Por qué Julieta Silva sigue en la cárcel: lo que pasó en la audiencia de hoy
Martes, 10 de octubre de 2017
Por: Cristian Pérez Barceló

Las audiencias de prisión preventiva sólo debieran ser para establecer si una persona debe estar en libertad o no mientras se investiga el delito del que se le acusa, pero en el caso de Julieta Silva, como ella reconoció ser quien atropelló y dio muerte a Genaro Fortunato, sin embargo dijo que no fue a propósito sino un simple accidente, la audiencia terminó siendo casi un juicio. Hasta que finalmente se mantuvo la acusación con los agravantes (alevosía y vínculo) y no se le dio siquiera la posibilidad de la prisión domiciliaria.

La audiencia de este martes. Foto: Marcelo Piaser

Se la acusaba de que a las 5 de la madrugada del 9 de setiembre, tras discutir por 20 minutos en la calle con su novio junto al auto, ella dio arranque al vehículo, Genaro intentó detenerla, cayó al suelo, y ella se volvió después de recorrer 150 metros y con "pleno conocimiento de su accionar, advirtiendo que estaba sobre la carpeta asfáltica y aprovechando el estado de indefensión de la víctima, para actuar sobre seguro y sin ningún riesgo sobre su persona, le atropelló con su vehículo, aplastándole el cráneo con una de las ruedas, provocándole la muerte".

La fiscal Andrea Rossi dijo que el agravante del vínculo quedó "acreditado por testigos y reconocido por la imputada, de tener una relación de más de 3 meses. Esta relación fue cotidiana, de todos los días, viajes y noches juntos, futuro viaje a El Bolsón".

En cuanto al agravante de la alevosía, la fiscal sostuvo que "el modo que usó fue aprovechar la situación de indefensión de Genaro que había caído en la carpeta asfáltica momentos antes, y producto desea indefensión, actuó sobre seguro y le dio muerte".

Foto: Marcelo Piaser

Respecto de la capacidad visual de Silva, quien en la indagatoria dijo no haber visto a la víctima en el asfalto, alegando que sufría una patología visual, la fiscal aceptó que el "astigmatismo" de Julieta fue corroborado por la historia clínica y por el adelanto de pericia oftalmológica (que se recibió ayer a última hora en la causa), donde se confirma el astigmatismo; pero hay que aclarar que no le impide la visión ni es una ceguera, sino que ella puede observar, es una deformación de los objetivos; pero su campo visual permite ver los objetos. Pueden distorsionarse, pero nunca dejar de verlos".

"Es por ello que este Ministerio no discute ni desconoce la existencia de esta patología, pero sí cuestiona ciertos aspectos que conforme a los demás elementos objetivos incorporados a la causa, hacen pensar que dicha patología no le impidió a Silva ver el cuerpo de Genaro Fortunato, porque medía 1,78 y pesaba 80 kilos, de contextura robusta ya que practicaba rugby", agregó la fiscal.

Y fue más contundente al afirmar taxativamente que "Silva sabía que su novio había caído porque corrió 30 metros a la par del auto. O, en su defecto, si no vio que cayó, lo que es inverosímil, al menos pudo observar que se desprendió abruptamente, porque intentó detenerla, a lo que ella hizo caso omiso".

Además, recordó que una testigo que tiene 67 años de edad, contó que quizá puede tener una disfunción de su visión, a 70 u 80 metros del cuerpo, observó el bulto. Llovía, sí, no se desconoce, esa llovizna era una simple garúa, según los testigos. Pero si esta testigo, a la que incluso se le empañó el vidrio, pudo observar el bulto a 70 metros de distancia, ¿no lo va a observar Silva?", se preguntó Rossi.

Para la fiscal, "la frialidad, la falta de arrepentimiento y culpabilidad" de Silva quedó en evidencia por el hecho de que no se acercó a ver qué había pasado con Genaro, luego de que el cuidacoches la hizo detener el auto.

"La experiencia dice que cualquier persona que atropella a una persona, mínimamente al ser anoticiado de que mató a alguien, en primer lugar lo va a corrobar, y en segundo lugar va a intentar asistir a la víctima. Si dice que fue accidental, con más razón y máxime si era la pareja, a quien amaba".

"¿Porque actuó al modo descripto?", se preguntó Rossi para responderse inmediatamente: "Porque el arrollamiento fue querido, su voluntad fue dirigido a darle muerte a Genaro Fortunato, deliberadamente y a sabiendas del resultado de muerte que iba a ocasionar".

Por otra parte, y frente a la descripción que dio Silva en la indagatoria que pensó que había sido un pozo el que había traspasado con la rueda. ¿Un pozo? Todos quienes tenemos la gran responsabilidad de andar en un auto, en algún momento se nos presenta un obstáculo. Y la lógica y la experiencia común nos lleva a quue el auto asciende y nunca desciende. No puede decirme que lo que se tragó fue un pozo, cuando en realidad cuando en realidad lo que arrolló fue el cuerpo de Genaro durante 3,3m".

A su turno, el querellante, Tíndaro Fernández, se detuvo en dar su análisis respecto de la declaración indagatoria de Julieta Silva, a la que describió como una "confesión calificada impropia, donde reconoce la existencia del hecho, ser la autora, pero ensaya una disculpa para atenuar su responsabilidad".

"La indagatoria, para ser más preciso, está artificiosamente armada para que encuadre dentro de determinados conceptos jurídicos para eliminar el conocimiento del resultado que ella podía producir con su conducta. Está jurídicamente formada para eludir responsabilidad", entiende Fernández.

Para el abogado, eso "le jugó una mala pasada, porque todo fue destruido por un proceso de pruebas. Pruebas científica, técnica y testimonial".

En tal sentido, desestimó que se hubiera probado hasta ahora la pelea con Lucas Maure, porque "esta persona ya se había retirado del lugar. Se lo ve en los videos que sale con una chica, es decir, que el supuesto rival no existe, una imaginación, una fantasía, argumento poco feliz para argumentar las razones porque las que Genaro quería volverse"

En ese punto, avanzó el abogado al concluir que "si yo quiero protegerlo y no quiero que pelea, lo más sensato era subirlo al auto, llevárselo, no impedir que se subiera".

También se preguntó cómo es posible que "si vio que le golpeaba la ventanilla del auto y no lo vio que se cayera".

Ponderó el testimonio del "Trapito", que "es un hombre de calle, de asfalto, que no tiene ningún interés, humilde, que tuvo la valentía de declarar en dos ocasiones, sin contradicciones de ninguna naturaleza. No tengo por qué dudar cuando dice que bajó la ventanilla" cuando ella se fue en el auto y Genaro trató de detenerla.

Pero una de las partes más fuertes del querellante, fue cuando repasó los testimonios de García Vivaldo y Ontiveros que dijeron que "previamente antes que fuera el impacto, el trapito que había salido presuroso hacia el norte del Chañaral, le hacía señas (a Silva) con los brazos, que se detuviera, antes del impacto. El Trapito no lo precisa. Quizá ahí faltó una pregunta precisa. Le consultamos a los testigos García y Ontiveros, profesionales, que tienen capacidad de asociación de ideas, por su cultura, y ellos dicen que lo ven que hace señas antes del impacto".

Más allá de la capacidad visual de Silva, el querellante expuso que "la imputada asume un riesgo", cuando decidió manejar esa noche sin anteojos. Yo me pregunto: si no debo manejar de noche, si el oftalmólogo Martín Oliva dice que esta persona tenía que usar los anteojos en su vida cotidiana; entre otras cosas, para conducir. Se le consultó al profesional si la falta de uso implicaba un riesgo, dijo que sí. Por ejemplo para conducir, se necesita el uso de lentes en forma permanente, se le recetó para ello. En este caso implica una actividad riesgosa tanto para ella como para terceros, asume el riesgo y no le interesa el resultado".

En tanto, la abogada defensora, Florencia Garciarena manifestó que disentía "de manera contundente con las conclusiones de la parte acusadora".

Porque para ella "no se ha acreditado ni el mérito sustantivo ni el mérito procesal" que justifique mantenerla en prisión preventiva... Este Ministerio no cuestiona que el hecho no existió o que la imputada no lo cometió; lo que voy a cuestionar es la calificación legal a la conducta".

Anticipando que no coincide con los agravantes (alevosía y vínculo), Garciarena expuso que "el encuadre legal que considero correcto es el de homicidio culposo", es decir, que para ella Silva no actuó con dolo.

"Primero porque Julieta desde el primer momento, lejos de una declaración armada, a escasas 3 horas del hecho, la imputada necesitaba declarar, me pedía que quería dar su versión de los hechos, el sábado a las 9 de la mañana". Resaltó que dio una "declaración espontánea" y negó que "esa declaración indagatoria fuese una supuesta mala justificación. Después de la explicación que brinda en sede judicial, este problema de visión fue confirmado con la historia clínica y con la pericia que, dijo Garciarena, "lo que nosotros vemos 10, ella ve 3. Para ver un porcentaje

"¿Puede repetir esto?", le preguntó el Juez Pablo Peñasco, y la Defensora reiteró: "Que sobre 10 que todos vemos, ella ve 3, es lo que constató el médico".

La Defensa también apuntó a que el cuerpo fue impactado en una zona cercana a la oscuridad que se midió en "116 metros, entre el foco de la luminaria encendida y el más próximo de una luminaria apagada. Son 116 metros sin luz. Y a esto se agrega la conclusión del propio informe, donde dice que el cuerpo de la víctima fue arrastrado unos 3,3 hacia el sur. Es decir, el cuerpo donde se produce el impacto, puede no haber estado iluminado ese sector. Que es de donde venía Julieta Silva".

"Estos elementos permiten sostener el descargo, la explicación espontánea, que no vio el cuerpo, porque sufre astigmatismo que se agudiza por la falta de luz que está objetivamente probado en un trazo de 116 metros", dijo Garciarena.

Además, recordó que la atención de Silva al regresar a buscar a Genaro "no estaba centrada hacia adelante, sino hacia el lado opuesto al del cuerpo que estaba en la carpeta asfáltica".

Fue ahí cuando sostuvo que los acusadores "no han acreditado los agravantes que le han sido endilgado", para preguntarse inmediatamente "¿por qué está acá Julieta Silva? Nosotros tenemos que explicárselo a ella".

Posteriormente, se refirió a que la audiencia lo que debe establecer también es si hay o no riesgos de entorpecimiento o de fuga, que justifiquen mantenerla en prisión.

"No se ha acreditado mediante una prueba objetiva, no simples pronósticos", y fue aquí donde adujo que no hay posibilidades que cometa destrucción de pruebas, inducción o peligros contra los testigos, no hay antecedentes que puedan atentar contra estos. Ella se puso a disposición de la Justicia, colaborando con las pericias, presentado pruebas, ningún testigo ni familiar de la víctima ha manifestado temor. Entiendo que la prueba que resta producirse puede asegurarse".

Y "en cuanto al riesgo, peligro de fuga, basado en la escala penal atribuida al delito y en una posibilidad de fuga teniendo en cuenta que sus familiares viven fuera de la provincia (como argumentó la parte acusadora), no se tiene en cuenta el arraigo, determinado por el domicilio, donde vivía con sus dos hijos menores, que era el asiento de su familia, que además estaban a su cargo, su comercio que ha estado a su cargo".

Tras pedir, entonces, la libertad de Silva, en subsidio solicitó la posibilidad de la prisión domiciliaria, no como un beneficio, sino como una modalidad de cumplimiento de la prisión preventiva", para finalmente recordar que es madre de dos niños, uno de 10 y otro de 5 años de edad porque "con una prisión domiciliaria se puede cumplir el fin y se puede proteger el interés superior del niño".

Así llegó el momento del juez Peñasco, quien se mostró poco convencido con la declaración de Silva y dijo "me cuesta creer, que una persona que corre al lado del auto, tomado del parante o de la ventanilla, durante 20 o 30 metros, seguramente alguna manifestación debe haber dicho: al menor, pará o esperame. Y el golpe posterior a la caída. Entonces, ¿qué?... ¿no lo vio que se cayó? La verdad que comparado este relato con el resto de la prueba, eso no tiene asidero probatorio", dijo el juez.

"También hay una contridicción al decir que miraba, porque podemos inferir o bien que no veía los objetos, cosa que es cuestionable desde el punto de vista científico, porque una dificultad de 3 o 4 sobre diez, implica que puede tener visión de los objetos. Partamos de que se le crea, que no puede verlo o que iba distraído. Ella ya sabía que Genaro se había caído, eso no lo pudo dejar de percibir".

En cuanto al dolo, Peñasco coincidió con la doctrina modera citada por el querellante Fernández: "Es más conocimiento que intención, y el conocimiento es en la existencia de los elementos de riesgos que hay al llevar a cabo una acción".

Incluso fue más allá y sostuvo que aún un caso menos gravoso, como puede ser el dolo eventual, está también presente aquí; y es cuando actúa menospreciando los bienes jurídicos ajenos, o sea actuar en forma desinteresada de la vida, la integridad física o la salud. Y en este caso también se presenta. Aparece marcado con más nitidez".

Admitió que "la defensa ha fundado muy bien su postura al decir que por el estado y las condiciones del hecho, que se trataría de un homicidio culposo y que las condiciones personales y de modo y lugar, permite ese encuadramiento".

Pero igualmente, el juez coincidió con la "calificación del Ministerio Fiscal, debe ser homicidio agravado partiendo en el conocimiento de que la víctima había caída y su retorno veloz para producirle un serio daño que terminó con su vida".

Y sobre si era "procedente imponer la prisión preventiva o en su caso admitir el planteo de prisión domiciliaria", recordó el Art. 293 del CPP, y ponderó, en tal sentido, el hecho de que la imputada fue aprehendida en el lugar del hecho", es decir que en este caso "hay una situación de flagrancia. No se escapó, pero no sabemos si se hubiera detenido o no por la acción del trapito".

"Existiendo la aplicación de flagrancia, no permite otorgar recupero de libertad", dijo, y confirmó que para él hay riesgos de "entorpecimiento y el peligro de fuga".

Por ello dispuso la continuidad de la prisión preventiva de Silva en la cárcel de San Rafael, y le trabóembargo en bienes propios hasta cubrir pesos 300 mil.

En el final, la Defensora anunció que iba a apelar, recurso al que in voce el Juez hizo lugar. 

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