Opinión
Una Vendimia sin ilusiones
Domingo, 10 de marzo de 2019Por Marcelo López Álvarez.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Si una semana de tres días nos depara los sobresaltos de esta, qué será de lo que nos resta del año. Ni siquiera nuestra querida Vendimia se puede abstraer de la complicada situación de la macroeconomía nacional, que se suma a la crisis que vive el sector.

Una de las primeras cosas que llama la atención de estos tres días, es la notable falta de previsión del gobierno y su equipo económico sobre lo que venía. El mundo le dio 48 horas de ventaja a la Argentina, mientras acá disfrutábamos del Carnaval, los mercados internacionales tiraban por la borda los bonos argentinos y el indicador de Riesgo País se disparaba otra vez. Sin embargo, el equipo económico que tiene como principales figuras al escritor de libros infantiles Guido Sandleris y al panelista de TN Nicolas Dujovne, consideró que no pasaba nada o quisieron considerar que no pasaba nada.

Recién el viernes y ante el ya inevitable traslado a precios de la escalada del dólar, decidieron retocar la vieja receta de secar la plaza para evitar que continúe el avance del dólar y a su vez evitar que la inflación crezca por la falta de consumo, desdoblando la licitación de LELIQS en dos tandas a las 11 y las 14.

El mejor equipo lleva tres años probando una receta que fracasó con las LEBACS y va camino a un fracaso más estrepitoso con las LELIQS. No es posible creer que el interés de los pequeños y grandes ahorristas por ganar en pesos será para siempre, pudiendo maximizar esa ganancia en dólares. Pero además es de manual que los capitales especulativos nunca llegan para quedarse si no, no serían especulativos, pero parecen ser sabidurías que están lejanas en el pensar del equipo económico.

No es nuevo que hay conocimientos que escapan a la lógica del equipo económico y de los mapas que le traza el FMI, que tienen un solo objetivo un dólar alto que supuestamente mejore la balanza comercial con economía interna estancada para que haya dólares para pagar los intereses de la deuda.

No es la primera vez que se intenta este modelo en la Argentina, un dólar alto para mejorar el rendimiento de las exportaciones primarizadas, mercado interno estancado al máximo para no tener que apelar a importación, pero el resultado es siempre el mismo: el estallido de ese modelo porque no es sustentable para un territorio con población importante, con nutridas y diversas economías regionales y una historia industrial detrás.

Vale la fecha para trazar el panorama de la industria madre de Mendoza que no logra recuperar competitividad ni siquiera con las sucesivas devaluaciones que llevaron el dólar de 10 a 40 en tres años de esta gestión.

Infinidad de veces en este espacio, incluso en la campaña electoral de 2015, escribimos que la devaluación por sí sola no solucionaba ninguno de los problemas de competitividad de la industria vitivinícola porque la problemática era pluricausal.

La vitivinicultura está entre las producciones e industrias regionales que el centralismo porteño y ceocrático de este gobierno no entiende. Lo sufren los productores no solo con las decisiones de política económica, sino también con la camada de nuevos gerentes de las bodegas transnacionalizadas o que quedaron en manos de capitales argentinos formados en la pampa húmeda, que no comprenden ni los ciclos, ni la cultura, ni la complejidad de la industria del vino.

La devaluación mejora precios relativos para salir al exterior, pero rápidamente se pierde por la fuerte dolarización de insumos que tiene la industria y que este gobierno completó con energía y combustibles.

La verdad de estas afirmaciones que venimos sosteniendo desde hace mucho tiempo se ratificó el miércoles en la mañana durante la presentación del índice de competitividad por parte de CONINAGRO en la Enoteca mendocina.

Allí, con la presencia del presidente de la entidad cooperativa nacional y de legisladores nacionales, los especialistas de Ecolatina -la consultora que preparó el informe- se mostró en gráficos y números que de 2017 a 2018 la competitividad cayó un 1,6% de manera general, siendo mayor en el último trimestre del año pasado. Incluso, si se comparan los últimos trimestres de 2017 y 2018, se observa una caída del 3,4%.

Marzo arranca con una Vendimia deslucida, con casi nula presencia de funcionarios nacionales, sin respuestas institucionales, mesas de competitividad que ya casi no existen , una economía llena de preguntas sin respuestas y funcionarios que confían solo en el manual de la ortodoxia ya marchita e incapaz de resolver los complejos problemas que presenta un país tan vasto y diverso que no entra en la matriz de pensamiento de quienes deberían tomar las decisiones.

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Comentarios
Jorge
10-03-19 09:20
Buena nota. Los demás silencio cómplice.
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