Opinión
Barranca abajo
Domingo, 11 de febrero de 2018Los números de la economía siguen dando que hablar, mientras una importante consultora cordobesa realizó un trabajo en todo el país que confirma el declive de la tradicional clase media argentina.
Por: Marcelo López Álvarez - @marcelopez2202

Convulsionado cierre de semana con consecuencias imprevisibles el miércoles cuando se reanude la actividad, lo que sumado a la disparada del dólar entre jueves y viernes (por si faltaba algo) terminó de descalibrar cualquier previsión inflacionaria para este año que apenas comienza.

Cuando el jueves el gobierno volvió a tomar deuda, admitiendo por fin que la inflación de este año para ellos estará entre el 19% y el 22,5% -bien lejos de la previsión del 15% anunciada el día de los Santos Inocentes- fue la señal que faltaba para que comenzara el descalabro.

El domingo pasado advertíamos en este espacio que el cambio de reglas en EE.UU. iba a complicar el panorama cambiario argentino a partir de la posible (¿casi segura?) toma de ganancias de los capitales golondrinas, para retornar al refugio seguro del norte y dejar la bicicleta LEBAC-Dólar.

Es difícil discriminar cuánto de componente externo y cuánto de interno hay en esta corrida de Carnaval, pero es cierto que ambos factores juegan de forma fuerte en la volatilidad que puede tener serias consecuencias para la economía argentina.

Por de pronto un dólar más cercano de los $20,50 que de los $20, es un golpe psicológico que pegará fuerte en el proceso inflacionario de una sociedad donde el cubrirse por las dudas es un dogma que supera a cualquier otro. En un escenario en el cual el gobierno aparece con poco margen de maniobra, precisamente por la debilidad que le crea el stock de LEBAC que debe retener sin seguir subiendo tasas que paran la economía que aún no logra recuperarse y tiene -según los números oficiales del INDEC- el 40 por ciento de su capacidad industrial ociosa.

La disparada del dólar también pone en jaque a las provincias (como Mendoza) que se sumaron al festival de toma deuda y que necesitan más pesos para afrontarla con ingresos que no suben a la misma velocidad que el billete verde.

El proceso inflacionario y negociaciones salariales a la baja seguirán afectando el poder adquisitivo de los salarios, con consecuencias palpables para trabajadores y consumidores.

A propósito de ello, esta se semana se conoció un estudio de características muy poco comunes por su amplitud y dimensión de la consultora cordobesa Delfos, que pone en números precisamente esta situación. Si bien no se puede calificar de guarismos que asusten, sí se puede decir que marcan una tendencia.

El trabajo estableció que un 5% de los hogares que hasta 2015 se posicionaban en el estrato de la clase media argentina, hoy han caído a clase media baja, mientras que la clase más baja no tiene cambios y la clase media alta recuperó el 1% que había perdido en 2016.

Esta consultora mediterránea trabajó 5.990 casos en los 36 centros y aglomerados urbanos. Los investigadores sostienen que la tradicional y distintiva clase media argentina muestra síntomas de fatiga económica que determinan su achicamiento y afectan la movilidad social ascendente, reduciendo su participación del 30% al 25 % en los hogares del país. La caída de la clase media fue absorbida en su totalidad por lo que se conoce como D1 (la clase media baja), la cual paso al 36%. En los extremos de pirámide la clase baja se mantienen el en 19%, en tanto que entre la clase media alta y el ABC1 conservan el otro 20%.

El Licenciado Norman Berra, director de proyecto de la consultora, en diálogo con Mendoza Económico por Radio Andina, explicó que esta "movilidad social descendente no se empeoró en una medida trágica o dramática, pero sí es significativa porque estamos hablando de universos muestrales muy grandes".

Un dato relevante del trabajo es que no hay movimientos en las puntas del espectro, es decir los que estaban mal siguen mal y los que estaban bien siguen bien. Berra dice que se puede hacer una lectura también política: "tenés estos dos años de la gestión de Mauricio Macri, donde este proceso de ajuste ha sido gradual como dicen los técnicos, que no ha sido un ajuste ortodoxo sino gradual, pero también ha sido gradualista el descenso, no ha habido un ascenso, gente que estaba en la clase media se cayó hacia la baja superior o media inferior, no se ha ido directamente al segmento pobre pero sí se ha empobrecido relativamente. Hay 5 puntos porcentuales de personas que eran clase media y hoy ya son clase baja".

Los números no sorprenden a quienes siguen de cerca las cifras reales de la economía argentina. Hace una semana, en este espacio desagregamos el dibujo de los números de empleo, la caída del empleo industrial y de calidad, reemplazada por monotributistas, es una de las explicaciones de la economía real del achicamiento de la clase media argentina que durante años y años fue símbolo de los avances económicos de la clase trabajadora y un ícono argentino como el tango, el dulce de leche o el Diego.

La situación no es grave pero no deja de crecer en preocupación. El proceso de desendeudamiento, sumado a una incipiente industrialización y fortalecimiento del mercado y el consumo interno que vivió la Argentina post 2001, aún con muchos errores, dejó un margen importante que es aprovechado con cierta inteligencia por el nuevo modelo para darle sobre vida a los cambios de paradigma. El desafío que le queda por delante a este nuevo viejo modelo de país y pensamiento político económico es generar alguna condición de inclusión para los que va excluyendo, aunque tal decisión parezca paradójica.

El discurso anti corrupción comienza a perder fuerza por los propios méritos de esta gestión que vive involucrada en un conflicto de intereses permanente en cada decisión o medida que toma. Cuánto, además, afectará el deterioro de calidad de vida de una parte importante del electorado de Cambiemos y cómo los actores económicos jugarán el partido de la política, es un aún el interrogante. Lo que no es un interrogante es que el aparato de comunicación y marketing del gobierno cada vez debe recurrir a métodos más extremos para dispersar la atención. Esta semana hasta el propio ecuatoriano Durán Barba tuvo que salir a la cancha para lanzar la bomba de humo de la pena de muerte.

El carrusel electoral ya está en marcha y con tantos indicadores barranca abajo, la cuesta se hace empinada.

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Comentarios
Marcela Cincunegui
14-02-18 11:54
EXCELENTE nota!
Jorge Gsponer
11-02-18 10:23
Es difícil para el ciudadano común advertir que el paladín del no endeudamiento o de la inseguridad, CORNEJO, que frenó el presupuesto de el Paco porque decía que la provincia no necesitaba endeudarse tenga plata pedida a préstamo que todavía no usa y la vamos a pagar todos religiosamente.
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