Columna política
País neurótico: entre los revoltosos de la grieta y los pacientes del medio
Viernes 17 de Marzo de 2017Mientras el debate político sigue dominado por las expresiones extremas y fanáticas, una mayoría silenciosa se prepara para votar. Allí están los hombres y mujeres que definen cualquier elección, y el futuro de la provincia y el país. En la neurosis en la que se vive y ante la posible ausencia de alternativas -oficialistas y opositoras- para introducir en las urnas, la política está obligada a tomar nota del fenómeno.
Por: Marcelo Torrez En Twitter @MarceloTorrez

Una masa indefinida de personas que traspasa transversalmente a todos los estratos sociales, hombres y mujeres comunes, de a pie, gente de bien y esforzada, no representada por las dos o quizás tres expresiones políticas más trascendentes que dominan la actualidad del país, comienza a emerger como el gran árbitro que tendrán las elecciones de medio término que se acercan a ritmo frenético.

Esos ciudadanos, los que definen en concreto hacia un lado u otro cualquier resultado electoral, votan gestión, exigen resultados, tienen paciencia, son la fuerza económica, cultural e intelectual del país; allí se mezclan el pequeño y mediano emprendedor, el comerciante, el docente, el ingeniero, el laburante con o sin oficio y el doctor. Y han sido, todos ellos en su conjunto, el botín escurridizo a conquistar por la política durante las campañas electorales.

Saben y conocen mucho de la grieta política, pero no se enroscan en sus tramposos vericuetos. Son, para quien gobierna, el hueso duro de roer, moldear y dominar y para la oposición un gigantesco número de voluntades que ha veces le hace creer que va por la senda correcta aunque poco o nada le crea a sus referentes. Es la gente, en definitiva, que se convierte en la carta de triunfo y el pase hacia el Olimpo de los dioses, o bien la puerta de salida que los conduce a todos al infierno.

El gobierno de Mauricio Macri se enfrenta a un problema mayúsculo de difícil resolución. La mayoría de esa gente no politizada partidariamente sabe muy bien lo que quiere y pretende y fue la que, en gran medida, le permitió alcanzar el poder a fines del 2015. Sobre el fin del kirchnerismo ese grupo de personas sabía muy bien lo que perseguía para sí y para el país en su conjunto y así lo entronizó en el poder. Y hoy va por el resultado de aquella decisión y se prepara para el examen de medio término.

Hay motivos objetivos, bien claros y definidos como para que el oficialismo hoy esté preocupado. Más allá de la permanente y sostenida agitación social que ha ganado las calles de algunos centros urbanos más importantes, empezando por el de la estratégica provincia de Buenos Aires, que lleva a los voceros del gobierno a denunciar maniobras desestabilizadoras, si esa masa de personas que hoy ausculta al gobierno desde la paciencia y la pasividad sin caer en las trampas que le son tendidas desde algunos sectores de la oposición, decidiera manifestar su desencanto tiene motivos más que suficientes como para que cualquier acción que dispusiera fuera legitimada sin más.

El nuevo dato del desempleo, del 7,6 por ciento en el global país y del 3,3 por ciento en el Gran Mendoza, no muestra cambios significativos desde la medición anterior. Lo positivo lo marca que la situación no se ha agravado; lo preocupante para el gobierno es que sus políticas aplicadas en el plano de la economía en general no mejoran sustancialmente la situación. Y la paciencia de esa gran masa de votantes se termina, con lógica absoluta.

Su desafío, mientras no aparezcan los resultados que todos esperan, está centrado en refundar la esperanza que generó en la mayoría que le permitió sacar del poder al kirchnerismo. Sin embargo, ante la ausencia de avances trascendentes en la salida del estancamiento que prometió, se ha concentrado en ahondar aquella grieta que dominan los exaltados, los fanáticos y los que ganan la agenda pública en los medios de comunicación. Puede que le alcance, quizás, como para lograr un resultado más o menos decoroso en las elecciones, pero no se le permitirá por mucho tiempo más la permanente apelación al pasado, por más que el pasado protagonice en la calle esa agitación que el propio oficialismo puede que esté viendo como funcional a sus propios intereses.

El presente del oficialismo en Mendoza no tiene mayores diferencias que los dilemas y desafíos del nacional, pese a lo que se cree. Porque si bien el gobernador Alfredo Cornejo ha podido demostrar triunfos claros en cuanto a la administración del Estado y en el manejo de la situación social y económica basado en gestión y en un estilo de conducción que le devolvió la seriedad al Ejecutivo, no debería desconocer el impacto negativo de todo lo que se percibe en el plano nacional.

El fastidio y el fin de la paciencia generalizado también arrastrará hacia abajo o menguará las chances con las que cuenta como para que la ciudadanía le revalide con un triunfo claro lo que viene haciendo. Por eso no define, todavía, las fechas en las que se realizarán en Mendoza las elecciones. La Cámara Nacional Electoral viene de anunciar que el país votará el 13 de agosto en las PASO y el 22 de octubre en las generales. La decisión en el gobierno provincial no está tomada aún en el sentido si se hará coincidir las elecciones provinciales con esas fechas o si en cambio decide un desenganche. Las encuestas le dan al oficialismo mendocino 15 puntos más de la imagen positiva o el nivel de aceptación que tiene la gestión de Macri en la provincia.

Cornejo todavía se está debatiendo entre lo que cree que será un triunfo claro, pero ajustado si va con las mismas fechas de la nación, por sobre una deslucida oposición, sin referentes, sin renovación y sin líderes aceptables mayoritariamente o bien un triunfo contundente si lograra imponer en Mendoza una disputa puramente provincial, sin la incidencia de lo nacional.

Cornejo, por lo que ha demostrado, no suele arriesgarse a jugar una carta que no le dé la seguridad de que será ganadora. Si decreta una elección conjunta con la nación, será porque el propio Macri, no otro, se lo pida, detrás de la estrategia de que lo poco o mucho que tiene la coalición gobernante en el interior reúna todo lo pueda para ir en la salvación de María Eugenia Vidal en Buenos Aires. En Vidal, y en Buenos Aires, está clave del futuro de Cambiemos hacia un final de gestión más o menos cómodo.

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Comentarios
mecenas
19-03-17 11:37
Hay un eje fundamental en el debate político económico que nadie puede negar, hay riqueza para repartir y el modelo del anterior gobierno trató con todas sus limitaciones y actos de corrupcción, si se quiere, de llevar a los sectores más desfavorecidos. Seguimos teniendo ingresos por exportaciones agropecuarias favorables. El actual gobiero demostró cabalmente cuál es el destino de esos ingresos: el sector más rico de argentino. A los buitres se les pagó todo lo demandado, con tasas usurarias. Y a los docentes se les niega lo que por derecho les pertenece. Veremos que dice el pueblo en las urnas, el verdadero soberano.
Mario
17-03-17 09:41
A ver..trata de explicar que murió el kirchnerismo y la gente va a evaluar a cambiemos? Entonces porque en las encuestas esta primera CFK? Como siempre los medios a favor del oficialismo.
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