Torrez en Andina: La iglesia y su injerencia en la vida de los argentinos
Martes, 23 de octubre de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En su columna habitual de todos los días en el programa Sin Verso, que se emite por Radio Andina 90.1 de lunes a viernes de 7 a 10, el periodista analiza la actualidad local y nacional. Aquí la columna completa. 

La reciente misa protagonizada en la basílica de Luján con la presencia del sindicato de Camioneros que lidera Hugo Moyano, más un grupo de políticos vinculados con sectores del peronismo y del kirchnerismo claramente opositores al gobierno de Mauricio Macri, volvieron a colocar a la iglesia argentina en el blanco de todos los dardos que se lanzaron en el escenario político como consecuencia de un acto público, multitudinario y con el claro objetivo de jugar fuerte en la vereda contraria de la que camina la administración nacional.

Está claro que en un Estado de Derecho todo el mundo puede expresarse como quiera y situarse en el lugar que se quiera frente al oficialismo y a la oposición. Que cada quien o cada cual profese la religión que quiera forma parte de la vida democrática, más en un país en el que hemos decidido hace tiempo aceptar la libertad de culto, incluso aceptar que hay quienes no creen en las religiones, ni en un Dios, ni nada que se le parezca.

Pero es indudable que cuando una institución de prestigio, como el lugar que tiene la iglesia en la Argentina, se entromete o se presta para ser parte sustancial de la organización de un acto con evidente objetivo político, está claro que produce consecuencias de las que la misma iglesia se tendría que hacer cargo. Porque nada es inocuo, y todos los actos públicos tienen sus efectos. Y nada, claro está, es inocente cuando se trata de política.

Hacía muchos años que la iglesia no pasaba a ser parte del centro de discusión en los temas trascendentes e importantes del país. Lo que no significa que a lo largo de todo el Siglo XX no se haya mezclado y haya sido parte de los acontecimientos más espectaculares que se hayan protagonizado en el país. Desde aquellos enfrentamientos con el gobierno de Perón; pasando por su participación comprometida y cómplice de la sangrienta dictadura militar; su posterior oposición o rechazo en parte a los preceptos democráticos, de respeto y de libertad que pregonó el gobierno de Raúl Alfonsín en los primeros años de la recuperación de la democracia; su alianza estratégica con la administración de Carlos Menem; o aquel enfrentamiento que también protagonizó con los Kirchner en la primera parte de sus gobiernos, hasta por su posterior acercamiento político y estratégico. Cada movimiento de la iglesia ha perseguido un fin específico, siempre y nunca ha sido inocuo. La iglesia siempre buscó protagonizar la vida política del país, influir y lograr objetivos concretos aprovechándose de su profunda penetración transversal en todos los sectores que ha tenido, a vez más o tras menos, pero de forma clara y expresa desde la llegada de los españoles a esta parte.

El debate por el aborto legal en el país la volvió a poner en el centro de la escena con su militancia cerrada y directa en contra de la sanción de aquella ley que pretendía la legalización de la interrupción del embarazo. Precisamente aquel debate, que dividió al país, le permitió a la iglesia involucrarse en otro tema tabú y escabroso, como el de la educación sexual en las escuelas. Argumentando que una buena educación sexual posibilitaría prever situaciones tan dolorosas y por nadie queridas como la de llevar adelante un aborto, la iglesia pareció asumir, en parte, una posición en cierto grado progresista reclamando el impulso a la educación sexual. Pero en verdad todo pareció ser parte de una estrategia, política desde ya, para conseguir el objetivo de evitar la sanción de la despenalización del aborto.

Esto se supo más adelante, cuando en los primeros días de octubre la Comisión Episcopal de Educación Católica y la Comisión Episcopal de Laicos y Familia, emitió aquel comunicado que tituló "Si a la educación sexual" por el que se opone a un cambio que se impulsa en la ley de educación para eliminar del texto que les permite a las comunidades educativas adaptar el sistema de educación sexual a la orientación de cada uno de los establecimientos.

Dice el texto, en uno de sus párrafos: "La escuela pública en general y la católica en particular, pueden apoyar la insustituible tarea y derecho que tienen los padres a la educación sexual de sus hijos e hijas, con elementos teóricos, científicos y pedagógicos, aprovechando el hecho de que los niños, niñas y adolescentes pasan mucho tiempo en las instituciones educativas. Sin embargo, es muy importante que los chicos y chicas reciban en la escuela un mensaje coherente, alineado, complementario, respecto de aquel que reciben en el hogar. En ese sentido, la educación sexual integral debe respetar la libertad religiosa de las instituciones, y la libertad de conciencia, derecho sagrado e inalienable que debe ser siempre custodiado"

La Ley de Educación Sexual Integral fue sancionada en el 2006 y su implementación no ha salido del estándar de tumbos tras tumbos, de idas y vueltas y en ese contexto la iglesia se negó a su implementación en los colegios de su jurisdicción. Hoy el tema está otra vez en la agenda. Y desde la política parlamentaria por supuesto que cada sector especula. Ahora bien: qué educación sexual queremos para nuestros chicos, es un debate que todavía nos debemos, de fondo, en el país. Y sobre educación, una de las obligaciones ineludibles que debe prestar el Estado, preguntarnos cuál es la que queremos y pretendemos y cuánto tolerar o permitir de las incumbencias religiosas.

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