Opinión
Voluntarismo versus realidad
Domingo, 16 de diciembre de 2018Por Marcelo López.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

La repetición parece ser la norma, no hay excepciones siquiera, en la catarata de datos pésimos de la economía que se acumulan con una obcecación que al Gobierno le cuesta entender.

Tanto voluntarismo acumulado por funcionarios y escribas de turno ni siquiera tuvo como recompensa el índice inflacionario por debajo del 3%, como pregonaron día a día durante todo el mes, tratando de convencernos y convencerse.

El índice inflacionario es consistente con los indicadores de pobreza que dio a conocer la Universidad Católica Argentina que (a pesar de sus cuestionables métodos) estos dirigentes en el gobierno tomaron como sagrados durante la gestión anterior, por lo que ahora son palabra santa e incuestionables para medir el fracaso de esta administración.

Los números no son ni de derecha ni de izquierda, ni K ni M, son números. Lo que sí tiene color o filiación es la interpretación y las medidas que se toman a partir de ellos y es aquí donde comienzan a tallar los problemas para el Gobierno Nacional, que sigue en sus trece de mantener una política económica que llevó a agregar dos millones de pobres en un par de años -como ya explicamos aquí- a partir de la transferencia fenomenal de recursos desde los deciles más bajos de ingresos a los más altos de manera escandalosa.

Cruzar dos datos de esta semana como los índices de pobreza con el informe de ganancias de entidades financieras brindado por el Banco Central, transforman en verdad incuestionable que la decisión política es transferir de abajo hacia arriba y que la teoría del derrame volvió a fracasar estrepitosamente una vez más. Se puede afirmar ya con datos ciertos que lo único que se derrama es pobreza y postergación sobre los laburantes y clase media que ve mermar sus ingresos reales en forma notable mientras se los asfixia con aumentos de impuestos y servicios rayanos con la inflación venezolana.

Desde diciembre de 2015 el gas aumentó el 3.008 %, la electricidad 2.136 %, el agua 515% y se multiplicaron por 2 los contribuyentes del impuesto a las ganancias, mientras el salario promedio de la economía argentina cayó el 22% y la jubilación mínima perdió un 18,5%. Todos estos datos surgen del balance del Centro de Economía Política Argentina sobre los tres años de gestión del gobierno de Cambiemos.

Los números oficiales del IPC del INDEC ayudan a entender un poco más estas variables y también a comprender por qué el ciudadano de a pie siente que el impacto es mayor.

Los rubros que más consume cualquier familia en la amplia canasta del IPC son los que precisamente subieron por encima de la media. Así salud, alimentos y bebidas y transporte son los que encabezan la inflación y a medida que decae el poder adquisitivo, adquieren más relevancia en el porcentaje del gasto total de una familia.

Pero los datos duros muestran que el aumento exponencial de los índices de pobreza, la caída vertical del poder adquisitivo y el consumo son solo un eslabón de la cadena del único derrame que le funciona al Ejecutivo, el de la postergación y la crisis.

Una encuesta entre 600 PyMEs de la gremial Empresarios Nacionales para el Desarrollo Argentino (ENAC) reveló que estas están utilizando solo el 51,4% de la capacidad de producción instalada y un tercio de los empresarios ve un escenario "muy malo" para sus ventas con caídas superiores al 30% Otro tercio de los consultados tuvo caídas de 30%. En tanto que un 55% de los encuestados prevé caídas en sus ventas superiores al 10% para esta última parte del año.

Hace más fácil entender el modelo político económico en marcha, si se cruza esta catarata de datos con los que comunicó el BCRA sobre la perfomance de las entidades financieras instaladas en la pródiga república de las Leliq, las Letes y las devaluaciones.

Los bancos en los primeros 10 meses de este año acumularon la mayor ganancia desde el 2013, lo que ajustado por inflación es un 19% mayor que el año pasado. Solo en octubre ganaron poco más de 19 mil millones de pesos, un 50% más que en septiembre.

El decálogo de buenas intenciones que el Gobierno expresa en cada declaración oficial u oficiosa remarca un nuevo Dorado que llegaría milagrosamente en la cercanía de la fecha electoral.

Sin embargo, la contundencia de los datos económicos, el análisis de los eventos próximos y el comportamiento de los actores en situaciones similares preanuncia más el efecto rebote del gato muerto que una real recuperación de algún factor económico. Lo factores de arranque de año no permiten vislumbrar nada de lo que imaginan los funcionarios.

De enero a abril -por lo menos- el contexto poco parece ayudar: presión inflacionaria de vacaciones y comienzo de clases, aumentos de tarifas y combustibles ya programados, tasas aún en niveles altísimos, pagos de deuda por 20 mil millones de dólares y la tradicional presión devaluadora de los sectores agroexportadores al comienzo de la liquidación de la cosecha gruesa.

Los famosos mercados internacionales aún no decretan la salida en masa de sus capitales (quizás confiados en la ayuda del FMI para el próximo año) pero advierten con el índice riesgo país que no están dispuestos a prestar un solo dólar a la Argentina.

Pero no es solo la desconfianza y la volatilidad mundial la que condena a nuestro país, sus políticas de destrucción del mercado interno y competitividad siempre cambiante espantan a los inversores. ¿Quién querría invertir en un lugar donde nadie compra y tiene dificultades para exportar cualquier otra cosa que no sean granos?

En la semana el francés Pierre Salama, profesor emérito de la Universidad Paris XIII y uno de los más reconocidos economistas heterodoxos, aseveró que "Todos en el mercado financiero consideran que Argentina está cerca del default. No hay aquí ningún secreto. El tema es saber cuándo y de qué manera se efectuará. Si con una decisión unilateral, de forma brutal, o con negociaciones previas".

Si sobrevuela la sensación de que Argentina no podrá hacerse cargo de las deudas tomadas por esta gestión, si los mercados siguen creyendo que Argentina es un casino de paso al cual solo vale prestarle para garantizar el recobro de dividendos, la recuperación es una quimera insostenible y el año electoral un gran concurso de interrogantes. 

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