Torrez en Andina: La bitácora del delito
Martes, 18 de septiembre de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En su columna habitual de todos los días en el programa Sin Verso, que se emite por Radio Andina 90.1 de lunes a viernes de 7 a 10, el periodista analiza la actualidad local y nacional. Aquí la columna completa. 

El 7 de setiembre del 2015, Oscar Centeno, un jujeño de 63 años, formado en círculos castrenses, de profesión chofer, con un trabajo confirmado en la municipalidad de Berazategui de la provincia de Buenos Aires, escribió: "La verdad que cada vez que veo toda esta corrupción, me duele en el alma, por la manera que roban sin escrúpulos y sin medir consecuencias".

Ese pensamiento, escrito en uno de los famosos cuadernos conocidos como los de la "corrupción kirchnerista", sería una de sus últimas anotaciones de una serie de datos, descripciones varias -algunas vagas y otras extremadamente precisas-, con detalles, recorridos, autos en los que se movilizaba y personas que transportaba, bolsos con cientos de miles de dólares que cargaba una o dos veces por semana, con los domicilios a los que se dirigía, trámites que realizaba, de casi diez años de registros minuciosos que había comenzado a tomar y que se transformarían en una verdadera "bitácora del delito" y que, una vez conocidos, dieran luz a la más extraordinaria y aceitada maquinaria de la corrupción jamás conocida en la Argentina.

Éstas, y otras conclusiones más del mismo estilo, están escritas en la impactante resolución firmada por el juez Claudio Bonadio -conocida este lunes- y por la cual dictó el procesamiento y la prisión preventiva para la ex presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner y para 42 personas más, entre ex funcionarios de su gestión y empresarios ligados a la construcción, entre ellos Ángelo Calcaterra, primo del presidente Mauricio Macri y el mendocino Enrique Pescarmona, líder de IMPSA, la metalúrgica mendocina que se transformó por décadas en la más importante de Sudamérica hasta su caída en desgracia casi tres años atrás.

La resolución tiene 558 fojas. En ella, Bonadio no solo procesó a Cristina como la líder de una asociación criminal puesta al servicio de la política y para el crecimiento patrimonial propio, sino que además le trabó embargo por 4 mil millones de pesos, una suma similar a la del resto de los procesados. La ex presidenta no irá presa porque tiene fueros. Pero Bonadio sorprendió con un pase inesperado: antes de solicitar que Cristina, actual senador nacional, se quede sin las prerrogativas contempladas por la Constitución, le pidió a un tribunal de alzada, la Cámara Federal de Apelaciones, que revise su resolución y opine sobre los argumentos y los pedidos que allí se realizan. Si la cámara termina por ratificar el trabajo de Bonadio, respaldado por la investigación del fiscal Carlos Stornelli, el Senado se encontrará con un elemento más para resolver favorablemente el desafuero. Pero eso se verá más adelante, cuando llegue el momento.

Se sabe que será un tema más que complejo y complicado, tanto para el oficialismo como para la oposición, porque históricamente la Cámara Alta ha negado el desafuero a alguno de sus integrantes investigados hasta tanto las condenas queden firmes. Y con esa tradición, se ha ido convirtiendo con el paso del tiempo, más que en una suerte de virtual protección legal a sus miembros, sino más bien en un aguantadero con todas las letras, protegiendo a Carlos Menem, por caso, condenado en primera instancia por la venta ilegal de armas a Ecuador y por ahora, se cree en función de las manifestaciones de uno de los líderes del Senado, como Miguel Pichetto, que no variará su forma de actuar.

Pero al margen, Bonadio escribió en su resolución que lo que se produjo fue en verdad un acto de colusión, es decir un pacto ilícito que dañó a terceros. A quién, quiénes o qué daño provocó tal descomunal asociación ilícita: al Estado en primer lugar a quien le sacó sus recursos y fue en contra de la educación, de la salud, de los jubilados, de la seguridad, en contra de la construcción de cloacas y de la provisión de agua potable, en contra de los servicios en general y en contra del transporte seguro; esto último dicho en referencia inobjetable a la tragedia de Once, aquella que provocara la muerte de 51 personas.

Los empresarios, a su vez, según Bonadio, pagaron coimas a funcionarios corruptos, por "avaricia y codicia", dice el juez, para agregar que ese grupo selecto "se llenaba los bolsillos mediante licitaciones o concesiones".

¿Quiénes recibían el dinero?, bueno, Bonadío tiene dudas: eran Néstor Kirchner mientras vivió y Cristina Fernández de Kirchner y sostiene, en la resolución que "el grueso del dinero fue al patrimonio personal de los ex presidentes entre el 2003 y 2015".

La causa ha roto "el molde de todo lo conocido", escribió Bonadio, porque además falta investigar la trama de las posibles coimas que se exigieron y cobraron en el negocio del transporte automotor y ferroviario, los corredores viales y la energía. Para el juez, las anotaciones de Centeno son veraces y que los cuadernos permitieron recolectar el cuadro probatorio.

La investigación permitió confirmar los ingresos detallados de Roberto Baratta, llevado por Centeno, a Olivos entre el 2008, 2009 y 2010. El 14 de mayo del 2008, está confirmado según Bonadio, Baratta se reunió el mendocino José Roberto Dromi y se comprobó que efectivamente también se reunió con Francisco Valenti, el directivo de confianza de Pescarmona, en Esmeralda 1366 lugar en donde recibió dinero y cajas de vino Lagarde, de la bodega del propio Pescarmona.

Bonadio también asegura que la cantidad de dinero que dijo Centeno recolectaba Baratta, fue confirmada por muchos quienes la entregaron, es decir los empresarios. A su vez, corroboró que el dinero era llevado a Uruguay 1306, a Olivos y a la propia Casa Rosada.

Ojalá que, al menos por esta vez, la justicia esté a la altura de todo lo que se espera de ella. Pueda ser que, por una vez, la primera, Argentina comience a ser al menos en uno de los pilares que sostienen la república, seria, responsable y previsible. Pueda ser que eso pase alguna vez.

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