Barreras difíciles de superar
Parejas interraciales, aún raras en la Sudáfrica post apartheid
Martes, 23 de abril de 2019

Durante el apartheid "hubiéramos debido esconder nuestra relación, vivir separadas o tal vez dejar el país", dice Mpho Mojapelo, un hombre negro casado con una mujer blanca en Sudáfrica.

"Somos afortunados de vivir en estos tiempos", agrega el hombre de 35 años sobre su relación con Cheryl, su esposa.

La pareja se casó en 2015 y celebró dos ceremonias, la "blanca" y la "africana", después del pago de la "lebola" (dote) y la muerte ritual de una oveja.

Sin embargo, son la excepción a la norma 25 años después del fin del régimen del apartheid, cuando Nelson Mandela fue electo primer presidente negro y prometió una "nación de arco iris".

"Aún no hay mucha mezcla en términos de relaciones", dijo Mpho, quien viste modernas botas de Dr. Martens y exhibe varios tatuajes.

"Sobresalimos demasiado", dijo con una sonrisa.

Con el tiempo, la pareja se acostumbró a concentrar las miradas, fundamentalmente por la "fascinación", dijo Cheryl, de 31 años, a las carcajadas junto a su marido.

No obstante, a veces "aún hay problemas con personas que actúan como si vivieran en su propia burbuja", dijo Mojapelo.

En una ocasión, una pareja de ancianos blancos, en un restaurante en la norteña provincia de Limpopo, les dijo en afrikaans -el idioma de los descendientes de holandeses- que eran "asquerosos".

"Tomará más de 25 años para que las cosas cambien. Pasamos por un torbellino por tantos años. No es tanto, 25 años", dice Mojapelo, quien señaló que el incidente en el restaurante "no es algo que ocurre a menudo".

Desde 1948, el gobierno controlado por blancos formalizó siglos de segregación racial.

Una de las primeras leyes, adoptada en 1949, prohibió "casamientos mixtos" entre europeos y no europeos.

División social, no racial

Para poder casarse con una persona de color diferente, los interesados debían primero cambiar su denominación racial, un surrealismo burocrático permitido por la ley.

Esa política fue eliminada en 1985, nueve años antes del fin formal del apartheid.

En esos años, la familia de Mojapelo dejó atrás la región de Soweto, una de las cunas del activismo contra el apartheid, en dirección de Roodepoort, un suburbio blanco a unos 20 kilómetros.

Según Mojapelo, su nueva escuela fue como sumergirse en "un nuevo mundo".

"En mi escuela primaria, había apenas tres niños negros. Fue cuando percibí que yo era diferente", dijo.

En tanto, Cheryl creció en Ciudad del Cabo y posteriormente en Roodepoort, y recuerda que tuvo una infancia "protegida".

"Un día un vecino, cuando yo tendría siete y ocho años, me dijo: 'viene un hombre negro, tenemos que escondernos, nos robará'. Yo no lograba entenderlo", narró.

Los dos cursaron estudios en la misma escuela, aunque en años diferentes, y se conocieron en una fiesta que un amigo común organizó a inicios de los años 2000.

"Tuvimos la misma educación, podemos conectarnos mutuamente porque crecimos en ambientes similares", dijo ella.

Si Mojapelo "hubiese crecido en Soweto toda su vida y no hablase inglés, ¿aún estaría interesado en él?", se preguntó, con los ojos fijos en él. "No hay una división racial, es una división social", añadió.

Según Cheryl, se sintieron unidos en su pasión por la poesía, antes de admitir una relación romántica.

Obra en construcción

"¿Qué dirá la gente?", se preguntó Cheryl incontables veces antes de anunciar públicamente su relación.

Según recuerda "estaba un poco nerviosa de contárselo a mis padres". Sin embargo, sus padres -británicos emigrados a Sudáfrica- aceptaron rápidamente a su novio.

"Me dijeron: 'no nos importa el color de su piel, si él te trata bien y ustedes tienen una buena relación'", recordó.

Aunque nadie en el grupo social de Mojapelo menciona la etnicidad de su esposa, Cheryl dijo que ella fue tratada de forma "diferente" a causa del color de su piel.

Por ejemplo, los padres de Mojapelo se negaron a permitir que ella lave los platos luego de las primeras visitas.

Para aún más confusión, Cheryl abandonó su apellido de soltera, Forrest, para adoptar el apellido de su marido, Mojapelo.

"Cuando marco una cita, la gente espera que yo sea negra. Pero cuando me ven llegar, se sorprenden de verme. Al teléfono, cuando digo mi nombre, empiezan a hablarme en una lengua africana", relató.

Además de inglés y afrikaans, en Sudáfrica se hablan oficialmente otras nueve lenguas locales, y más de 25 de manera informal.

El hijo de la pareja, Camden, de seis meses de edad, tiene el pelo liso, como el de su madre, pero representa un problema para sus padres cuando deben indicar la etnicidad del bebé, ya que no es ni blanco ni negro.

La burocracia "definitivamente precisa de una opción de mezcla racial", dijeron los dos al unísono.

"Tenemos que ser realistas de que los cambios, raciales y políticos, van a llevar tiempo. Es una obra en construcción", dijo Cheryl. Fuente: AFP

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