Cuentos de otoño
"Yendo"
Jueves, 31 de marzo de 2016Por Juan Pablo Barrera. "Imagino que debes estar volviendo mirando el mismo cielo que anuncia lágrimas...".

 YENDO

Por: Juan Pablo Barrera

Las luces de los autos que vienen de frente, el ruido del citroën que no me deja escuchar la voz de un periodista contando las últimas noticias en la radio, el cielo un poco gris presagiando lluvia. En todo ese panorama, imagino historias, cuentos, realidades, vidas. Imagino que debes estar volviendo mirando el mismo cielo que anuncia lágrimas. Pienso que los del Renault 12 que acaba de pasarme están regresando a casa después de una labor en las afueras, que tal vez van escuchando música, una FM de esas tropicales que le ponen ritmo a cualquier hora del día, que les debe quedar un rato mas para llegar, que no hablan entre ellos, que van todos cantando hacia dentro. Entonces vuelvo y el tipo de la radio sigue contado que el país no ha cambiado mucho, no lo dice así, pero uno se da cuenta.

Tengo que frenar un poco, he llegado a la cola de un camión al cual le cuesta mucho llevar la carga. Entonces el camionero irá tranquilo, en este caso no puedo imaginar que va escuchando pero por la carga que lleva deduzco que recién debe estar empezando su viaje, que hace poco se despidió de su familia para emprender el recorrido que vaya a saber donde lo llevara a él y a su carga. Intento pasarlo pero no encuentro el momento, el citroën no tiene la explosión de esos autos modernos, en realidad vos ya lo sabes, has sido mi acompañante en varias oportunidades necesito varios metros para poder pasarlo tranquilo. Cuando por fin logro abrirme y mientras lo supero puedo ver que el camionero va fumando y tararea alguna canción que lógicamente no puedo descifrar.

Dejo atrás el Scania 112, y vuelvo a imaginarte de regreso, mirando el cielo, apoyada contra la ventanilla, buscando explicaciones y tratando de contenerte para que tus lágrimas no sean anteriores a las de las nubes. Sin dudas tengo que arreglar el escape del auto como tantas veces me dijiste, no se escucha nada por momentos. Subo un poco el volumen de la radio, ahora hay música, reconozco algo de Sabina y tarareo por momentos el estribillo. Me parece que el de bigotes que acaba de pasarme en un Gol miró como tratando de suponer lo que pasaba en mi auto.

Por suerte, creo, no es tanta la distancia que nos separa, si hasta parece que viajaras conmigo; estarías cantando y feliz de que no esté algún relato de partido en el éter. Yo trato de recordar a qué hora llegabas, esto de ir a darte la sorpresa, que me veas ahí cuando te bajes, que por fin puedas llorar en mi hombro, o reír, o cantar, imagino que te va a gustar. Al costado de la ruta un auto azul, que creo es una cupe fuego, parada con las balizas prendidas y vapor que sale del capot. Un hombre mirando desde adelante tomándose levemente la cabeza, pasando sus manos por el poco pelo que le queda, deseando que nada de lo que ve este realmente ocurriendo, la mujer que lo acompaña parada al lado del auto, a la derecha con la puerta abierta y mirando a los que pasan como buscando ayuda. Imagino entonces que les quedara un buen rato más en ese lugar, “la espera interminable de esperar una grúa”, si es que el seguro que contrataron lo tiene, la esposa reclamándole una solución; él verá el motor, pero solo por mirar y ella se encerrará en el auto a fumar, enojada con el mundo, con la mecánica, y con él.

Me acaba de pasar un colectivo lleno de gente, cuantas historias van ahí arriba, cuántas vidas, cuantos destinos. Igual vuelvo a imaginarte en tu regreso, creo que es lo que más me gusta imaginar. Te visualizo escuchando algo de música en tu MP3, seguramente algo de Sabina, o volcada un poco al rock and roll que a mí me gusta, porque a esta altura ya me debes estar extrañando, y escuchar eso te haga sentir más cerca mío. Ya dejando atrás la ruta, entro en el pueblo por callejones de tierras y pocas luces, el caserío organizado como rompecabezas mal armado, calles que se cortan y no llevan a ningún lado, veo un chico jugando al borde de la acequia con un tractor de plástico verde y amarillo, su padre apenas unos metros atrás sobre el puente de entrada, lo mira. Ha caído completamente la noche, tengo la sensación de haber vivido esto, pero pienso que tal vez ya lo he imaginado.

Paro el auto en la pequeña Terminal que suelen tener esos poblados, donde los micros sólo entran a dejar pasajeros, donde ningún recorrido tiene como punto final ese lugar. Algunas pocas personas me miran, compro un agua en un pequeño local con una minúscula ventanilla, atendido por un hombre que pareciera vive ahí dentro. Enciendo un pucho y espero. Pienso que debería dejar de fumar, miro el cielo, el agua es inminente.

Hace tiempo que fuiste a despedir a alguien que ya no estaba, pero tenemos la puta costumbre de despedir a la gente cuando ya no está, imagino que lo necesitabas, que tal vez se necesita. Sigo sentado sobre una pequeña pared y juego con que el micro aparecerá por mi izquierda cuando termine el cigarrillo. Se me acerca un hombre todo de azul, a medida que se aproxima imagino que me viene a pedir fuego, ya cerca mío esboza una sonrisa a lo que respondo yo también con el movimiento facial. Me comenta que no siempre entran los colectivos al pueblo, que solo lo hacen si viene alguien que tenga ese destino. Le agradezco la aclaración y le señalo que ahí se acerca un ómnibus.

Se me acelera un poco el corazón, me pongo de pie y miro hacia el colectivo. Imagino que debes estar buscando tu bolso de mano, algo ansiosa por bajarte, porque de una vez por todas llegas, yo espero, haciéndome el distraído para que no me vayas a ver…El micro se detiene a unos 20 metros de donde estoy, se abre la puerta, desde acá escucho el ruido del aire que hacen cuando frenan, se baja una mujer mayor, con un tapado de piel, el chofer abre la bodega y le entrega una gran valija. Yo espero que aparezcas, tal vez estás dormida, comienzo a acercarme (ya no me importa si me ves), miro por las ventanillas, ya cerraron la bodega y el chofer sube, cierra la puerta, yo te sigo buscando, el coche arranca. Me quedo mirando un buen rato, quizás te despiertes y bajes, hasta que finalmente desaparece de mi vista.

Me subo al citroën, lo pongo en marcha, me pierdo en el caserío, entro a la ruta, me pasa un falcon blanco e imagino que los que van en él escuchan el noticiero de alguna AM en donde un periodista cuenta que el país no ha cambiado mucho. Prendo mi radio, detrás del ruido hay música, preferiría un partido de fútbol. En estos momentos no puedo imaginarte, tal vez mañana sí…cuando vaya a buscarte.


Datos del autor:

Juan Pablo Barrera es Licenciado en Comunicación Social y oriundo de Luján de Cuyo. El relato breve "Yendo" obtuvo mención especial en el 2013 y el 2014 en distintos concursos. En el 2007 Barrera publicó el libro "Denuncia penal y otros cuentos". En la actualidad cuenta con varios escritos para encarar su segundo libro. El año pasado trabajó en Radio Andina. 

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Comentarios
Juan pablo
01-04-16 11:17
en los datos han puesto mal el apellido después de 2007
Maria
01-04-16 10:58
Tan genio Juampi!!!
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