Macri versus Cristina: la Argentina desgarrada por una lógica binaria perversa
Jueves, 7 de febrero de 2019
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En su columna habitual de todos los días en el programa Sin Verso, que se emite por Radio Andina 90.1 de lunes a viernes de 7 a 10, el periodista analiza la actualidad local y nacional. Aquí la columna completa. 

Tras las dos definiciones políticas de alto impacto que tomó el gobernador Alfredo Cornejo, tales como el desdoblamiento de las elecciones en la provincia separadas del cronograma nacional y la apuesta de Rodolfo Suárez como candidato a sucederlo por sobre quien era su preferido, Martín Kerchner, se abre un período de relativa calma en el oficialismo hasta, cuando menos, la Vendimia, momento en el que los radicales mendocinos en el gobierno desplegarán y mostrarán todo lo que tienen para una nueva campaña que se jugará, casi sin duda alguna, en el terreno de los temas nacionales más que provinciales. Esto pese, incluso, al esfuerzo que hará Cornejo y su gente, más Suárez desde ya, por llevar la discusión al plano de los asuntos puramente mendocinos.

Le será complejo y tremendamente embarullado al oficialismo mendocino despegarse del clima nacional. El desdoblamiento tiene un claro objetivo y fin: el de circunscribir la elección a gobernador pura y exclusivamente dentro de los límites de la provincia. Y claro está que, más allá de las declaraciones de rigor que van en la línea de lo políticamente correcto, ese desmarque de Cornejo de la nación es obvio que no ha sido la mejor noticia para el presidente Mauricio Macri. Por más que se divulgue que entre ambos, Macri y Cornejo, emergió un acuerdo, que hablaron, que se entendieron y comprendieron. Y no habrá sangre derramada, ni mucho menos un quiebre. Porque de la relación entre ambos depende la salud interna de Cambiemos frente -creen los dos también-, a lo que será una segura candidatura de Cristina Fernández en un todo o nada contra Macri y con buena parte del peronismo detrás suyo, si no es todo, para resolver definitivamente las cuentas que quedaron pendientes de aquella elección del 2015.

El clima adverso y polarizado que se vive a nivel nacional ha llevado a la mayoría de las provincias y las intendencias de todo el país a buscar reparos en sus pagos chicos. La excepción está en ese tándem que representa el PRO en CABA y la provincia de Buenos Aires que seguirán, también en un todo o nada, la suerte y el destino de su jefe político, el presidente.

El núcleo duro del PRO, animado por el duranbarbismo, se excita y enfervoriza ante el enfrentamiento que se avecina entre Macri y Cristina. El radicalismo, socio de Cambiemos, lo sufre. Gerardo Morales, de Jujuy, seguramente también tomará el camino de Cornejo en esto de separarse del cronograma electoral nacional. Por allí pasan las más marcadas diferencias que tienen dentro del matrimonio que derrotó al kirchnerismo en el 2015. ¿Y en el PRO qué dicen frente a esta realidad? Pues muestran los números que reflejan que entre Macri y Cristina suman casi el 70 por ciento o un poco menos de las adhesiones en las que se divide el país.

La agenda del gobierno nacional alimentó desde el vamos esa grieta. Por qué caen las gestiones oficialistas, como la de Cornejo en Mendoza, cuando se las asocia a Macri y al gobierno nacional. Porque, separando las visiones ideológicas fanatizadas que apoyan o a Macri o a Cristina, el resto, digamos que los sectores medios, aquellos que sueñan con el país normal, con que la economía se recupere y normalice, con que la inflación comience a retroceder, el comercio se tonifique y el empleo se fortalezca, no están siendo representados por la agenda que desplegó en tres años de gobierno la administración de Macri.

Y es allí, en esos vastos sectores, que la ancha avenida del medio de Massa y compañía, tampoco supo contener, es donde tanto Macri como Cristina encontrarán su salvación o su condena. Pero no por méritos propios, sino más bien por el rechazo que provocan. Por eso se especula, y mucho, que el voto nacional de la elección crucial que se avecina nos mostrará un partido en contra del otro, más que a favor del nuestro.

Es el reflejo de tres años y fracción perdidos. Tres años y fracción que perdió Macri, aunque se imponga en la batalla final contra Cristina, si es que se configura esa foto que el PRO está imaginando y con la que sueña. La administración nacional nunca se asumió como un equipo de transición hacia la normalidad. Y ese error capital lo estamos pagando todos. Una inmensa mayoría que quiere dejar atrás la lógica de un pensamiento binario que, como se planteó en la Argentina, atrasa, definitivamente.

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