Las idas y vueltas de los, hasta ahora, sólo cuentos chinos
Lunes, 3 de diciembre de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En su columna habitual de todos los días en el programa Sin Verso, que se emite por Radio Andina 90.1 de lunes a viernes de 7 a 10, el periodista analiza la actualidad local y nacional. Aquí la columna completa. 

El miércoles 13 de noviembre del 2013, el por entonces gobernador de Mendoza Francisco Pérez, en medio de la segunda gira que haría durante su gobierno por China, visitó en Beijing al presidente de la considerada empresa china más importante, por entonces, en el rubro de la construcción de trenes de alta y media velocidad, tanto de cargas como de pasajeros. A Zheng Changhong, el titular de CSR Qingdao Sifang, Pérez le entregó en manos las carpetas que contenían el proyecto de resucitación del PASIP, en Palmira, ese plan de logística ferroviaria que siempre se quiso reactivar en esa ciudad de San Martín, al este de Gran Mendoza.

Pérez estaba eufórico particularmente en aquella jornada. Es que el funcionario chino, que lo había escuchado con atención, le terminaría revelando y asegurando que el segundo de la compañía, que se encontraba por entonces en Buenos Aires, haría un viaje no previsto en su agenda hasta Mendoza para ver las instalaciones del PASIP y analizar la propuesta del gobernador mendocino, consistente en que CSR instalara en el predio mendocino una fábrica de vagones para proveer desde allí no sólo a todo el mercado interno argentino, sino al resto de Latinoamérica. El gobernador intentó entusiasmar a su interlocutor comentándole que el PASIP, en algún momento, durante sus tiempos de gloria, se había convertido en el segundo taller más grande de trenes del país. Al mes, tres representantes chinos pasarían discretamente por el PASIP para revisar sus instalaciones. Al poco tiempo trascendería que no los había conformado.

En realidad, la movida de Pérez, durante aquella misión en China, la segunda que haría a lo largo de su gobernación, escondía una esperanza y un secreto interés oculto: ganarle la pulseada a la provincia de Buenos Aires que, por intermedio de quien era el ministro de Transporte del kirchnerismo, Florencio Randazzo, intentaba convencer a los chinos para que instalaran su fábrica latinoamericana en la más importante provincia de Argentina. En efecto, dos meses antes del encuentro de Pérez con Changhong, en Beijing, Randazzo había pasado por la misma empresa durante una misión nacional al gigante asiático, con un pedido expreso de Cristina Fernández: que montaran su fábrica en Buenos Aires, para un país que contaba con 74 mil kilómetros de vías férreas y con aproximadamente un diez por ciento de ellas en estado operativo.

Las crónicas que reflejaron el contacto entre Randazzo y Changhong, contaron que el ministro les pidió que vinieran a nuestro país "para realizar transferencia de tecnología y capacitación". El chino, de acuerdo con lo que publicó Infobae, le respondió estar dispuesto "a instalar una planta en la Argentina" con la condición de sumar un socio de este país y siempre y cuando el gobierno de Cristina Fernández le encargara la construcción de una partida de trenes. "No existe el amor, sino las pruebas de amor. Ya les hemos comprado 709 coches", le devolvió Randazzo. Tanto la gestión de Pérez, como la de Randazzo con los chinos, se terminaría diluyendo para terminar en nada.

Este último fin de semana, durante el G-20 en Buenos Aires, se volvió a poner la atención en un extraordinario encuentro bilateral entre Mauricio Macri y el presidente chino Xi Jinping, que fue el único de los líderes, de todos los que desfilaron, que llegó a la Argentina en el contexto de una visita de Estado, promovida especialmente por Macri. Ambos firmaron el domingo una treintena de acuerdos y compromisos. Entre ellos la renovación del swap (intercambio de monedas) por 9 mil millones de dólares que rige desde la época de Cristina y entre los más importantes uno por el cual se promete que, otra empresa china, la China Railway Construction Corporation (CRCC), se encargará de la renovación de la línea del Ferrocarril San Martín (de carga), que une Palmira precisamente con Buenos Aires y Rosario. Se prevé una inversión de 1.089 millones de dólares y su construcción está prevista que arranque entre 2019 y 2020.

El antecedente de este nuevo acercamiento y compromiso de inversión por parte de los chinos hay que buscarlo un año y medio atrás, cuando Macri visitó a Xi Jinping en China. En apariencia, hicieron borrón y cuenta nueva de todo lo que se había negociado durante el kirchnerismo y ambos alumbraron lo que firmaron este domingo. El plan pretende recuperar definitivamente el transporte de cargas por tren para el país e incluye, para su financiamiento, un préstamo preferencial del 3 por ciento anual a pagar en 20 años. El plan abarca la renovación completa de 1.626 kilómetros de vías, 120 puentes, 1.600 kilómetros de señalamiento y 400 pasos a nivel, de acuerdo con lo que publicó en su página oficial la Casa Rosada, en mayo del 2017, tras la visita de Macri a China.

El reciente nuevo acuerdo con los chinos incorpora otras novedades para Mendoza, como un programa para exportar cereza del sur del país y del Valle de Uco y un apoyo de ambos países para fortalecer lo que la reciente misión mendocina junto con ProMendoza han cerrado en los primeros días de noviembre: las plataformas o hub logísticos que Mendoza ya tiene operativos en Shanghai y en Guangzhou.

A todo esto, se suma otro financiamiento chino que impacta en Mendoza. Tiene que ver con la variante Desaguadero que construirá Cartellone, con una inversión de 250 millones de dólares.

Al término del G-20, se coincide en general que el gobierno de Macri ha respirado aliviado. Incluso, alentado por las declaraciones que dejó la mayoría de los líderes que rescataron la organización, en parte la firma del documento que incorporó una suerte de tregua en la guerra comercial entre Estados Unidos y China y que no se hayan registrado incidentes o desmanes alrededor del encuentro como ocurre habitualmente.

Pero hay que ser cautelosos y evitar los desbordes de entusiasmo. La Argentina va de banda en banda, de extremo a extremo si se quiere, en todo y en el ánimo colectivo mucho más. Por eso el recuerdo del pasado reciente que se hace referencia más arriba. Administrar el entusiasmo, esperar y no olvidar las tantas frustraciones que nos ha terminado por destrozar la capacidad de sensatez y de racionalidad que necesitamos para saber dónde estamos parados.

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