Un radicalismo confundido, en busca de su identidad
Lunes, 13 de mayo de 2019Por Marcelo Torrez.

Ayer hubo elecciones a gobernador y a intendentes en Córdoba y resulta imposible abstraerse al resultado, a su significancia, a su repercusión y a todo lo que pueden influir en el contexto nacional. El holgado triunfo del peronista Juan Schiaretti sobre los candidatos del radicalismo, que llegó dividido a la contienda y que perdió, además, la capital de la provincia después de muchos años, tendrá repercusiones a nivel nacional: por un lado, la aparición en escena de un nuevo actor del peronismo no kirchnerista, como Schiaretti, irrumpiendo con fuerza y con capacidad de decisión e influencia en Alternativa Federal, se sumará con capacidad de fuego en este sector a la que ya tienen Sergio Massa, Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey y Miguel Pichetto.

Es incierto cuánto de este resultado pueda llegar a influir en la convención del radicalismo que el próximo 27 de mayo debe definir su propio futuro electoral, con Macri, enfrentado a él, pidiendo su recambio por otro candidato a presidente o sencillamente haciendo rancho aparte como algunos dirigentes han estado sugiriendo. No se sabe en verdad si el resultado de sus propios candidatos, Negro o Mestre, vapuleados por Schiaretti, definirán algunas de las opciones por las que se juega el radicalismo dentro de la coalición Cambiemos con Macri como conductor.

Pero sí resulta claro que los radicales deben discutir y definir dónde están parados porque lo que hoy reflejan es una profunda confusión entre los que están del lado de la coalición y aquellos que pretenden buscar alguna identidad y ser parte de alguna alternativa electoral que les permita salvar la ropa. Salvar la ropa es, cuando menos, retener los distritos que gobiernan, como Mendoza y Jujuy. Pero ayer perdieron una capital importante e históricamente ligada al radicalismo. Por sus divisiones internas, por mezquindades se podrá agregar, pero esa división y por ende esa derrota tiene que ver con aquello de un radicalismo en crisis, profunda, que no orienta a sus votantes y seguidores.

Por eso la convención es trascendente. Los radicales les prestan mucha atención y concentración a sus diferencias internas. Hoy son una fuerza nacionalmente extendida, con cierto poder territorial, tradicional y con fuete raigambre en la cultura política del país. Pero ciertamente se encuentran en un momento clave y particular que toda esa historia que acarrea quizás no permita visualizar y analizar en detalle lo que en verdad significa hoy. Los radicales hace tiempo que por sí no han podido conformar una alternativa electoral competitiva. Pocos de sus dirigentes, por no decir nadie, hoy discute públicamente qué es ser radical y qué significa el partido. Digamos que nadie se está preguntando hoy por su identidad: dónde está parado, qué propone, dónde está el plus, diferenciador, que puede aportar frente al PRO de Mauricio Macri con el que comparte la coalición y frente a los tantos rostros del peronismo.

Porque es evidente que al radicalismo no le alcanza por sí sólo diferenciarse del kirchnerismo a quien ha elegido, claramente, como el contrincante a vencer. Sus dirigentes pueden llegar a decir que ese espacio por sí sólo, como oferta electoral individual y pura, no existe si no es con la conjunción o el encuentro de varias fuerzas con las que compartan un objetivo en común.

El lugar que hoy ocupa el radicalismo en el escenario electoral nacional no parece ser un tema de discusión dentro de sus filas, al menos en lo público, esa es la verdad. Por eso resulta, para su supervivencia, indispensable un debate dentro de sus filas en ese sentido.

Mendoza puede aparecer, para el radicalismo, como una suerte de isla. Quizás lo sea también Jujuy y algunas de las intendencias que están bajo sus dominios. Pero en el total de universo, hoy es una fuerza disminuida, desprovista de poder real, con vida y en pie por su enorme trascendencia en la historia argentina.

El debate de fondo que debe emerger en la convención que se avecina es su rol en la vida política del país. La polarización lo ha marginado y lo tiene hoy en un rol secundario. Nadie, de entre sus filas, emerge hoy como alternativa a Cristina, ni mucho menos a Alternativa Federal. Hoy es lo que es, aún disminuido, gracias a compartir un espacio con un partido sin historia, novel, que supo en su momento interpretar el hastío de la mayoría de los argentinos cuando la sociedad ya tenía decidido otros rumbos.

La encrucijada en la que se encuentra es clave y compleja, desde ya. Si los radicales deciden reconstruirse, reinventarse, puede que le den aire y muchas posibilidades a quienes hoy parecen estar combatiendo con fiereza. Pero en realidad hace ya años que se trata de un partido casi sin rumbo y, lo que es peor, sin identidad y confundido.

Tamaño del texto
Comentarios
Tu comentario
Más de Sin Verso