Vino: el culebrón del superhéroe, el esforzado y el villano
Jueves, 9 de noviembre de 2017La novela del impuesto al vino, finalmente eliminado, tuvo todos los ingredientes necesarios. La primera temporada ha terminado con final feliz para la industria. La segunda puede que arranque con el debate en el Congreso. En Mendoza aseguran que no se ha canjeado nada por la quita del impuesto. Qué se negoció y cómo. Y de quién fue el papel del villano en una historia de alto impacto.
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

En el gobierno mendocino juran, con los dedos índices en cruz sobre la boca, que la eliminación del impuesto que se había proyectado sobre el vino no tendrá ningún costo adicional para la provincia. Afirman que desde el equipo de Hacienda nacional -que conduce Nicolás Dujovne- no hubo más que un error de cálculo cuando evaluaron las futuras reacciones que tendría el gravar internamente la producción de vinos y espumantes y que, simplemente, se reconoció el error y todo volvió a foja cero para desatar el festejo de la industria vitivinícola de la provincia y, por ende, del gobierno de Alfredo Cornejo, con un gobernador transformado en el artífice absoluto de la victoria alcanzada.

El desenlace de la novela que creció y desarrolló en torno al mentado impuesto interno había comenzado varios días atrás. Quizás en el mismo momento en que el presidente Mauricio Macri se preparaba para viajar a los Estados Unidos, el último fin de semana y de donde regresó este jueves para darle la buena nueva a Cornejo, para que luego de esa reunión aparte que tuvieron ambos, en plena siesta mendocina, el gobernador saliera del encuentro blandiendo el anuncio de la vuelta a la tasa 0 para los vinos y champañas.

Cuando Macri partió a Nueva York dejó tras de sí una visible estela de críticas que le llovían a buena parte del proyecto de reforma tributaria que diseñó Dujovne. Los cuestionamientos no sólo surgieron de Mendoza y del resto de las provincias vitivinícolas golpeadas por el impuesto escrito en el borrador. También se sumaron los estados azucareros liderados por Tucumán por incrementarse los gravámenes internos a las bebidas elaboradas con azúcar agregada y Tierra del Fuego, provincia en donde se concentra la mayor acción de ensamble de los productos electrónicos más consumidos en el país que ahora se verían golpeados por la rebaja impositiva a los mismos productos, pero que provienen de otras regiones del país.

Mientras Macri se reunía con los Ceos de las empresas más poderosas en Nueva York, monitoreaba el conflicto. Desde allí pidió que Dujovne se corriera de la escena y diera paso a otros actores. No sólo eso, reclamó una solución política para un tema que si bien está basado en urgencias fiscales puramente, tiene una buena dosis de componente político. Evaluando más que la nueva composición del Congreso y la necesidad de acordar con los gobernadores peronistas, se inclinó por eliminar la mayor parte de las controversias planteadas en la reforma impositiva para lograr apoyo en las batallas que se avecinan, como la reforma laboral y la profunda revisión que ha planificado introducir en el sistema previsional. Para ambas requerirá del acompañamiento de los legisladores que responden a los gobernadores, especialmente de aquellos de origen peronista.

Los argumentos de Cornejo para que se desestimara el impuesto al vino, todos basados en informes científicos sobre los beneficios a la salud que provoca el consumo responsable de la bebida nacional, más las características particulares de una industria con base agrícola, se impusieron sobre las evaluaciones que se habían realizado en Hacienda. Luego Macri también haría concesiones a la cerveza anunciando que no se le incrementaría el impuesto interno y, se cree, negociaría algunas modificaciones a las bebidas azucaradas antes de que el proyecto de reforma tributaria llegue la semana que viene al Parlamento.

La pulseada se definió, afirman en el gobierno mendocino, sin nada a cambio. Pero en la lógica macrista, según sostienen otros que conocen la lógica del funcionamiento del grupo más pequeño y fuerte que rodea al presidente, Cornejo y quienes negociaron por Mendoza en los últimos días -con o sin cargo-, han quedado en deuda con Macri y los suyos por la eliminación de un impuesto que, de haberse aplicado, tendría un impacto varias veces millonario hundiendo más aún la caída en el consumo que experimenta el producto.

La negociación por el impuesto se cruzó, en parte también, con la otra más compleja aún que tiene que ver con el reconocimiento a Buenos Aires de la actualización de lo que se conoce como el Fondo del Conurbano Bonaerense, una bolsa de recursos que desde 1992 no sufre cambios y que se encuentran fijos en 650 millones de pesos.

El nuevo acuerdo fiscal que discute Macri con las provincias prevé blanquear lo que su gobierno ya le gira a la provincia gobernada por María Eugenia Vidal desde hace casi dos años. Ese reconocimiento, ahora oficial y formal, se resolvería modificando la distribución del impuesto a las ganancias que se propone coparticiparlo en un ciento por ciento. El mayor costo de los fondos destinados a Buenos Aires correría por cuenta de la nación, pero es un punto que no está definido ni garantizado del todo. Cornejo y el resto de los gobernadores se retiraron de la Rosada con esa promesa, pero nadie todavía pone las manos al fuego por nadie.

Es cierto también que los gobernadores se han comprometido a acompañar las metas fiscales que propone la nación, bajando el gasto y reduciendo impuestos para hacer más competitiva sus economías. Mendoza, por caso, va en ese camino y es lo que Cornejo le mostró a Macri este jueves: reducciones graduales de ingresos brutos para más de doscientas actividades, lo que le significará a Mendoza en el 2018 unos 300 millones de pesos menos de recaudación, según los cálculos de Hacienda.

Un culebrón que parece haber llegado a su fin pero en su primera temporada. La segunda arrancará, probablemente, con el tratamiento del proyecto en el Parlamento. Pero hasta ahora, por lo visto, con un despliegue de actores en donde a quien se le reservó el papel de bueno y magnánimo (Macri), se ha reservado como corresponde el reconocimiento de los aplausos en un final impactante. Un rol que parece ha querido compartir con el radical más respetado en la Rosada (Cornejo) y, como toda novela que se precie, con la presencia de un malo, de un villano (Dujovne), que como todo villano ha terminado confinado al purgatorio, inexperto en las lides políticas el ministro ha tenido que pagar el costo que tienen, indefectiblemente, todos los acuerdos o pactos como este, a los actores secundarios y no tanto.

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