Opinión
Mendoza a la conquista de China, pero los chinos están en la revolución 4.0
Lunes, 19 de noviembre de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En la cadena de hoteles Westin, instalada y con fuerte presencia en las principales capitales de China, el servicio a la habitación está en manos de la robótica. Cuando cualquier pasajero solicita al servicio del hotel el envío de cualquier bien necesario, ya fuese una simple afeitadora o una plancha en el caso en que falte en el cuarto, a los pocos minutos lo llaman por teléfono y le indican que abra la puerta porque su encargo lo espera en el pasillo, frente a su habitación. Provoca impacto, sorpresa y hasta incredulidad para cualquier pasajero inadvertido el encontrarse con un robot que le indica que presione uno de sus botones con que cuenta en el panel frontal, para que de inmediato se abra un estante y quede a su disposición lo que solicitó. Esa imagen, junto a los varios robots que circulan por el lobby de estos hoteles aspirando papeles y pelusas de los pisos, configuran una parte muy pequeña, como un botón de muestra, del mundo que ya tenemos frente a nosotros.

En pocos días más Argentina será sede del encuentro de los principales líderes del mundo en donde Donald Trump de los Estados Unidos y Xi Jinping de China, se transformarán en los líderes indiscutidos del cónclave luego de la guerra comercial que desató el norteamericano una vez que accedió al poder. La contradicción en cuanto a las políticas que ambos países implementaron en relación a la economía global ya no sorprende a nadie. Pero bien vale la pena recordar que Estados Unidos decidió una ofensiva proteccionista sin antecedentes en la capital del mercado libre mundial y que China, por el contrario, dispuso abrirse de manera inédita. Su presidente, Xi, viene de anunciar hace pocos días, en la inauguración de la feria de importadores más grande que haya organizado su país, que ha dispuesto hacerle cambios a su fuerte ofensiva expansiva y de apertura: prometió comprar productos por 40 billones de dólares durante los próximos 15 años. Una declaración de fuerte impacto, porque uno de los aspectos por los que más se ha criticado al gigante de oriente, claro dominador comercial del sudeste asiático, han sido precisamente sus políticas exportadoras, incursionado en el mundo del acero que es lo que a Estados Unidos más le ha preocupado en los últimos tiempos. Ahora China, dice Xi Jinping, se prepara para convertirse en el principal destino de las ventas de todos los países del globo que tengan interés en comerciar con ella.

En Buenos Aires afirman que el presidente Mauricio Macri, anfitrión del encuentro del G20 que por primera vez se realiza en Sudamérica, tiene como objetivo transformarse en el puente para ambos presidentes y que por esa vía y en esta oportunidad, al menos acuerden comenzar una etapa de diálogo entre ambos, aunque no se prometan nada. Si se llegan a sentar juntos compartiendo una mesa y retratarse el encuentro, Macri, desde lo político, se habrá prendido una cucarda en el pecho y quizás el mundo se lo reconozca.

Pero al margen de estas elucubraciones de tinte político que pocas veces se traducen en resultados concretos que puedan beneficiar a los argentinos, la oportunidad del G20 y la llegada del líder chino por estas tierras viene bien para observar con miradas locales cómo se está moviendo el país que hace temblar el poderío comercial y económico de la considerada primera potencia, como es en verdad Estados Unidos.

China importará mercaderías y servicios en los próximos 15 años, 30 billones de dólares en mercancías (alimentos básicamente) y 10 billones en servicios de tecnología puntualmente. Así lo anunció Xi. También aseveró, que el cerrarse al mundo es una estupidez que conduce al atraso y que la economía de su país no es como un lago o un estanque al que cualquier tormenta lo puedan afectar, sino más bien que se trata de un océano al que las tempestades no le harán daño, porque, dijo, "la economía china es imparable, no cerrará sus puertas al mundo, sino que por el contrario las abrirá aún más". Una clara referencia a Estados Unidos.

Todo el mundo, con la excepción de los Estados Unidos, está dándole la bienvenida a China al comercio mundial. Se celebra incluso la decisión de hacer descender el superávit comercial que la ha hecho merecedora de fuertes críticas. Argentina ha llegado a China y a la feria de Shanghai que finalizó días atrás con alimentos y Mendoza lo ha hecho con vinos. Pero China hoy está mirando lo que se considera la revolución 4.0. Tampoco esto significa que, a la provincia, particularmente, le vaya mal en esta apertura de compras que iniciará China. Sólo se trata de una descripción de por dónde pasa el mayor interés de los chinos.

El periodista especializado Zigor Aldama, que escribe para el suplemento Retina del diario El País, ha escrito recientemente que "aunque los sectores agroalimentario y servicios tienen una presencia notable, el principal foco (hoy en China) está puesto en la tecnología. Sobre todo, en la robótica industrial y en el equipamiento médico avanzado, uno de los sectores que Xi ha prometido abrir al mundo. La reciente feria de Shanghai ha estado repleta de robots. Pero no de los que imitan la forma y el comportamiento humanos, sino brazos mecánicos, máquinas que llevan objetos de aquí allá y extraños artilugios destinados a disparar la productividad eliminando puestos de trabajo: desde una cafetera industrial hasta montacargas autónomos".

"China quiere liderar la revolución industrial 4.0. Para ello necesita una maquinaria pesada cuya tecnología todavía no controla, y también cientos de miles de robots para cuya producción no tiene suficiente capacidad. Por eso, creemos que, si el discurso de China es sincero, a las empresas extranjeras que estamos a la vanguardia se nos abrirán multitud de oportunidades", le dijo Hiroshi Takeda, de la firma japonesa Nachi, al suplemento del diario español.

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