Menos nieve, más lluvia: el desafío de convertir un problema en un cambio de paradigma
El desafío es cambiar 400 años de crecimiento en torno al agua de montaña y empezar a aprovechar las copiosas lluvias que llegan. La provincia ante el cambio climático. Cómo hacerlo.
Por: Myriam Ruiz - Directora de Sitio Andino - @myriruizbarrio

Luego de la tormenta de la semana pasada, cuando en pocos minutos cayeron tantos milímetros como en otros años suele llover sólo en un mes y tras estos siete días de inestabilidad con los que llegó abril, con nieve en alta montaña y lluvia persistente en el llano, en los que grandes zonas de la provincia terminan con anegamientos, roturas de puentes, caminos y hasta barrios inundados, uno se pregunta qué es lo que está cambiando en Mendoza y si estamos, o no, preparados para ese cambio. ¿Llueve más por El Niño o es por La Niña? ¿Terminaron los años de sequía? ¿Nevará mucho más este invierno? Preguntas que hicimos a Ricardo Villalba, investigador en jefe del Conicet, director del Ianigla y uno de los mendocinos que conoce los glaciares como la palma de sus manos.

Ricardo Villalba, investigador del Conicet director del Ianigla.

"El clima está planteando un desafío a Mendoza. Tenemos que entender que el agua tradicional por la cual nuestra provincia se desarrolló durante 400 años, que es el agua de deshielo, va a ir disminuyendo cada vez más, a lo largo de décadas. Por el contrario, el agua que antes era escasa ahora es mucho más copiosa y persistente, como lo son las lluvias de verano y otoño. El desafío es aprender a utilizar estas nuevas fuentes de agua", explica.

Su forma de ver las cosas -de estudiarlas durante años- no deja de ser sorpresiva para los mendocinos típicos, acostumbrados a vivir en un desierto y paremos de contar.

Mendoza transitó una larga sequía de seis años, de la que comenzó a "salir" con la llegada de El Niño. "En diciembre del 2015 se dio el pico de precipitaciones de El Niño y alcanzó a cubrir el inicio del invierno 2016 cuando tuvimos fuertes nevadas que ayudaron a recomponer la situación hídrica", cuenta el científico.

Ahora bien, eso fue sólo el principio. Ese esquema de lo que ocurre en alta montaña, nada tiene que ver con las lluvias que hoy nos anegan: uno responde al sistema del Pacífico y estas otras al Atlántico.

Por qué llueve más en Mendoza

"Tenemos que distinguir dos aspectos importantes del clima de Mendoza -nos explica el investigador-. Por un lado la nieve de cordillera tiene su origen en el Pacífico, mientras que la precipitación del llano es humedad atlántica. Las nevadas en cordillera pueden ser afectadas por El Niño, pero no estas lluvias que vivimos de tipo otoñal".

Uno de los tantos aludes que se produjeron en la montaña.

Las lluvias de este abril ocurren por que, al igual que el año pasado, un centro de alta presión se estacionó en Patagonia y eso hace que lugares comúnmente lluviosos como Bariloche o Valdivia hoy estén secos, en cambio esa humedad se ha trasladado a zonas como la nuestra.

"Lo que nos ocurre, es que somos de memoria corta. El año pasado hubo 23 días en mayo sin sol, en los que llovió persistentemente. La gente ya decía que la Mendoza soleada no existía. Este año ocurre lo mismo, y es estacional", explica.

De todos modos, y pidiéndole una mirada a largo plazo, Villalba que es un estudioso del calentamiento global, de los glaciares y la dendrocronología, indica que "en un mundo que se calienta, las situaciones de verano van a ser más comunes: lluvias, tormentas irán en aumento, en tanto que las situaciones de invierno, como la nieve en cordillera, tenderán a ser más breves".

¿Mendoza será más cálida?, le preguntamos. Y se apresura a contestar que el planeta entero será, tras largas décadas y períodos, más cálido.

Mendoza ante un nuevo desafío

Esto pone a Mendoza en otro punto de la historia. Y Ricardo Villalba nos ayuda a pararnos en ese espacio-momento y mirar al futuro, para ver qué tipo de provincia es la que necesitamos para aprovechar el cambio, y no sufrirlo tanto como viene ocurriendo hasta ahora. "Cambiar la forma de pensar, enfocar de otra manera la situación", es la manera.

"El desafío es cambiar -explica el director de Ianigla a Sitio Andino-. La estructura de riego de Mendoza está armada en base al agua que baja de la cordillera pero no está pensada para reutilizar el agua que hoy tenemos como lluvia en verano ni en otoño, a esto hay que tender", dice.

En su opinión, mejorar la estructura de diques y represas, que sirvan para juntar agua para varios años (hoy, la mitad del agua de un dique se distribuye en la primavera al dar el agua para riego); también revisar si en los meses lluviosos se podrá cortar el agua de los ríos, y reservarla; así como pensar en pequeñas presas o reservorios que guarden el agua de las lluvias copiosas para que no se pierdan y usarlas luego, en meses secos. Esto, en cada uno de los oasis de Mendoza.

Dique Potrerillos.

"Lo que estamos viendo es una situación crítica para Mendoza, que fue diseñada en torno a una cordillera fantástica, que marcó el desarrollo social y económico de nuestras familias durante siglos", enfatiza. "Esa cordillera capta en invierno la masa de aires húmedos del Pacífico y la deposita como nieve en la montaña, esa nieve empieza a derretirse en el verano cuando la necesitamos para cultivos y parte de ella se acumula en glaciares, de modo que tenemos un dique natural, tan perfecto, que en años secos también podemos contar con ella", esquematiza.

Ahora, por el calentamiento global los glaciares están en retracción y ese acopio natural de agua va a ir disminuyendo cada vez más. Por lo que, a largo plazo también se reducirá la cantidad de agua de los ríos.

"Mendoza es muy vulnerable a lo que ocurra en la cordillera, hemos crecido y vivimos gracias al agua que nos provee. Pero es una fuente que va a ir en disminución y es nuestro deber prever otro modelo de crecimiento".

Villalba cuenta que en el año 1968 no nevó. El río Mendoza trajo un 40% de su caudal normal, agua que salió de los glaciares. "Entonces, en un año crítico sabemos que los glaciares nos daban un 40% del agua que normalmente llevan los ríos. En cuatro décadas, la cantidad de población en Mendoza se duplicó, hay un doble de demanda, de exigencia y menos agua que en los ‘60", Villalba asevera que es prioritario ponerse a trabajar.

Qué hacer para lograr sustentabilidad

Como todo investigador lo suyo son contar con modelos de predicción certeros, que hoy no existen. "Vivimos del agua de montaña y no sabemos cómo funciona el sistema climático de altura. Medir lo básico, cuánto llueve en el pedemonte; cuánto ha precipitado en montaña y con qué frecuencia eso va a ocurrir, es elemental".

Luego de años de tratativas, acaban de llegar a Mendoza 6 estaciones meteorológicas. "Vamos a tener transmisión real y en directo de lo que pasa en la montaña: Cristo Redentor, Las Cuevas y hasta Plaza de Mulas, en el Aconcagua", cuenta. También habrá estaciones -hoy no hay ninguna- en Cordón del Plata, Punta de Vacas y en Potrerillos, justamente para medir la cantidad de agua caída y hacer modelos climáticos nuevos.

"Falta mucho a nivel política. Lo que hay son pequeños impulsos, pasos que se dan lentamente. Mendoza es un pueblo que vive del agua y que a principios del siglo XX ya medía lo ríos. Nuestra provincia tiene registros hidrológicos históricos más importantes del continente y la primer Ley de Agua de toda América", recuerda.

Todo esto marca un inicio, pero no un final. El desafío que nos plantea la naturaleza es pensar esas nuevas formas de conseguir agua en el desierto, si ya no de la montaña pues tendrá que ser de los veranos cada vez más tropicales y de las lluvias otoñales, aprender a acumularla y utilizarla durante los meses secos. El cambio climático sólo será traumático para quienes no tengan capacidad de adaptación, dicen... una y otra vez, los documentales que vemos por televisión y que hoy nos tocan la puerta.

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