día internacional de la mujer
#MeToo: el año en que las mujeres rompieron el silencio
Jueves, 8 de marzo de 2018
Por: Redacción SOY MÁS suplesoymas@gmail.com

Podría haber quedado en el olvido. No sería la primera vez. Mujeres que denuncian públicamente el acoso sexual que han sufrido por parte de un hombre poderoso, que apenas sale con un rasguño. Pero no fue así. A primeros de octubre, corrieron como la pólvora los titulares de que el gigante de Hollywood, Harvey Weinstein, era destituido de su empresa tras la publicación, por parte de The New Yorker y The New York Times, de un cúmulo de acusaciones de acoso sexual supuestamente cometidos durante décadas y silenciados a golpe de talonario. Sexo, poder, dinero. Pero lo que empezó como la historia de siempre puede haberse convertido en la mecha que prenda la historia. Y en mayúsculas.

El estruendo provocado por los testimonios de artistas famosas contra Weinstein -Ashley Judd, Mira Sorvino, Angelina Jolie o Gwyneth Paltrow- ha desencadenado un enorme terremoto en Estados Unidos y ha ido derribando, en cascada, a un rosario de hombres poderosos, semidioses en sus respectivos gremios.

Los Golden Globes 2018 fueron "tomados" por el negro. La forma en que encontraron actrices y actores de repudiar la violencia sexual. 

Un sismo que ha animado a cientos de miles de mujeres anónimas que, bajo el grito de Me Too (Yo también), han roto el silencio y se han lanzado a compartir sus propios casos de abuso. El fenómeno ha alumbrado un potente movimiento catalizador para luchar y visibilizar la raíz del problema: la discriminación de la mitad de la sociedad.

"Este movimiento ha conseguido que la sociedad, al menos en la esfera pública, ponga la carga de la responsabilidad en el acosador, y no en las mujeres. Les ha dado credibilidad y ha racionalizado que desde la violencia de baja intensidad con comentarios inoportunos hasta el acoso sexual más agresivo es responsabilidad de quien agrede", señala la profesora Laura Nuño, de la cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos. Un cambio de discurso que ya es difícil que se repliegue, dice.

Por qué ahora, por qué estas denuncias y no las de hace dos, cinco o diez años, como las interpuestas contra Bill Cosby o el escándalo del presentador estrella de Fox, Bill O'Reilly.

Fue tal el terremoto, que Time nombró al movimiento Me Too "Persona del Año". 

Hay que buscar la respuesta en la expansión de los movimientos feministas, en el caldo de cultivo que se venía cociendo desde hace al menos un año: la fuerza y resistencia del movimiento Ni una menos en América Latina; la inédita Marcha de las Mujeres del pasado enero en Washington contra la agenda ultraconservadora del presidente Donald Trump, un gobernante acusado a su vez de acoso; los paros de mujeres en marzo en todo el mundo; las multitudinarias manifestaciones contra la violencia machista. El movimiento 'Yo también' es la noticia internacional del año para este diario y 2017 ha sido, dicen, el año de las mujeres.

No por casualidad, feminismo ha sido declarada como palabra del año por el diccionario estadounidense Merriam-Webster. Jamás antes tantas mujeres -también hombres- de distintos ámbitos se habían definido públicamente como feministas, palabra maldita años antes (y que aún incomoda a muchos).

Hay un legítimo debate sobre si todo esto tiene algo de revolución o de moda. Si es un cambio sociológico o una erupción pasajera.

El vendaval ha llegado también a otros países. En Suecia, el defensor de la Igualdad ha colocado en revisión las prácticas de grandes empresas, se va a endurecer la ley para especificar que toda relación que no tenga el consentimiento expreso es abuso sexual. El "no es no", no es suficiente, ha afirmado el primer ministro Stefan Löfven, "solo el sí quiere decir sí". En Francia, donde se prepara una ley contra el acoso callejero, el presidente Macron ha fijado la igualdad entre mujeres y hombres como la "gran causa" de su mandato en una sociedad, dijo, "enferma de sexismo".

Todas las revoluciones sociales avanzan a empujones: saltando dos pasos de golpe y retrocediendo uno. Hasta que cuajan. Pero lo que el movimiento 'Me Too' ya ha dejado claro es que ha servido de catarsis. Pesos pesados del mundo del cine y la televisión han caído en desgracia, políticos notables han abandonado sus puestos señalados por sus propios partidos. En noviembre, el actor Alec Baldwin entonó un crudo mea culpa. "He tratado a las mujeres de una manera muy sexista", dijo. Y continuó: "He intimidado a las mujeres. Las he pasado por alto. Las he subestimado... Me gustaría cambiar eso".

Moda o no, una nueva generación de mujeres inconformistas ha espoleado el movimiento compartido con las adultas, cada vez más conscientes de la desigualdad, aunque también del poder del activismo. Pero los procesos de transformación del feminismo, como apunta la experta en temas de género Mónica Roa, son extremadamente lentos porque hay que cambiar grandes estructuras y dinámicas muy profundas.

El campo de batalla es infinito. Cada diez minutos un hombre asesina a una mujer que es o fue su pareja, según la ONU. En Europa, ellas ganan, de media, un 16,3% menos por hora trabajada que los hombres; en EE.UU., un porcentaje similar. En América Latina, la tasa de participación laboral femenina lleva años estancada en 53%. Y así, ad infinitum.

"El movimiento Yo también ha desencadenado una auténtica tormenta que todavía no ha cesado y que debe aprovecharse", recalca Virginija Langbakk, del Instituto Europeo de Igualdad de Género. Cree que el fenómeno logrará una mayor conciencia de las empresas, los gobiernos y las fuerzas de seguridad sobre el acoso y abuso sexual. Ha sido la historia del año. Falta que sea el año en que cambie la historia.

Hay una cultura que ampara y relativiza el abuso.

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