columna política
Los reclamos de la UCR a Macri: olla a presión en manos de Cornejo
Viernes, 13 de abril de 2018El gobernador mendocino intenta hacer equilibrio entre su relación con el presidente y las demandas del ala más crítica del partido nacional que conduce. Cómo congeniar sin romper, su objetivo más desafiante. Y cómo evitar que la turbulencia que se avecina para el 2019 no afecte la gestión y la confianza de un electorado que ya exige resultados al plan de ajuste y ordenamiento del Estado que encaró Cambiemos.

Los dos primeros años al frente del gobierno de la provincia aceleraron por demás todos los planes que Alfredo Cornejo tenía en mente en dos direcciones: hacia el de su partido en el escenario nacional y en el diagrama, con tiempo y sin apuros, para su futuro personal al fin del mandato, mucho más tras el fracaso tempranero de ese sueño por modificar la Constitución incorporando, entre otros cambios relevantes, la habilitación de una reelección posible, vedada como ya se sabe por la Carta Magna.

Las tensiones cada vez más visibles y frecuentes por los constante reclamos de los radicales hacia el macrismo por más participación e influencia en la administración de Mauricio Macri, más tarde o más temprano terminarían saliendo a la luz. Sólo era cuestión de tiempo mientras el PRO se iba afianzando en la gestión y ese núcleo duro alquilando la Rosada, el que rodea a Macri más el propio presidente, se despojaban paulatinamente del mote y de la mochila con la que llegaron: eso de ser unos absolutos novatos e improvisados de la política con pocas, o nulas, posibilidades de trascender con éxito.

A fines del año pasado los radicales mendocinos veían con cierta inquietud cómo se acercaba el momento de la renovación de las autoridades del partido y Cornejo, evitando hacer olas, esperaba que la lógica se impusiera. Que el tucumano José Cano fuera el elegido para conducir el partido y él continuar con lo metódicamente planificado. Para él no estaban dadas las condiciones para saltar a la arena nacional buscando la conducción. Porque las demandas internas serían cada vez más notables con el fin de presionar a Macri por más espacios y más atención, como ya le estaba ocurriendo en carne propia en la provincia con los socios menores de Cambia Mendoza, en particular el PD, dominado por el ala más crítica contra su jefatura.

Cumpliendo el rol de garante del gobierno y del propio Macri, por ser el gobernador de la provincia más importante en manos del radicalismo, el gobernador se venía moviendo cómodo sin la obligación de tener que conducir las demandas de los correligionarios más exaltados y más desprestigiados a la vez por la nueva ola contraria a las viejas estructuras burócratas partidarias.

Pero los duros se impusieron sobre los más dialoguistas. Cano, el tucumano que venía de ser desplazado del promocionado Plan Belgrano (por ese programa de obras de infraestructura, multimillonario, previsto para el Norte argentino y que no termina de arrancar), también sería derrotado en la lucha por la presidencia del Comité Nacional de la UCR. Cano era el candidato de la Casa Rosada contra los duros representados por Enrique Coti Nosiglia y Federico Freddy Storani que impulsaron a Cornejo, como una suerte de candidato a gusto de todos. Incluso de la Rosada.

Allegados al gobernador admitirían, más tarde, con Cornejo al frente del Comité, que lo dejaron sin vías de escape y que debió asumir las riendas del partido cuando no lo esperaba, aunque siempre ese haya sido uno de los objetivos políticos del mendocino. Pero no en este momento. "Nos tocó bailar y bailamos", confesó un funcionario de llegada cotidiana al gobernador, por entonces.

Cornejo despierta en la Rosada tanto amores como recelos y desconfianza. "Está muy quejoso", dijo de él, en los días de la Vendimia, un macrista mendocino que venía de reunirse por unas horas con el presidente en Buenos Aires. Cornejo ha salido de la zona de confort por la que transitaba y hoy tiene que ser la voz, del radicalismo en Cambiemos, de aquellos que exigen que Macri les abra el gobierno hacia puestos clave. El gobernador se inclina, en cambio, por ir rompiendo de a poco esa lógica que abreva en muchos de los históricos dirigentes partidarios que en su momento dudaron y consideraron como una aventura alocada ir tras un acuerdo con Macri para sacar al kirchnerismo del poder, y trata de imponer "menos radicalismo y menos PRO por más Cambiemos".

Cornejo está administrando la relación con el macrismo en medio de un equilibrio precario que en cualquier momento podría desbalancearse y provocar algo de zozobra en la coalición. Por el momento no sufre contratiempos e intenta inclinar a su favor, en la estricta relación personal que tiene con el presidente, el hecho de estar al frente del radicalismo pudiendo decir muchas cosas que el propio Macri no debe.

El miércoles, por caso, en una charla que ofreció en el Rotary de Buenos Aires, Cornejo habló de todo. Por supuesto que de los planteos de su partido hacia el PRO, pero también cuestionó a Lilita Carrió por sus constantes ataques al presidente de la Corte de Justicia nacional, Ricardo Lorenzetti. "Es un problema grave que dirigentes políticos digan que el presidente de la Corte es mafioso. Baja la calidad del debate y además damos malas señales a los posibles inversionistas exteriores e interiores. Yo no lo conozco y no he tenido trato con él. No me parece que estemos con estos temas cuando debemos darle certezas al país", dijo el gobernador. Palabras que nunca diría Macri, ni sus más cercanos, sobre Carrió. Cumpliendo ese rol, Cornejo pretende compensar el perfil demandante al propio gobierno que debe cumplir por presión del partido que dirige.

El lunes pasado, un cónclave reunió a radicales y macristas en Buenos Aires. Por allí pasó unos minutos Macri. Se habló de la estrategia electoral a seguir en el 2019, de cómo encarar el malestar generalizado por el aumento de las tarifas, por la inflación que no cede al ritmo que se quiere y cómo compatibilizar un discurso único y sin fisuras de la coalición para cuando lleguen como tormentas las esperadas críticas opositoras.

Pero también se plantearon los reclamos del radicalismo. Obligado por las circunstancias debió ser duro Cornejo, quizás más de lo que deseaba, para con la indiferencia y el ninguneo del presidente hacia su partido. Le reclamó que en el 2019 debe ser un radical quien lo acompañe en la fórmula presidencial con la que Macri buscará, eso se cree, la reelección. Y al mismo tiempo se bajó como posible candidato a la vice -como lo proponen desde la UCR-, en un gesto que pretendió vender como un paso al costado a un supuesto interés o ambición personal, cuando a sus más cercanos les ha dicho que de ninguna manera lo atrae ocupar ese lugar.

La conformación de la lista oficialista en el escenario nacional para el 2019 traerá cortocircuitos. Es una incógnita cuánto avanzarán los críticos del partido por sobre la conducción de Cornejo y también lo es el resultado que pueda tener una ofensiva en esa línea. Las estrategias en las provincias, si desdoblan o no, serán un reflejo de lo que se vaya acordando o reprobando, se verá. Las amenazas más serias al oficialismo hoy parecen nacer desde el seno mismo de la coalición más de lo que ofrece la oposición. A la vista de todos está. Claro que de ninguna manera esos temores a rupturas y divorcios serán más preocupantes para el gobierno si no lograr hacer mejorar todos los índices de la economía y de la situación de vida en general. Contra eso no hay nada que se pueda comparar.

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Comentarios
Gustavo
13-04-18 15:41
Inútiles ...vayan a administrar sus empresas.!!! El estado es para servirle a la gente ... No para hacerle daño.
Q saben estos Pitucos de sacrificio , si no les a costado nada en la vida !!'
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