoy le abre camino a las nuevas generaciones. Desandar a Lucy Patané es una aventura vertiginosa, así como suenan sus canciones.

-Tardaste dos años en terminar el disco. Necesitaste que te pasaran cosas...

-Sí, cosas. Yo la vivo así la música. Necesito viajar, que me rompan el corazón, no sé, que me pasen cosas que me hagan después querer traducirlas en canciones. A mí me pasa eso y hay gente que puede componer de oficio, qué se yo, pero yo necesité eso. El límite, explotar.

Luci Patané en la sede de Medios Andinos. Foto: Cristian Lozano. 

-¿Qué disco sentís que hiciste?

-Yo creo que hice un disco que es una radiografía de mi ser y de mi recorrido. Como también de lo que todo lo que sé hacer y puedo hacer. También quise desplegarme en todos los instrumentos que sé tocar, lo produje, también lo grabé. Entonces es todo lo que en mi vida artística fui haciendo, colaborando y poniendo acá y acá, en este disco quise condensar todo. Bueno, todos los discos son autobiográficos, pero este es el DNI. Por eso se llama Lucy Patané, es así.

-¿Cómo empieza el camino con esta formación tan amplia en la música? ¿Existen en la escena muchas mujeres que se dediquen como vos a la producción y a ser técnica en sonido?

-Empecé de muy pequeñita. A los 5 años empecé a tocar la batería y por estar en una casa con padre, madre y hermana músicos, entonces una casa llena de música, llena de músicos, de ensayos.

-El diálogo era directo entonces...

Sí, había instrumentos por todos lados. Como que era medio inevitable que suceda, pero de chiquita como que ya me lo tomé muy en serio. De los 9 a los 13 años ya tuve mi primer banda, como de niñes prodigies, que eran un poquito más grande que yo. Ahí habían fechas, tocábamos, íbamos a la tele. Era una banda importante. Ahí tocaba el bajo y fue el desafío de tocar un instrumento que lo había aprendido observándolo nada más, pero sufría mucho el vivo, me daba mucha vergüenza tocar en vivo y cantar, hasta de grande, cantar fue lo último que hice. Después me retiré a los 13 (risas), quise ir a bailar y hacer las cosas que tenía que hacer en ese momento y después me fui metiendo como en el palo más del punk. Siempre toqué y tuve bandas. Siempre fui autodidacta, nunca estudié en ningún lugar, siempre aprendí tocando con otras personas, tocando otros estilos. Toqué desde hardcore hasta música country, de todo. Y todos los instrumentos que siempre pude tocar. Esa fue un poco mi formación y mi escuela: tocar con otros músicos y entender los estilos y hacerlos míos.

Después también de chica mi papá tenía un estudio muy sencillo y ahí es que empecé como a grabarme. No me interesaba mucho la parte técnica, si me empezó a gustar mucho que todo lo que tenía en la cabeza lo podía plasmar. Ahí empezó un poco la idea de la producción, sin saberlo y empecé a producir mis bandas, a Las Taradas, a La Cosa Mostra, después empecé a producir a artistas que no eran mis bandas.

Y ahora hay productoras mujeres, están habiendo muchas chicas jóvenes que están aspirando a eso, pero un su momento, 10 años atrás, yo no conocía a casi nadie. En el mundo de la producción y la técnica siempre fueron varones. Es loco porque hace poco conocí a Natalia Perelman que es una ingeniera de sonido muy buena de la Argentina, un poco más grande que yo, que tiene hecho unos trabajos muy interesantes con Liliana Herrero, y ella también creía que era la única. Y no nos conocíamos. Y ahora está sucediendo de que nos estamos conociendo un poco todas.

-¿Te entusiasma que esté pasando eso?

-Yo siento qué me costó... Bueno, en la música me daba mucha vergüenza tocar, sentía miradas extras por el hecho de ser mujer, eso de que hay que probar de que sos buenísima. Y lo que pasa es que tenemos que tener el mismo derecho de los varones a quizás no ser tan buenas. Sin embargo, en el ámbito de la producción y la grabación me costó un poco más porque ahí si que no había pares. A lo largo de ir haciendo las cosas eso lo fui venciendo a la fuerza. Me alegra más por las chicas que ahora están empezando, ¿entendés? Eso me entusiasma. Cuando ves pibas re jóvenes que ya están interesadas y quizás ya sus amigas también. Ahora si tenés 17 o 18 y tenés ganas de producir ya no es una locura, digamos. 

Foto: Cristian Lozano. 

-Digamos que te tocó abrir caminos, ¿no?

-No sé, pero supongo que un poco sí. Recibo comentarios desde ese lugar. Como que uno sin pensar y sin darse cuenta de repente pasa eso: empieza a abrir. Pero sí me alegra por las chicas que se están formando ahora. Y en la música también, no sólo en la parte de producción. Cuantas más referentes haya arriba de los escenarios es mucho más el incentivo para las chicas jóvenes y mucho más para las niñas y eso es interesante.

-También es interesante lo que pasó con Marilina Bertoldi en los Premios Gardel, ¿Qué pensás sobre esto?

-Justo leí hace poco alguien que puso algo así como que estos premios que nunca nos importaron ahora sí. Digo, los Premios Gardel siempre fueron premios en donde quizás artistas emergentes o con propuestas que no encajan con lo  mainstream,  nunca hubo acceso. Para mí siempre fueron premios que tampoco me interesaban, pero con esta apertura que hubo y por supuesto que el Gardel de Oro a Marilina fue una patada en todo sentido. Me parece interesante que se agite el avispero. Igual hay gente enojada, por supuesto. Pero es eso: incomodar, desarmar.

-En una entrevista donde hablás sobre la ley de cupo, me gustó una mirada tuya que decía que también te emocionaban las nuevas escenas. ¿Es así?

-Yo pienso que la ley de cupo sería muy interesante que salga, sólo falta que ahora se apruebe en Senadores. Uno se centra sólo en los festivales de rock, en donde yo y muchas otras mujeres estamos inmersas, pero hay otros festivales, de folklore, de tango, que ahí va a mover mucho y que ni siquiera sabemos porque no estoy metida en esas movidas (...) Esa ley para mi no debería ni que existir, pero sí me parece importante que suceda porque va a mover el avispero un montón. Pero también me parece importante, lo que siempre decimos con Paula Maffía el hecho del consumo responsable del arte. Como... dale, consumí responsablemente el arte, no dejes que te hagan consumir lo que te ponen adelante, lo que Spotify te sugiere. Investigá, movete, que te conmueva. Porque la música se ha ubicado ahora como la tele, como de fondo en las casas, ¿no? Entonces es eso: un consumo responsable. Están habiendo un montón de lugares que están gestando otras cosas. Por ejemplo, Casa Brandon, que es un espacio allá en Capital, que es una casa que hace más de 12 años que programan un montón de cosas diversas y ellos están haciendo festivales en las calles que la programación es increíble, donde hay de todo. Son propuestas con contenido real. Así como hay programadores y artistas que se prestan a hacer eso, hay público interesado en eso tipo de propuestas. Entonces al margen de la ley que va a mover sectores que están súper instalados, también hay que apoyar estas otras iniciativas. También surge una pregunta: ¿queremos ir a tocar a Cosquín o a nuevos festivales? A mí en lo personal no sé si me interesa participar en ese tipo de festivales.

-En la construcción de este, tu primer disco, ¿cuál fue el mayor desafío?

-Terminarlo. Aceptarlo y terminarlo. Cuando yo lo empecé a grabar no la estaba pasando bien. Empecé sola primero, haciendo todo. Y no me estaba pasando algo muy feliz. Me sentía fría, tenía frío en el estudio, como sola, hasta que sucedieron un par de cosas personales, un par de viajes que hicieron que me alinee y que ponga un poco el acelerador. También era eso, al tener estudio de grabación a veces se pueden hacer muy largos los procesos. Fue aceptar. Hubo un momento en el que me enamoré de los tracks y ahí fue un 'no hay vuelta atrás, este disco va a ser increíble'. O sea, nunca me había pasado eso con un disco, como estar enamorada del disco. Lo escucho. 

-¿Te pasa lo mismo al escucharlo y tocarlo?

-Y son dos cosas diferentes porque el disco fue un viaje muy personal. Grabé casi el 80% de todos los instrumentos y cuando toco con la banda, la banda empieza a tener una vida propia y con el aporte de las músicas que es increíble pasa otra cosa. Pero creo que el desafío fue como aceptarlo, que me guste y terminarlo. Aunque el disco suene como impulsivo hay mucho detalle trabajado. Es como un monstruo muy arregladito, digamos. Hay un trabajo muy artesanal y muy arreglado. No deja de ser igual una cosa medio loca, pero está muy arreglado, entonces soltarlo también fue un desafío. Y que la gente lo escuche. Cuando ponés subir decís: ¡uy, ahora va a estar en las computadoras de las personas! ¿Lo van a escuchar en el orden en que lo hice? Escúchenlo con auriculares, en el orden que va.

-Claro, es que es un obra completa...

-Bueno, yo milito mucho eso. Mirá que a mí me dijeron que me convenía sacar simples primero y yo decía cuál elijo, porque es muy difícil elegir uno, porque son como capítulos. Es como si vieras una película y tuvieras que elegir una parte. Bueno elegí "Los Toneles" porque están todos los instrumentos, como la guitarra de 12 cuerdas, la eléctrica, hay mucha tensión, pero después baja. Bueno elegí ese, que también es como el más hitero, pero me era imposible desmenuzarlo, no puedo. Y lo que veo es que la gente lo escucha entero.


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