Dos fenómenos que pueden ser un batacazo en las PASO
Martes, 8 de agosto de 2017Dentro del frente Somos Mendoza, muchos apuestan al kirchnerismo que va con una figura no conocida en la provincia. Desde Protectora surge la figura de Ramón y su defensa de los que menos tienen.
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

La mayoría de los encuestadores mendocinos coinciden en que estas PASO pueden dar un par de sorpresas más o menos inesperadas meses atrás: una de ellas puede ser un comportamiento extraordinario de Juani Jofré, el candidato kirchnerista que compite dentro del peronismo y que fue ganando adhesiones y abriéndose camino hablando más de Cristina que de él mismo. La otra sorpresa puede venir de la mano de José Ramón, el referente de Protectora que con la marca del Partido Intransigente puede que cuando termine el recuento de votos, en la noche del domingo, haya alcanzado el porcentaje mínimo para ganarse el derecho de pasar a la final del 22 de octubre.

Jofré ha logrado empardar a las dos versiones del peronismo tradicional que se medirán por el puro poder del movimiento en estas PASO. Por un lado los caciques, los intendentes históricos del peronismo apoyando al sanrafaelino Omar Félix en franca confrontación con dos azules, Jorge Tanús y Patricia Fadel, ambos sostenidos por los lasherinos el ex gobernador Carlos Ciurca y el actual diputado nacional Rubén Miranda. La irrupción de Jofré obedece a dos fenómenos claros: la fuerte y sólida presencia del kirchnerismo que el peronismo ortodoxo provincial siempre observó con desdén y con una buena dosis de subestimación. El kirchnerismo como tal nunca consiguió dentro del PJ mendocino hacer pie de manera estable. Cuando dominó la situación, lo hizo por el dedo omnímodo de Cristina cuando la ex presidenta gobernaba. A partir del 2011 los autodenominados "pibes de la Cámpora", "los soldados de Cristina" o "los hijos de Néstor", llegaron al estrellato con fórceps. Cristina le impuso a Celso Jaque como senadora a Anabel Fernández Sagasti, por entonces una ignota pasante del Ministerio de Gobierno de la administración de Jaque, tan desconocida y fuera de los radares que Jaque debió llamar a Mendoza, desde una oficina contigua a la de la presidenta, en la Casa Rosada, para preguntar de quién se trataba la persona elegida por Cristina. Fue tan violenta e inconsulta la intervención en las listas el peronismo mendocino que hizo la poderosa jefa del Ejecutivo nacional que a partir de allí nada fue igual en la relación con la nación. Francisco Paco Pérez ganaría la elección de la mano de Cristina y a excepción de aquel momento fugaz en donde la presidenta, en un acto con los nuevos gobernadores, se refirió al flamante gobernador de Mendoza por su apodo de Paco, la relación entre ambos siempre fue distante y el kirchnerismo, al menos en el manejo y administración del poder del peronismo, nunca tuvo un lugar de privilegio. El peronismo se cobraría tanta indiferencia y ninguneo de la presidenta hacia Mendoza y sus dirigentes de esa forma y Cristina, hasta el fin de su mandato continuó con su política de darle aire sólo a los suyos y propios y nada a los históricos referentes del peronismo tradicional que maldijo cada vez que pudo.

El peronismo, tras la debacle electoral contra Alfredo Cornejo, quizás cometió el error político de no buscar un acercamiento con los K. Decidió enfrentarlos. Al igual que la misma Cristina que en la cresta de la ola que surfeaba aguijoneó a la derecha y a Mauricio Macri con aquella famosa frase "armen un partido y ganen las elecciones", los dirigentes peronistas perdidosos, ardidos y golpeados imitando la sentencia de Cristina, tomaron distancia de los soldados del kircherismo y los invitaron a pelearles el poder en las urnas. Esa es la batalla que se librará el próximo domingo. El problema del peronismo no kirchnerista es que llegará a la contienda dividido y hoy las encuestas vaticinan que Jofré puede hacer una buena elección donde quizás arañe el segundo puesto o finalmente lo logre. Claro que no se sabrá hasta el domingo, como corresponde.

A partir del resultado de las PASO, una de las cosas más atractivas que dejará la política para el día después será analizar hacia dónde irá el peronismo mendocino. Pero está claro que si Jofré ha hecho campaña tomado de Cristina y proponiendo que si lo eligen para llegar al Congreso su misión será ayudar a la ex presidenta para ponerle un freno a Macri, y en caso de que logre el objetivo de ganarse ese derecho, las preguntas irán más allá del peronismo.

También escrutarán al oficialismo y a toda la dirigencia tradicional. El dilucidar el por qué buena parte del electorado prefiere, con Jofré y su discurso cristinista, volver al viejo esquema del estilo y modos kirchneristas, supera a esa explicación extendida de que lo harían porque antes se vivía mejor aunque quien administrara fuese mucho, poco o demasiado corrupto. Es algo de lo que se tendrá que ocupar la política argentina a partir de octubre, incluso con la llegada de la ex presidenta al Senado nacional como todo parece ser que sucederá.

Lo de la gente de la ONG Protectora, con José Ramón al frente, candidato para estas PASO, también obliga a analizar un posible comportamiento electoral que le permita competir en octubre. Se trata de un fenómeno que si los dirigentes históricos lo han visto, ya sean dirigentes que hoy gobiernan o que militen en la oposición, nunca se ocuparon con especial atención. Se podrá decir, especialmente desde el oficialismo, que las reformas económicas había que hacerlas de forma obligada para evitar el colapso del país. Que el problema energético hay que solucionarlo y que el Estado no tiene los recursos suficientes para mantener los niveles de subsidios a las tarifas de los servicios públicos que el país tenía hacia fines del 2015. Se podrá argumentar, con razón y solidez técnica que había que hacer ese esfuerzo. El punto es que se ha hecho tan mal que las consecuencias es posible que el oficialismo las sufra en este examen electoral.

Cornejo sabe los riesgos que corre y prefiere bajar las expectativas por varios motivos. Para mantener activa la militancia en favor de sus candidatos hasta el último día de la elección, para que no se baje la guardia y para evitar una frustración y cierto nivel de desesperanza en todo Cambiemos en caso de que la diferencia a favor de sus hombres y mujeres no sea la que en la intimidad ya festejan.


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