Los intendentes por sus recontra re-elecciones, Cornejo por un motivo de campaña
Viernes, 22 de marzo de 2019La Corte se encamina a declarar la constitucionalidad de la enmienda del artículo 198 de la Carta Magna provincial. Los cuatro intendentes del peronismo (Félix, Aveiro, Giménez y Righi) serán los últimos que podrán buscar más de dos mandatos consecutivos. Cornejo, a quien el PJ lo tilda de perdedor de la contienda, basará la campaña electoral a favor de su gestión en la "obsesión" de sus opositores por "eternizarse" en el poder.
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

La novela del enfrentamiento entre el gobierno de Alfredo Cornejo y los intendentes re-reeleccionistas parece haber llegado a su fin. Los cuatro jefes comunales del peronismo que resisten la prohibición por la reforma del artículo 198 de la Constitución podrán finalmente presentarse una vez más en sus comunas luego de que Cornejo -que buscó con denuedo y fruición impedírselos-, ordenara a sus funcionarios no presentar ninguna medida procesal más en la Corte, donde está radicado el conflicto, y dejar pasar las candidaturas esperando que el más alto tribunal de Justicia declare finalmente constitucional, de ahora en adelante, la promulgación de la enmienda que estipula que ningún intendente podrá aspirar a más de una reelección consecutiva en el cargo.

En términos boxísticos, Cornejo tiró la toalla y se retiró de la contienda. En términos político perdió la batalla judicial que lo tenía enfrentado con los cuatro intendentes peronistas de San Rafael, Tunuyán, Lavalle y San Martín. Sin embargo, él entiende que ganó la batalla más importante, la que se libra en la calle por el apoyo y acompañamiento de la ciudadanía que según su propia interpretación rechaza la eternización en los cargos electivos. Cornejo podrá corroborar su teoría, la que justifica con encuestas en mano, tras el proceso electoral en esos departamentos. El sueño de máxima al que se ha aferrado, es que los intendentes peronistas sean derrotados en las comunas que gobiernan y que el desgaste que sufrió por el empeño que le puso a la defensa del decreto que promulgó la enmienda del 198, lo premie con votos a favor de sus candidatos que defenderán la gestión de gobierno en las elecciones provinciales.

Pero Cornejo sabe que se aferra a una suerte de milagro. Cuando menos se tendrá que conformar que la batalla que dio puede que alguna mella les haya provocado a esos caciques históricos del peronismo, tan históricos como el radical Mario Abed (hoy precandidato a la vice gobernación) y Jorge Difonso, el massista jefe comunal de San Carlos. Pero al final de todo comprende que se trata de una empresa muy compleja para sus deseos e intereses, porque en general no sólo esas administraciones son evaluadas positivamente, también la imagen de cada uno de los intendentes es alta y porque el radicalismo, a decir verdad, no ha logrado alumbrar un candidato potente, competitivo y confiable en esos territorios. En la previa, sólo San Martín aparece como la tierra más accesible a conquistar, pero más por el desgaste de Jorge Omar Giménez, el intendente, que por la capacidad de Cambia Mendoza por presentarle una oferta potable.

Luego del fracaso de la audiencia de conciliación del miércoles, Cornejo supo de primera mano de alguno de los miembros de la Corte que el fallo sobre la constitucionalidad de la promulgación de la enmienda que había firmado en noviembre del 2018, no saldría antes del 28 de abril, la fecha de las PASO en los cuatro departamentos. Convencido como está de que en definitiva el tribunal resolverá a favor del decreto y frente a un escenario en donde el fallo se publicaría luego de las elecciones en donde se presume que los mismos intendentes saldrán airosos, con un grave conflicto institucional en puerta que le adjudicarían, decidió frenar la embestida.

El peronismo, por su parte, festeja el renunciamiento del gobernador como una victoria sobre lo que considera fue un apriete prepotente de su parte. Un intento no sólo por bajar de las candidaturas a los intendentes, sino hasta por proscribirlos. El peronismo está convencido de que libró una guerra contra el estilo autoritario de Cornejo y contra la suma del poder público que el gobernador fue acumulando cuando menos hasta el tercer año de su mandato, hacia fines del 2018. Hoy ya lo ve golpeado seriamente más que padeciendo el síndrome del pato rengo y se siente, inesperadamente, competitivo y con alguna posibilidad concreta de soñar con ganarle a los candidatos del oficialismo el control de la provincia en las elecciones que se avecinan.

Cornejo, en cambio, mira hacia fuera del círculo rojo en el que entiende se dan estas interpretaciones y visiones que por supuesto no comparte. De ahora en más le hablará del asunto a los electores de manera directa. Utilizará los medios para llegar a los votantes con un elemento más de campaña: dirá, por caso, que el peronismo lejos está de renovarse, que no ha decodificado las nuevas demandas e intentará poner bajo sospecha el apego del peronismo hacia el poder. Ayer mismo se preguntó: "No sé qué esconden, que dan la vida por una candidatura". Fue cuando volvió a cuestionar a los intendentes, criticándolos porque a su entender "se quieren eternizar". Punto de partida para una campaña que será excitante.

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