Entrevistas
"Contale a tu tribu que existimos": crónicas de un viaje por África
Miércoles, 4 de octubre de 2017Facundo García recorrió más de 9 mil kilómetros del continente africano y plasmó su experiencia en el libro: "Preguntas de los elefantes". Lo presenta hoy en la Feria del Libro.
Por: Eugenia Cano - en Twitter @EugeCanon

Como todos los seres que se atreven al destino incierto, el periodista y escritor, Facundo García, un día soltó amarras y se lanzó a una aventura de más de 9 mil kilómteros por África Oriental. En el trayecto -que hizo por tierra- compartió con tribus, pasó por zonas complicadas y aprendió mucho. (Apuntó al respecto).

Luego de aquella experiencia radical y extrema que duró 8 meses y medio, regresó al país y aquí se dedicó a robarle horas al tiempo para que no se le escape de la memoria lo vivido. Lo hizo con la herramienta que lo mantiene siempre atento: la palabra. Y afincado en su Mendoza natal, lugar del que alguna vez partió por su profesión (trabajó varios años en el diario Página 12), es que logra publicar sus crónicas de viaje contenidas en el libro: "Preguntas de los elefantes". 

Este miércoles presenta el ejemplar en el marco de la Feria del Libro. La cita está anunciada las 19, en la sala Tito Francia del espacio cultural Julio Le Parc.

Vivir para contarlo

¿Qué sabemos los de este lado del mundo sobre África? ¿Qué construcción tenemos armada en la cabeza -o nos ayudaron a armar- sobre aquel continente, para nosotros, tan lejano? El periodista habla de una riqueza que quizás no estemos preparados para comprender desde la visión capitalista de las cosas en la que estamos inmersos. Por eso, con este libro Facundo García abre la puerta a un diálogo cultural y humanista entre Sudamérica y África, y asume un compromiso con la gente que se cruzó en la travesía: contarle a su tribu -nosotros- sus historias. Con qué sueñan, a qué le temen, en qué se esperanzan.

-Llega el día de la presentación del libro. ¿Con qué se va a encontrar el lector con: "Preguntas de los elefantes?

-Para mí es la última estación de un viaje muy largo de miles de kilómetros, hacia el norte, hacia el sur, por todas partes, porque este viaje empieza de una manera curiosa. Yo conozco a mi padre por las redes sociales, yo no lo conocía, me entero por Facebook que mi padre está vivo y que vive en Barcelona y me voy a conocerlo. Así que imaginate, que de eso que pasó en el 2010, 2011, hasta ahora ha sido un proceso largo lleno de experiencias porque me fui a Barcelona y después me volví por África. En vez de tomarme un avión, me volví por África y por tierra. Entonces mañana para mí, vengo más tranquilo de lo que pensaba, básicamente porque traigo el envión del camino. Entonces voy a ponerme la misma ropa que usaba en el viaje. Tengo la misma camisita que usaba casi todos los días en África, los pantalones que ya tienen sus buenos agujeros y las zapatillas, que las he llevado a la zapatera para que se pudieran poner relativamente presentables para mañana, jaja. Y voy a usar la misma ropa que usé en el viaje. Yo viajé todo por tierra, 9.500km, que suena mucho a nosotros los argentinos, pero te puedo asegurar que en los caminos africanos significa mucho más. A veces tardaba un día en hacer 100, 200km y todo el día en colectivo.

-Y en tiempo calendario, ¿cuánto duró este viaje?

-El viaje fueron 8 meses y medio. Yo llego a fines del 2013, paso buena parte del 2014 en África. Fueron 8 meses y medio cruzando. Yo calculé mal en realidad porque yo decía bueno cruzo África..., no sé, vos decís de acá a San Luis son 300km, 4 horas. Bueno, minga. Allá no. A veces tardaba un día en hacer 200km y me quería matar. De hecho en un momento me empecé a angustiar. Por ejemplo, te agarra una guerra civil en la mitad, ¿y qué hacés? Y yo no tenía plata para tomarme un colectivo, entonces en Mozambique, hay una parte que la hice con un carro blindado adelante y otro atrás y en el medio el bondi, que además estaba lleno de agujeros de bala y tenías que ir atravesando así la región de Gorongosa, que es todo matorrales, jaja. Pero bueno, fue lindo, fue lindo.

-¿Cuál fue el imaginario que traías del continente y cómo fue ese primer contacto cultural, tus primeras impresiones? Porque uno siempre se hace una imagen de los lugares y de las cosas y supongo que después habrá cambiado completamente, ¿no?

-Sí. De hecho África para las personas de nuestra cultura es carencia, es vacío, es solamente pobreza y está muy lejos de eso. Hay pobreza, obviamente, pero hay también una riqueza increíble que quizás no estamos preparados para ver. Yo vengo del campo progresista entonces siempre tenía esta especie de angelito al lado de la cabeza -o demonio, como lo quieras llamar- que me decía: "cuidado, preguntate, porque lo que viste por los medios no debe ser cierto". Entonces yo iba con esa sospecha, pero ¿qué pasa?, la sospecha intelectual no me alcanzaba, yo necesitaba hacer amigos africanos para conocer África. No se puede conocer lo que uno no ama o algo que uno no quiere, entonces procuré ir hacia ese encuentro desde una manera afectiva también. El universo te responde en el lenguaje en el que vos le preguntás. Si uno va con un lenguaje frío y técnico, te va a responder con datos. Si uno va con un ánimo poético cabe la posibilidad, lejana pero cierta, de que te responda con algo de poesía, y yo intenté ir así. Iba con dudas, pero iba con ganas de desaprender. Además de aprender cosas nuevas yo quería desaprender cosas que me parecieran obvias. Por ejemplo, manejar dinero. Uno dice el dinero es algo indispensable para la vida. Minga, las pelotas. Hay millones de personas en el planeta que no tocan dinero en todo el año, viven de otra manera. A ver, vos me dirás, les falta un montón. Bueno sí, pero hay gente que vive perfectamente sin dinero, ¿he? No solamente la gente que se muere de hambre. Hay tribus que tienen una vida digna y no manejan dinero, sino que intercambian ganado. Entonces yo iba con estas ganas de desaprender cosas de nuestra cultura que me parecían una estafa. Por ejemplo, que el dinero tiene que ser la estrella de la vida de todos y que sólo tenemos que pensar en dinero para sentirnos ganadores. Eso a mí me parecía una estafa y fui hacia África cuestionando esas certezas que tiene nuestra cultura.

Eso sí, después en el camino fui tratando de encontrar respuestas que siempre fueron provisorias, pero encontré algunas. Pero mi primera actitud frente a África fue esa especie de sospecha, de lo que yo sabía y de lo que había visto en los mapas no tenía por qué ser la realidad, ni tenía por qué ser completamente cierto. De hecho la imagen que nosotros tenemos de África es la imagen producida por Europa y por Estados Unidos. ¿Por qué no una mirada cuyana de África? ¿Por qué no una mirada Latinoamericana sobre África? Esa fue una misión que yo también me puse, ir lo más cercano a mi sinceridad cultural. Yo no me quería disfrazar de gringo ni de africano, yo quería ir como un godoycruceño que soy. Ir desde ahí.

Y los primeros encuentros. A ver..., cuando uno empieza a cuestionarse su certezas se produce un efecto dominó, entonces cuando estas certezas empiezan a caer no te das cuenta, pero con el correr de los meses empezás a enumerar cosas que cuestionaste. Por ejemplo el dinero, por ejemplo el tiempo. La forma en que medimos el tiempo no tiene nada que ver en algunas zonas de África. Te pongo un ejemplo: en Etiopía la gente empieza a contar las horas cuando sale el sol, de manera que si vos te vas a juntar a las siete de la mañana y hace una hora que salió el sol, ellos te van a decir nos juntamos a la una. Por nuestra educación vos y yo pensamos el tiempo de una manera, hay gente que encabeza el presente, Estados Unidos, Alemania. Ellos son países avanzados. Después venimos nosotros y atrás lo que serían los atrasados. Bueno eso es una boludez. Hay gente que vive su propia vanguardia temporal, sus propios ritmos. La única forma de entrar ahí es respetando, al única forma de entrar es con afecto. Por ejemplo yo trataba de entender. También el sentido de la lluvia no tiene nada que ver. Allá la lluvia es un milagro en muchas zonas. Un milagro a nivel de emocionar a la gente. Para nosotros la lluvia a veces es simplemente una incomodidad o una excusa para no ir a hacer trámites.

Pero te digo, estos primero choques culturales se fueron dando de manera progresiva y a modo de efecto dominó. Una de las primeras cosas que me pasó fue pegarle un pisotón a una chica musulmana en un colectivo y le quise pedir disculpas. Viste que nosotros somos de tocar le hombro, como un cariñito, es muy latino eso y no sabés, me encararon todos los chabones del colectivo y me dijeron:"No, no, no. Acá no tocamos a las mujeres". Y como esas me pasó muchas veces. A tal punto que yo asumí que iba a ofender. Hay zonas en que usan la mano izquierda para limpiarse el culo y comen con la mano derecha. Yo soy zurdo y me di cuenta que en algunos lugares en donde comía estaba ofendiendo. Cuando yo metía la izquierda en el plato nadie más comía, por ejemplo. Yo para ellos era repugnante. Bueno, hasta que fui aprendiendo. A tal punto que en momento de mi viaje y agarraba a la gente que conocía de una cultura diferente y les decía: "disculpen, se que los voy a ofender con algo, pero quiero que sepan que no es voluntario y estoy aprendiendo". Y entonces me explicaban y los choques era más comprensivos. Ellos se empezaron a divertir. Por ejemplo, nosotros en ese momento teníamos una presidente y yo les conté que teníamos una presidenta y me decían "no, no puede ser, me estás chamuyando", porque no podían creer. Los guerreros de la Sabana son tan patriarcales, tan machistas que no lo podían creer.

Es interesante lo que preguntás porque después que asumías el choque cultural pasaban dos cosas. Una, pedías disculpas de antemano, pero ahí te relajabas, y la otra, usabas el choque cultural a tu favor. Te pongo un ejemplo: aldea de guerreros Masái, en la Sabana, Kenia. Me ponía yo a lavar mis calzones en la mitad de la aldea. Me rodearon varios y me decían: "¿qué tipo de hombre sos que te lavás los calzoncillos?, ¿no tenés una mujer que te los lave"? Yo les decía: "no flaco, yo me lavo los calzoncillos, no me los lava nadie", y se quedaban pensando. Y en la medida de que ellos aprendían a respetarme a mí también, se preguntaban si no serían ellos los giles. Y yo ahí de algún modo provocaba el choque cultural y lo usaba a mi favor. Entonces para resumir este choque cultural que se dio a modo de efecto dominó tuvo tres etapas: la primera que fue de choque, la segunda que eran las disculpas y la tercera que era usar el choque cultural a mi favor.

-¿Cómo te comunicabas? ¿En qué idioma?

-Yo hablo inglés y el francés de la secundaria me sirvió un montón. Siempre le digo a mis alumnos estudien los idiomas de la secundaria porque les van a servir una bocha. Y después hay muchas lenguas tribales. Vos sabés que en África hay cientos de etnias y muchísimas tienen su propia lengua, entonces ya ahí apelaba al mendocino, que es mi lengua, jaja. La lengua de mi pueblo es el mendocino. Mirá, cuando vos perdés la esperanza con el inglés y el francés, te sale. Le decís: "loco quiero dormir", "quiero comer" o "carne no", lo que sea. Te sale la cosa menduca o de tu cultura y ahí ganás una fuerza expresiva que en otros idiomas no tenés. A veces te entienden en ese momento. Clavaste la mirada en los ojos del otro y con el corazón abierto le estás diciendo en tu lengua materna lo que necesitás.

Ser periodista: un saco que se lleva puesto

Cuaderno de viaje. Foto: Facebook Preguntas de los elefantes.


-Sos periodista. Cuando encaraste este viaje, ¿lo pensaste desde ese lugar o te despojaste de todo? Hubo un cuaderno de viaje ilustrado también. ¿Cómo fue la experiencia?

-Mirá, García Márquez decía esto sobre el periodismo, que nuestro oficio no es un oficio del que uno pueda sacarse el saco y colgarlo y seguir la vida. A mí me parece canalla, eso de los periodistas que te dicen estoy de vacaciones y de pronto explotó la bomba atómica al lado de ellos y dicen que no porque están de vacaciones. No. Para mí no es así. Para mí el periodismo, y sobre todo la escritura, son una excusa para vivir atento. Para que no me pase la vida por al lado ni por encima. Yo quiero meterme en la vida y para eso yo creo que la escritura puede ser una herramienta. Ya te digo, no soy quién para hablar de la calidad de una escritura, pero sí puedo decir que yo veo a la escritura como una forma de vivir atento. Eso sí que estaba (...) A veces cuando hacía preguntas a los africanos hacía preguntas que eran mías. Sobre Dios, sobre la libertad, sobre el amor. No dejé nunca de ser periodista. Sí creo -y esto lo sentí-, que no lograba encuadrar mi periodismo dentro de lo que son los medios masivos. De hecho el libro es un intento por salir del lenguaje de los medios masivos y buscar otra cosa. Para mí, sigue siendo periodismo. Por ejemplo, en vez de sacar fotos -tengo fotos, tengo videos- yo me sentaba a dibujar. ¿A qué te obliga dibujar a diferencia de la foto? Vos sacás la foto y te volvés o te vas. Yo trataba de sentarme, de pasar una hora o dos y observar y dibujar. Y ese acto de dibujar me permitía un montón de cosas. Me permitía hacer periodismo desde el cuerpo, desde lo que había sentido mi cuerpo en ese momento. Si fuera un momento de peligro, de lluvia, de calor, de lo que fuere. Vos me preguntarás: ¿Es eso periodismo? Bueno, para mí sí.

Como periodistas tenemos que buscar nuevos lenguajes, porque está claro que los lenguajes que estamos usando hasta ahora no solamente no sirven para contar realidad, sino que están sirviendo para ocultarlas y eso es más peligroso todavía.

-Y no es inocente...

-Y no es inocente. De hecho, lo que se ve de África, esta política imperialísticamente construida, pero también lo que no se ve de África.

-Claro, lo que se hace invisible a propósito.

-Sí, lo que se hace invisible a propósito. Por eso vemos en África carencia y África está buenísimo. Los africanos están esperando que salgamos a conversar con ellos. Son hermanos. Cuando estás ahí te das cuenta. Lo que pasa es que el diálogo entre Sudamérica y África ha estado cortado históricamente, mediado por los canales de cable, por las revistas de aventuras.

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Dos viajes y una misma aventura

-Hubo un viaje real y me imagino que hubo otro viaje a la hora de escribir, ¿cómo decidiste estructurar o darle forma a esa narración?

-Hubo un viaje real que no fue solamente de contar las historias que yo encontrara en términos de conocer a tal persona y saber su realidad, sus sueños, sino que yo les pedí a ellos que me contaran por ejemplo sus historias de terror. En la Sabana yo decía: "bueno, ¿a qué le tienen miedo ustedes? Entonces estábamos en la noche, en un fogón y yo les pedía que me contaran una historia. Cuénteme qué les da miedo o cuáles son tus sueños, le preguntaba a una niña albina en Uganda. Vos sabés que las niñas albinas son perseguidas para cazarlas y usar sus partes para pociones mágicas. Ese sustrato oculto que tiene que ver con lo que la gente sueña, con las fantasías que tienen, porque me parece igual de valioso que contar lo meramente material. África tiene todo un paisaje espiritual y un paisaje de sueños, esperanzas, onírico incluso, que no vemos. Que no estamos preparados para ver. Parece que los africanos no soñaran, por ejemplo. ¿Has escuchado o has visto algún programa que cuente con qué sueña una persona de la Sabana? Sueñan..., parafraseando a Philip K. Dick "¿sueñan con leones los africanos de la Sabana?". ¿O sueñan con qué? ¿Con qué sueñan? A mí eso me parecía apasionante y se los pregunté.

Está por un lado ese viaje real, que tiene que ver con una realidad expandida, que incluye también los sueños que yo les pregunté y les pedí que me contaran. Y por otro lado el viaje de escribir. Cuando yo volví a la Argentina, a Mendoza, tenía unas 500 páginas de diario de viaje que incluían mis dibujos. Ahora, ¿cómo hacía yo para que todas esas voces que yo había metido tuvieran una forma? Tuve que tomar muchas decisiones. Lo primero que atiné a hacer fue dividir en países, pero después no, después me di cuenta que había historias que se llamaban entre sí y que podían ir una al lado de la otra porque se sintonizaban. Y sí fui tratando de darle una forma. El libro tiene para mí una premisa, siguiendo a Atahualpa Yupanqui, que Atahualpa siempre decía: "No se ponga usted delante de la canción". Entonces yo procuré hacer eso en el libro, no ponerme yo adelante de estos hermanos. Yo soy un canal. Un canal que siempre tiene su punto de vista, su perspectiva, y cuento una historia, pero no es únicamente mi historia, es la historia de ellos. En ese sentido el libro es de todos nosotros. Ningún autor escribe solo.

Después yo termino el libro y tengo unas 300 hojas que yo sabía que las iba a defender con mi sangre. Pero no tenía editor y a nadie le interesa un carajo. Era difícil encajarlo, pero tuve suerte. Apareció la profe Marta Castellino, de Filosofía y Letras, y dijo "esto hay que publicarlo", y me dio ánimos. Y después salí con mi motito a distintos municipios de Mendoza a decir esto mismo. Que a mí los africanos me pidieron lo siguiente: "Contale a tu tribu quiénes somos. Contale a tu tribu que existimos, cuáles son nuestros sueños". Y yo asumí ese compromiso. Se lo conté a la gente de mi tribu y les pedí que me ayudaran porque para mí valían la pena esas historias, y que a cambio yo iba a ir por las escuelas y los centros culturales. Cuatro municipio decidieron ayudarnos, que son Lavalle, Tunuyán, Maipú y San Martín. A eso se le suma el apoyo de Filosofía y Letras.

Me parece que en este intento de hacer un diálogo entre Sudamérica y África es un principio, es como un granito de arena que estamos aportando.

La voz universal de la cuyanía

"Hay otro aporte o es un intento, no sé si me salió pero espero que sí, que es demostrar que la mirada mendocina también puede ser una mirada universal. Y no siempre endogámica, provinciana necesariamente y en el mal sentido de la palabra. Yo creo que hemos tenido gente que miraba el universo con ojos mendocinos y yo intenté hacer eso también. No sé si me salió. No soy quién para decirlo, pro sí que tuve voluntad. Estoy convencido de que Mendoza puede y debe tener una mirada sobre el mundo y que nuestra mirada aporta al concierto de voces".

Lo que nos une más allá de las distancias

-¿Somos tan distintos humanamente?

-Mirá, todo el mundo quiere querer y que lo quieran. Eso te lo puedo firmar ahora, acá, en la China, en el medio del Sahara. Todo el mundo quiere querer y que lo quieran. A partir de ahí empezamos a construir. Cada uno construye sobre esa base un castillito diferente. A veces es más bello, otras veces es más parco, o feo, pero compartimos eso: querer y que nos quieran. Cuando yo entendí eso empecé a querer y a dejarme querer y ahí me conecté desde lo profundo.

El aprendizaje: la vida merece vivirse con intensidad

-¿Sos un hombre distinto después de ese viaje?

Sí, absolutamente. Yo quería eso también, ¿he? Aprendí muchas cosas. De verdad hay capítulos del libro que yo no puedo leer, porque yo veo personas reales. A lo mejor el lector las imagina, pero yo las conocí. A veces en las noches me pregunto si estarán vivas esas personas, porque mucha gente venía escapando de la guerra. Entonces definitivamente creo que soy un hombre diferente. Aprendí muchas cosas, pero si te tuviera que nombrar una al azar, te diría que de los africanos aprendí la intensidad con la que merece vivirse la vida. Cuando un tipo sabe que va a vivir 40 años, no desperdicia el día preocupado en boludeces. Cuando un tipo sabe que se puede morir en cualquier momento va a lo nodal de la vida, a la raíz. Entonces vos charlas con un africano y el africano va a estar ahí, porque no sabe si va a poder volver a charlar mañana. Nadie en esa zona, creo yo -o por lo menos es lo que yo percibí-, muy poca gente va a ser tan torpe de pelearse con un familiar y no hablar durante 5 años, porque esos 5 años puede ser que te moriste. De ellos aprendí entre muchas otras cosas esta intensidad. Estar. No entre comillas, estar realmente. Para mí ahí hay una lección.

Una persona con tuberculosis que pesaba 40 kilos, de repente te miraba y te sonreía ¿Y sabés por qué? Yo entendí esto: te sonríe porque sabe que quizás ella muera, porque es lo mejor que ella sabe dar. Yo creo que sería canalla seguir impasible frente a esas cosas, esas escenas que tuve la suerte de vivir.-

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