Convocatoria Cuentos Andinos
"La puerta"
Lunes 9 de Enero de 2017Por Lito Magistris. "Isabel era una mujer ordenada, pulcra, práctica...".


LA PUERTA

Isabel era una mujer ordenada, pulcra, práctica. No obstante tenía ese lado "volado" que muchos criticaban y otros, admiraban. He querido relacionarlo con una suerte de defensa que se armó para escapar del recuerdo de Alma, su hijita que había muerto atragantada con una vainilla cuando apenas tenía dos años.

Ese lado volado le imprimía a Isa cierto carácter aleatorio, indescifrable, excéntrico. Alguna de las cosas que típicamente ella podía hacer era aparecerse en calzas en un casamiento, llegar dos horas tarde al suyo, olvidarse dónde estacionó el auto o comprar cualquier cosa completamente inútil.

Pues bien, una vez se apareció con una puerta tipo celosía. No tuvo mejor idea que plantarla en el living, apoyada sobre la pared, al lado de la tele. Pero eso no es todo, Isa la movía de aquí para allá constantemente. Cuando alguien se lo señalaba, ella decía que así podía pasar adonde quisiera con sólo abrirla. Por supuesto que todos nos cantábamos de risa, con lo que ella se enojaba y nos mandaba a pasear furibundamente. Hasta que un día se cansó de nuestras bromas y en medio de una reunión, sin mediar palabra se levantó, abrió la puerta y se metió por ella. Hubo una mezcla de asombro, risa nerviosa, desesperación, descreimiento. Pasaban los segundos y nadie se movía ni se atrevía a decir palabra. Hasta que me levanté y abrí tan sólo para quedarme helado cuando me topé con la pared detrás de aquella.

¿Adónde había ido?

Cerré la puerta sin saber qué decir. Isa apareció a los pocos segundos. Una sonrisa triunfal le iluminaba la cara. "Estuve jugando con Almita", me dijo como si nada hubiera ocurrido y luego se cebó un mate para seguir alegremente la conversación que minutos antes había interrumpido.

Demás está decir que la abrumamos a preguntas: ¿Qué era eso? ¿Cómo lo hacía? ¿Era magia? ¿Era un truco? ¿Una ilusión óptica? ¿Nos estaba devolviendo las bromas que le hacíamos hasta el hartazgo? A todo respondía sonriendo sin decir palabra. Pero su ceño se iba frunciendo. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Vi una infinita tristeza en ellos. Me miró un instante y yo me di cuenta de lo que haría. Le sonreí y asentí con mi cabeza mientras le soplaba un imaginario beso mariposa. Era nuestro código. Se levantó y súbitamente abrió otra vez la puerta, giró su cabeza, me guiñó un ojo y desapareció.

La casa sigue igual. Aún siento un perfume a vainilla cuando entro en ella. La puerta sigue en el living. Nadie pudo volver a abrirla.


Autor: Lito Magistris

Tamaño del texto
Comentarios
BEATRIZ CANO MAINARDI CANO
12-01-17 08:56
Hermoso cuento fantástico.
Felicitaciones al autor.
María Victoria Muñoz
11-01-17 10:30
Lito... Genial. Conmovedor. Directo ami Alma!!
Tu comentario:
Más de Cultura
 "No tocar": jugando a jugar
Daniel Quiroga se vuelve a poner la nariz de payaso para ofrecer un unipersonal en el que la imaginación la da poder a la risa.
La presencia de Mendoza en la Feria del Libro de Buenos Aires
Este año se han dispuestos dos stands en distintos pabellones. Habrá presentaciones de libros y espectáculos artísticos.
Falleció el artista Chipo Céspedes
Pintor y escultor, murió este jueves a los 87 años.