columna política
Ante los errores de Macri: ¿volver atrás o doblar la apuesta del 2015?
Martes, 10 de julio de 2018
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

 Las elecciones generales del 2019 puede que determinen -aunque nadie esté en condiciones de afirmar que sea de forma definitiva-, qué país queremos los argentinos, en qué país queremos vivir y cuál es la forma de gobierno que más nos viene bien, en términos de mayorías, claro está.

Esos comicios serán clave porque pueden, de acuerdo con el resultado, clarificar por primera vez con qué sistema de gobierno nos sentimos más a gusto. El menú es limitado, estrecho con dos opciones: un populismo nacionalista de similares características a las que ya conocemos; o bien una nación que se mueva bajo las reglas de la economía de mercado, con un Estado que garantice las oportunidades para todos, respete el libre emprendimiento y, por sobre todas las cosas, tolere la diversidad de pensamiento y evite la intransigencia política.

Las penurias del momento amenazan seriamente la última opción. Porque el gobierno de transición que debió ser el de Mauricio Macri, detrás o al menos en el camino de un país normal no sólo se quedó a mitad del río; sino que, en ese afán por ir por más en el 2019, fue y vino tantas veces hasta que hoy se nos presenta incierto, dubitativo, débil en un sentido amplio y poco esperanzador.

En medio del ajuste que genera dolor, bronca, frustración en general, sumado a que, para otros tantos además resentimiento y odio -especialmente para los que se vieron expulsados hacia fines del 2015 de los beneficios que recibían del modelo populista y demagógico con el que comulgaban-, a la actual administración le resulta cuesta arriba sostener el rumbo, ahora sí y sin más que con la necesidad imperiosa y obligada de tener que mostrar algún resultado en esa línea, cuando tiene pocas armas con la que luchar, cuando se ha quedado sin crédito de mayor esperanza, porque lo que tenía se lo terminó gastando y mal en los primeros dos años de gestión.

No llamó a un acuerdo o pacto nacional amplio cuando debió hacerlo en el arranque mismo de la gestión; se encerró a sí mismo creyendo que quienes lo votaron lo hicieron pensando en que el país de por sí saldría adelante con el discurso y la supuesta acción de la no política por aquello que había sido la mala política la que nos condujo al desastre. Ha sido un gobierno que leyó mal el mensaje de las urnas y todo indica, a la luz de los resultados, que se creyó equívocamente formar parte un conjunto de iluminados que por el sólo hecho de haber derrotado el modelo populista, demagógico y con probadas sospechas de ser altamente corrupto, tendría el aire y oxígeno suficiente como para resolver los problemas económicos, especialmente, con la chapa de lo nuevo.

Macri y Cambiemos no demostraron ser lo nuevo. O mostraron poco, quizás sólo meras intenciones. Hoy nadie puede asegurar con certeza que han representado fielmente ese cambio de paradigma que fue creciendo en la sociedad sobre el fin del segundo mandato de Cristina y que sigue más presente que nunca. Sí probablemente lo hayan sido hasta que, con los nuevos problemas que aparecieron, optaron por probar las mismas recetas que durante años aplicaron sus vencidos, en un intento desesperado por salvar la ropa.

Ayer Macri, desde Tucumán, llenó su discurso patrio con el contenido al que debió apelar en los comienzos. Ese discurso, o relato si se prefiere, hoy es recibido con incredulidad y algo de desencanto. Porque a pocos meses de ingresar a un nuevo tiempo electoral pocos creen en verdad que la política -la buena política-, logre encuentros mínimos para salvar al país de un nuevo desencanto y saque a la mayoría del temor de esta una vez frente a una oportunidad perdida.

Macri habló de la necesidad de decirnos la verdad entre los argentinos y de la obligación de vivir con lo que tenemos puesto, con lo que nos ingresa, como lo hace cualquier familia. Una verdad de Perogrullo que debió seguirse a pie juntillas mucho antes. Algo falló también en la estrategia para con el empresariado argentino, muchos de los cuales, amigos suyos que lo apoyaron y que le prometieron compañía, han respondido casi de la misma forma, o peor, de la que lo hicieron con el gobierno anterior. Un gobierno al que detestaban y al que denunciaban de no dejarlos crecer, ni invertir, ni desarrollarse. Bueno, ahora tampoco crecieron, ni han invertido, ni mucho menos se han desarrollado. O no quisieron o no pudieron. Pero está claro que por la forma en la que han actuado no aportaron mucho.

"Somos incansables, valientes y rebeldes. Nos hemos levantado mil veces. El esfuerzo que hacemos juntos vale la pena. Sigamos adelante", bramó y hasta pareció suplicar el presidente desde la cuna de la Independencia. Ojalá no sea demasiado tarde, especialmente para no volver atrás, para dejar los mesianismos en los que nos hemos movido por tantas décadas, y para que la mayoría, incluso los que hoy tienen resentimiento y odio, entiendan que lo más perdurable en el tiempo es sostener lo que se logra con el esfuerzo propio y colectivo. El único que vale. Porque el otro tiene pies de barro y sólo se sostiene con las penurias de otros tantos.

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Comentarios
Eduardo
11-07-18 04:29
Yo vi ajustes drásticos que llevaron a subsanar economias y hacerlas florecer pero nada tienen que ver con esta donde se conduce a una pérdida de soberanía economica y que conduce a una entrega del país en sus aspectos vitales y productivos. No es sé que opciones tendremos en 2019. Pero esta no la quiero. Ya bastante daño hizo y aunque nos toque un buen gobierno pasarán años para arreglar este desastre
alvaro
10-07-18 12:44
Sistema de gobierno? Será el mismo gane quien gane. Volver atrás? Estamos en los 90, más atrás?
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