Investigación
De cómo hallar un celular te puede hacer culpable de un homicidio
Jueves, 14 de marzo de 2019
Por: Cristian Pérez Barceló

Gassimou Barry encontró un celular en una acequia, se sacó una selfie y terminó preso acusado de haber asesinado a una mujer policía, la dueña del celular. Casi dos años después se determinó que era inocente.

El caso de Florencia Peralta, tal como adelantó hace unas semanas SITIO ANDINO, es difícil de esclarecer; para colmo, los análisis de ADN en prendas de la víctima y elementos hallados en la escena del crimen, lo único que hicieron fue crear un mayor manto de duda acerca de la responsabilidad penal de los dos imputados: Damián Ortega, la ex pareja de Florencia; y Barry, el vendedor ambulante que cometió el"error" de intentar vender en las calles sanrafaelinas, porque por las deudas tuvo que cerrar su local en el persa de la ciudad de Mendoza.

Para la época en que llegó, estaban muy controladores los inspectores municipales: le incautaron la mercadería, y para zafar de algo más grave, decidió dejar todo, tomarse el primer colectivo disponible y volverse a Godoy Cruz.

Su desazón, sin embargo, se tornó en alivio al encontrar un celular tirado en una acequia, detrás de la catedral sanrafaelina: creyó que era un regalo del cielo. Terminó siendo su peor pesadilla.

Compró un chip en el quiosco junto a la terminal de ómnibus, se subió al colectivo y se sacó una selfie junto a otro africano en los asientos de un colectivo de Cata, tal como verían los pesquisas cuando salieron en su búsqueda.

Por cierto, pasaron varios meses para que alguien se diera cuenta en el expediente que el celular de la víctima había sido activado horas después del crimen. Una prosecretaria judicial, revisando el expediente, se dio cuenta de que no iba a ser posible elevar a juicio la causa, que ya parecía casi concluida, porque la rez furtiva del caso, estaba activo.

El trabajo de los expertos de la Policía de Mendoza, más la ayuda de Gendarmería y hasta de Interpol, permitieron dar con el hombre de la selfie que había compartido la foto en uno de sus varias cuentas de Facebook.

Ese dato iba a ser usado en las sospechas de la Justicia en su contra, pero él nos explicó en una entrevista que él considera clave y que concedió a Televisión Andina en abril del año pasado, que "porque soy africano, y cuando venimos de allá a un país como este, pueden creer que tenés todo el dinero del mundo por ver en tu face que estás bailando en un boliche o comiendo en un restaurante; entonces, tenía un face para mi familia, otro para mis amigos, uno que había olvidado la clave, y tengo otro donde creen que estoy libre".

Los pesquisas lo fueron a buscar a El Jagüel, provincia de Buenos Aires, donde tenía un local de venta. Ya había pasado un año del crimen, un año de que él había hallado el celular y se había sacado la "maldita" foto.

A Gassimou (uno de sus nombres, porque al ser musulmán, también se hace llamar Alhassimou), lo encontraron lo siguieron hasta de Interpol, y lo encontraron en un quiosco en Rosario, donde había ido a visitar a su pequeño hijo.

Ahí "me enteré que me buscan por un teléfono Samsung Core; y me acordé que tuve un teléfono así".

No fue muy certero acerca de su visita a San Rafael, pero sí fue sumamente detallista ante el juez Pablo Peñasco cuando fue llevado a la justicia del sur mendocino.

Algunos vieron en eso también algo sospechoso; sin embargo, su relato lo sostuvo siempre, incluso a mediados del año pasado cuando se prestó a reconstruir el recorrido que hizo desde la municipalidad hasta la terminal, pasando por la acequia de la catedral.

Barry tuvo otras circunstancias que le complicaron la situación judicial. Justamente, unos meses antes del hallazgo fortuito del teléfono: la investigación verificó que en el aparato con IMEI (especie de DNI de los celulares) de Florencia, al día siguiente de su muerte, alguien había colocado un chip con un número de Mendoza, y comenzaron a verificar los movimientos en redes sociales que hicieron desde ese número: así dieron con el africano.

Un antecedente penal no lo favoreció para nada: el titular de la Fiscalía 2 de Instrucción en Godoy Cruz, Horacio Cadile, había firmado un requerimiento de elevación a juicio contra Barry porque el 15 de agosto de 2016 , había discutido con su pareja, Claudia Rosa, y casi la estrangula en el baño.

Ese antecedente le jugó en contra al africano porque justamente a la dueña del celular la asesinaron tomándola del cuello, apretándolo hasta asfixiarla, el 13 de setiembre de 2016; es decir, un mes después de aquel episodio de Barry con su mujer.

Y lo que fue aun peor para el sospechado, es que el amigo africano con el que se había sacado la selfie en el colectivo, negó en su testimonial que él le hubiera mostrado o dicho que se había encontrado el celular.

Encima, un testigo de identidad reservada había generado un manto de sospecha acerca de unos africanos de alguna manera vinculados con familiares del otro imputado, Ortega.

Lo llamativo fue que, más allá de estas sospechas que ponderó el juez Peñasco para ordenar la prisión preventiva de Barry; en forma paralela dejó otra imputación contra el africano, no fuera cosa que la tenencia del celular tuviera más que ver con un encubrimiento en favor del o los verdaderos asesinos de la mujer policía Peralta. Así que el juez, por las dudas, lo inculpó de "encubrimiento por receptación de cosa de precedencia sospechosa, agravado por haberse tratado de un hecho precedente especialmente grave".

Gassimou nunca entendió que lo acusaran de un delito y, por las dudas que no fuera hallado culpable de ese, le imputaran otro.

Como las decisiones judiciales suelen demorarse demasiado cuando las distancias son 240 km entre San Rafael y la Capital provincial; el pedido elevado por Peñasco para contratar (por casi 700 mil pesos) a un perito en telefonía, recibió la habilitación correspondiente, llegaría con varios meses de retraso, el tormento de Barri todavía le iba a durar mucho más; pero al menos, conseguía que le morigeraran el régimen de prisión, y lo mandaron a una solitaria domiciliaria, en un inmueble de un abogado sanrafaelino.

Pues bien; cuando se hizo la pericia, no sirvió de mucho para esclarecer lo sucedido. Se analizaron los movimientos de los celulares de la víctima, de la ex pareja de esta, de Barry y de un par de policías más, el día del crimen. No arrojó resulto alguno que valiera la pena.

Igualmente, primer punto a favor del Gassimou.

Y como de demoras hablábamos, nadie se explica por qué dos años y medio después del crimen, alguien decide cotejar algunos elementos de la víctima y la escena del crimen, con los ADN de los acusados. Dieron todos negativos. Segundo round ganado por el africano.

Ya no había más pruebas que reunir. No había nada concreto en contra de Barry, y de allí que ayer lo sobreseyeran.

Pero todo este derrotero de la sucesión llamativa de circunstancias adversas, más la complicada investigación de la causa, a lo que se agregan la amañada causa a dos puntas que le abrieron en su contra, y los extraños tiempos de la Justicia, es lo que explica que este "negrito rapero", tuviera dos años en prisión sin tener nada que ver con un homicidio.

Claro que hay dos preguntas que surgen de esta historia:

¿A quién se le puede ocurrir que alguien que supuestamente mató a una mujer para robarle el celular, va a sacarse a las pocas horas una selfie y subirla desde ese mismo teléfono a las redes sociales?

Conociendo el calvario de Barry, ¿alguien se quedaría con un celular hallado en la calle sin saber si es una prueba clave en una historia criminal?

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